Fuente: Noticias SER

Minería y cultura de la muerte en el Perú: reflexiones a propósito de Los Funerales de Atahualpa, Volcán y los niños intoxicados. Gabriel Ramon. Arqueólogo e historiador. Profesor asociado del Departamento de Humanidades PUCP.

Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Notas para un debate

1. “Ya no queremos que fallezcan más niños. Queremos que salgan fuera de Perú para que los curen en otro lado. No queremos más muertos en Cerro de Pasco. El lunes tiene tratamiento mi hijo y ya me cansé que a mi niño le saquen sangre a cada rato y no haya una solución. No hay tratamiento especializado en Perú. A las madres les está dando parálisis facial. Es fundamental que haya trasplante de médula para los niños que están con leucemia.”, agregó Irma Estrella” madre de Jhan Mauricio Estrella”.

2. La compañía minera Volcán S.A.A. auspició (2010) la restauración del magnífico cuadro de Luis Montero Los Funerales de Atahualpa (1865-1867), una de las pinturas claves del arte republicano peruano. Esa misma compañía es la que ha venido contaminando, desde hace dos décadas a los niños de Cerro de Pasco con su desregulada explotación de minerales. Ya en 2009 minera Volcán tenía una denuncia ante el Tribunal Internacional de Justicia Climática, es decir no se trataba, ni siquiera entonces, de una entidad limpia.

3. Algunos dirán que sería peor que los “contamineros” ni siquiera apoyaran la cultura. Que deberíamos estar agradecidos de su aporte, que peor es nada. Pues bien, eso nos deja un corolario evidente: ¿deberíamos permitir a los narcotraficantes “apoyar la cultura”? ¿Por qué Volcán es mejor auspiciador que Barrio King?

4. Este debate no debería excluir al Estado que ha abandonado sistemáticamente a las familias de Cerro de Pasco y ha permitido las irregularidades de Volcán. El caso de Volcán es tan solo un ejemplo, pero es relevante ya que sintetiza un problema mayor.

5. Entre las tendencias historiográficas actuales sobre el estudio de los objetos, y en particular las obras de arte destaca la necesidad de estudiar su biografía completa, es decir desde su concepción/producción hasta su descarte y post-vida. Se trata, básicamente, de no dejar de lado ningún aspecto de su biografía para explicarla mejor. ¿Cómo abordar las restauraciones? ¿Cómo leer este proceso por el cual una empresa acaba impregnando su nombre en una obra emblemática (como Los Funerales de Atahualpa)? ¿Más aún si se trata de una empresa que ha malogrado la vida de tantas familias? El asunto nos remite al viejo problema ético/artístico de la relación entre autor y obra, pero añadiendo nuevas capas: es un tema  importante y urgente.

6. Esta desgracia nos permite repensar también otros debates: ¿en realidad conviene implementar aquello de “cultura por impuestos” en este escenario?  Imagínense que Volcán sigue apoyando el arte, es decir que una empresa con un record como el descrito sigue imprimiendo su sombra fúnebre en obras emblemáticas peruanas y además se libra de impuestos. En una época en que los museos del mundo se quieren “descolonializar”, esto sería una tremenda marcha atrás. Además de aplicar medidas concretas de descolonización de las artes, lo que debe hacer el Estado peruano es controlar bien los tributos de las grandes empresas y destinar una partida decente para la cultura, no mendigar.

7. En términos prácticos e inmediatos, las instituciones de arte peruanas deben tener criterios más estrictos para seleccionar a sus auspiciadores. Entonces, no pueden tener personas evidentemente corruptas como los dueños de Graña y Montero en sus directorios, de otro modo seguirá sucediendo lo mismo. Como todos sabemos, el escándalo es tan grande que la empresa implicada ha decidido borrar sus apellidos emblemáticos.

8. No se que les pasará a ustedes como visitantes de museos, pero yo, cada vez que vuelva a mirar Los Funerales de Atahualpa no podré dejar de pensar en todos los niños contaminados por Volcán, en el hijo de Irma Estrella, y en las familias que heroicamente protestan frente al MINSA. Más aún, ahora que vea la exposición de quipus en el MALI no voy a dejar de pensar en la contaminación provocada por minera Bateas, compañía de Fortuna Silver Mines Inc en México y Perú. Cobrará renovada vigencia aquello de: “No hay documento de cultura que no lo sea, al tiempo, de barbarie” (Walter Benjamin).

9. En este espinoso escenario ¿de qué sirve la academia en el Perú? ¿Es un espacio de inteligencia crítica? ¿Si quienes escribimos sobre el pasado ignoramos estos problemas (por flojera, por miedo, por que no los consideramos relevantes, etc.), cómo estaremos escribiendo sobre ese pasado? ¿No estaremos dejando de lado precisamente aquello que mejor explica el pasado pero es ocultado por las consecuencias actuales que revelarlo tiene?

9.1. Por todo lo anterior, una vieja novela como En Octubre no hay milagros de Oswaldo Reynoso pese a no haber alcanzado la perfección técnica que algunos críticos le exigen, sigue siendo tan necesaria: porque conecta mundos que para algunos están artificialmente separados. Nos habla de extremos que se explican.

Necesitamos una historia conectada y crítica, pero en serio. Necesitamos museos (estatales y privados) que asuman ese compromiso. De otro modo, en nombre de la cultura, seguiremos aplaudiendo muestras financiadas con sangre contaminada.

 

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