Fuente:  Ideele Revista Nº 290


Crédito: La República

Antes de hacer cualquier análisis de las últimas elecciones, hay que señalar que estas han sido atípicas. Hemos votado por congresistas pero no por presidente. Lo cual quiere decir que no ha habido la figura de un líder que atraiga votos para los congresistas de un partido.

En Psicología de las masas Sigmund Freud se preguntaba si podían existir lazos sociales sin la figura del líder. Décadas después, el psicoanalista Jacques Lacan respondería que sí (para él existían también lazos sociales histéricos, universitarios, analíticos y capitalistas). Por su parte, la antropología y la historia han dado cuenta de otras comunidades más horizontales. Y actualmente, en la política, los movimientos sociales del siglo XXI (las revueltas árabes, los indignados de España, los Ocupa en Europa y EEUU y la marcha histórica en Chile) rechazan abiertamente a las figuras de liderazgo. Pero no quiero detenerme en eso. Quiero explicar más bien que si Freud se inclinaba a pensar que toda colectividad necesita un líder, es porque asumía que esta se desarrollaba “orgánicamente” de la experiencia familiar. Es decir que al igual que de niños nos identificamos con el padre y aceptamos su ley para pertenecer a la familia, de adultos nos identificamos con el líder para convertirnos en miembros de una colectividad social o política.

Volviendo a las elecciones, podría decirse que hemos votado por padres de la patria pero no por un Padre. Sí, es cierto que el líder ha estado en el trasfondo (no se puede decir que Alberto Fujimori no estuviera de algún modo detrás del voto del fujimorismo). Pero también lo es que en estas elecciones el líder ha estado menos presente que otras veces y que, por tanto, hemos votado menos encasillados por el modelo básico de lazo social (el que se remite al padre y a la familia) señalado por Freud. Por eso mismo los resultados del 2020 no tienen que ser los mismos que cuando en el 2021 volvamos a votar más claramente dentro de una lógica edípica. Con esto no quiero decir que los electores votan siempre enfocándose en el padre-líder pero sí que esta figura tiende a imponer un marco a la elección.

Así, sería demasiado apresurado concluir que el electorado de izquierda ha premiado la conducta principista del Frente Amplio y condenado las malas alianzas políticas del grupo de Verónica Mendoza. Una cosa es que JP saque menos del 5% sin Mendoza haciendo campaña para presidente, y otra cosa es lo que esta u otra asociación sacaría el año 2021 con ella al frente. Y también sería demasiado apresurado argüir que el electorado ha castigado la conducta obstruccionista del fujimorismo. Si el 2021 Kenji se posiciona como candidato presidencial, no debería sorprendernos demasiado que Fuerza Popular duplique su votación. A lo que voy es que la elección el 2021 puede darnos resultados que nos obliguen a modificar muchas de nuestras conclusiones del 2020.

Cuatro ideas para la izquierda 

Con todo, quiero plantear cuatro ideas sobre la izquierda a partir de esta elección. La primera es que la nula representación parlamentaria de JP, no debe necesariamente llevarnos a concluir que la separación entre los grupos de Arana y Mendoza ha sido un grave error. Es un hecho que la desunión de estos grupos produjo una reducción de la representación parlamentaria de izquierda, pero no tengo mucho interés en alimentar la nostalgia de la Izquierda Unida. Sin embargo, es importante remarcar que ambos grupos no pueden simplemente voltearse la cara y actuar por separado. En ciertos temas precisos ellos deberían poder actuar “juntos pero no revueltos”. Si las fuerzas de izquierda no pueden formar una gran coalición, y cada una sabe que no obtendrá una gran votación por su cuenta, al menos tendrían que poder luchar juntas para reducir el porcentaje de votos necesario para obtener curules en el congreso. Después de todo, ¿no debería ser una lucha de la izquierda democrática la democratización de la representación parlamentaría?

Esta lucha democratizadora podría resolver el tema de la representación congresal, mas no, por supuesto, el tema del Ejecutivo. La desunión de los grupos de Arana y Mendoza puede condenarlos a no ocupar la presidencia y los ministerios. Pero quizás haya que desproblematizar este asunto en el futuro inmediato. Tan importante como ganar las elecciones presidenciales es cómo se gana y cuándo se gana. Y más importante que ganar el próximo año es responder mejor a las demandas populares, además de ir forjando una mejor idea sobre qué se quiere hacer con el Ejecutivo y qué realmente se puede hacer con él.

La izquierda no ha perdido ni votos ni representación. Lo que ha sucedido es que el “electorado de izquierda” optó por otros personajes, partidos o propuestas que, de algún modo, consideraron de izquierda. Sería más preciso argüir que la izquierda de Arana y Mendoza ha perdido votos frente a otros elementos de izquierda.

