Tomado de: Samuel Abelardo Hidalgo Asencios

A dos semanas del estado emergencia, la cual ha sido ampliada a 13 días más por el gobierno peruano; y, si bien, todavía no se vislumbra una solución definitiva a esta pandemia originada por el virus, denominado, COVID-19, hay algunas enseñanzas que nos va dejando, como especie humana, en general y como sociedad peruana, en particular.

Lo primero que parece demostrarse, aunque, a estas alturas, parezca obvio, es claro que las fronteras que separan unos países de otros, se reducen a líneas imaginarias creadas por el hombre. Que el mundo cada vez más se hace uno solo, y que cualquier hecho que ocurra, por más pequeño que sea, en cualquier parte de éste, cual efecto mariposa, generará graves consecuencias en todo el orbe.

Lo segundo seria que en la sociedad peruana aún prevalece el espíritu individualista, que ha hecho a muchos peruanos desobedecer las medidas dictaminadas desde el ejecutivo, para enfrentar esta emergencia sanitaria. Todavía muchos se preocupan solamente en ellos y no en la colectividad en su conjunto; aunque, como varios decían, a ellos no les preocupaba la enfermedad, con sus acciones ponen en riesgo a muchas personas.

A pesar de que muchas voces y gobiernos se han empeñado en reducir el papel del Estado a su mínima expresión en sectores como la salud, la educación y otros, para dárselo al sistema privado, para los cuales no son más que meras mercancías. Ante ello, se ha visto que es el Estado, en última instancia, quien asume la responsabilidad de brindar seguridad para sus ciudadanos, para todos y sin distinción.

Es así que el sistema salud pública es quién sale al frente ante estas emergencias, y por ello urge dotarle de mayor presupuesto para mejorar la infraestructura, se cuente con una logística adecuada, con profesionales mejor pagados y que no estén bajo regímenes laborales inestables, los cuales ni siquiera les asegura un adecuado seguro medico para sus trabajos. De igual manera lo importante de la aseguración universal, para que, como se ha visto algunos países, no muera gente a la que se le negó de atención médica, únicamente, por no poseer un seguro médico.

Algo que han recomendado constantemente, los expertos, que la mejor forma de evitar el contagio es la prevención consistente, entre otras, en el frecuente lavado de manos y cara, con agua y jabón. Sin embargo, en el Perú, aproximadamente ocho millones de personas no cuentan con acceso al agua potable, lo que los convierte en población vulnerable de adquirir esta y otras enfermedades, sólo por no poder lavarse las manos.
En ese sentido, si hacemos una mirada a la provincia de Huari, con datos del Censo 2017, solo el 81% de las viviendas cuentan con Red pública dentro de la vivienda, y a nivel de Huari como distrito, es el 88% de las viviendas. Hay un 12% de viviendas donde se abastecen de otras formas, tales como: pileta pública, pozo o manantial, rio, etc.

El problema no es solo el acceso, sino también por cuanto tiempo cuenta con el agua en sus viviendas, es así que el 9% de ellas, lo hacen por menos de 10 horas diarias.

Por ello, es importante que los gobierno local priorice proyectos enfocados en mejorar la calidad de vida de las personas, como dotar del sistema de saneamiento a toda las viviendas; asegurando, por ejemplo, mayor almacenamiento de agua y mejorando el sistema de distribución de la misma. De igual manera se debería priorizar la construcción y/o implementación de postas, centros de salud, hospitales para una pronta y oportuna atención de los pacientes que recurran a ellas. Y, la sociedad civil o sus representantes exijan la ejecución de tales proyectos, mas no, como se mencionó semanas atrás, remodelaciones de parques que todavía se pueden postergar.