La segunda idea es que, a pesar de lo expresado arriba, la izquierda no ha perdido ni votos ni representación. Lo que ha sucedido es que el “electorado de izquierda” optó por otros personajes, partidos o propuestas que, de algún modo, consideraron de izquierda. Sería más preciso argüir que la izquierda de Arana y Mendoza ha perdido votos frente a otros elementos de izquierda. Entonces, si la izquierda Arana-Mendoza quiere mejorar su performance electoral, tendría que analizar qué aspiraciones populares han sabido capitalizar el FREPAP, Podemos Perú y UPP. Por ejemplo, un tema importante en las ciudades es la inseguridad ciudadana y la izquierda Arana-Mendoza no parece tener un plan concreto para hacerle frente. ¿Sorprende que un Daniel Urresti (con su reputación de fuerte y deslenguado hombre popular) haya sabido capturar un gran número de votos en Lima?

Sin embargo, la tarea de arrebatarle votos al FREPAP, Podemos y UPP no será fácil. Pues, para algunos grupos de población, el atractivo de estos partidos va de la mano con un aliento “conservador”. Así, FREPAP y UPP están en contra del enfoque de género, Podemos y UPP apuestan por la mano dura para la luchar contra la delincuencia y la corrupción y UPP contempla la expulsión de los venezolanos. De hecho, las tres demandas que se escuchan en los pueblos a lo largo del país son la restauración de la pena de muerte, el rechazo a la “ideología de género” y detener o revertir la inmigración. Y la pregunta es ¿cómo podría una izquierda “progresista” en lo social atraer a grupos sociales que si bien pueden ser de izquierda en lo económico, son socialmente “conservadores”?

Si pongo progresista y conservador entre comillas es porque los grupos sociales a los que estos términos representan no se dejan representar tan bien. No se puede llamar progresista a un feminismo que no saber criticar sus propios prejuicios urbanos y occidentales a la hora de defender los derechos de la mujer en las comunidades andinas. Y no se puede llamar simplemente conservadoras a algunas comunidades andinas que están desarrollando una nueva consciencia ecológica. Toda izquierda “progresista” en lo social necesita adoptar estrategias que funcionen como una calle de doble sentido: pedagogía con astucia (mucha astucia) y una descolonización de la propia posición “progresista”.

La tercera idea es que la izquierda “progresista” en lo económico y lo social no solo compite con la izquierda “progresista” en lo económico pero “conservadora” en lo social sino con una posición en la cual el Partido Morado se ha ido afianzando: la posición de “conservador” (o neoliberal) en lo económico y “progresista” en lo social. En otras palabras: existe un votante joven urbano que apuesta o se conforma con la continuidad del modelo pero no comulga con el conservadurismo social de partidos como Fuerza Popular. Hay votantes que no están enemistados con el capitalismo pero tampoco con el feminismo o el enfoque de género. Y por ello, a la hora de votar, prefieren hacerlo por el Partido Morado en vez arriesgarse con los partidos de izquierda.

Esto, hay que decirlo, es un problema estructural: el Partido Morado cumple un rol hasta cierto punto necesario en la sociedad. Un affaire de Julio Guzmán no se va a tirar abajo al partido. No obstante, hay también una franja limítrofe de individuos que se encuentran un poco más descontentos con el capitalismo y que podrían votar por la izquierda,pero finalmente lo hacen por el Partido Morado.Se necesita entonces un fuerte trabajo de propuestas, imagen y campaña para disputarle a este partido el zeitgeist del “progresismo” urbano.

Finalmente, la izquierda “progresista” debe aprender del FREPAP. No me refiero solo a la disciplina con la cual este ha trabajado durante la campaña. Me refiero a que el FREPAP tiene una buena fórmula para hacer política. Como se sabe, este partido es el brazo político de la AEMINPU (Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal). No todos los votantes del FREPAP pertenecen a la AEMINPU. Pero digamos que el AEMINPU es una solida organización social en expansión que ha servido de soporte al movimiento político. Aunque en realidad la verdad es lo inverso: el FREPAP es una sólida organización política que sirve de soporte a la expansión de la organización social-religiosa AEMINPU. En cualquier caso, mi intención es señalar que la izquierda debe tener organizaciones sociales que funcionen en tándem con la organización política.

No quiero decir con esto que la izquierda carezca de relaciones con organizaciones populares. El Frente Amplio, por ejemplo, tiene vínculos de larga data con ronderos y pequeños campesinos que son la base de su lucha contra el neoliberalismo extractivista. Pero, además de eso, se necesita que las agrupaciones de izquierda se involucren más en la formación de comunidades que se rijan por los principios igualitarios del socialismo. No basta con políticos de izquierda que cuestionan el modelo extractivista-exportador. Se necesita también de emprendedores de izquierda que administren el modelo que lo reemplazará. Y esto no solo para demostrar que Otro Mundo es posible, sino porque las comunidades socialistas producen subjetividades convencidas de que la superación del capitalismo no es una quimera. Hoy más que nunca se necesita (como dirían Hardt y Negri) emprendedores del común. De más está decir que esto último no se logrará para el 2021.

Como siempre, los grandes problemas y sus soluciones escapan al inmediatismo electoral.

Acceda a la fuente original aquí