Fuente: RT TV

Fukushima: hogar… ¿dulce hogar?

El tsunami que arrasó la central nuclear japonesa y el posterior desastre dejaron huellas que tardarán décadas en borrarse. Ahora los vecinos de la zona tienen la posibilidad de regresar a vivir allí gracias a las labores de descontaminación. Mientras, otros pueden entrar a las áreas restringidas para visitar sus antiguas viviendas y ver si recuperan algo. Sus vidas no volverán a ser iguales, pero algunos han decidido que quieren acabar sus días lo más cerca posible del lugar donde nacieron.

Las labores de descontaminación de la zona afectada por el desastre nuclear que sacudió Fukushima en marzo de 2011 han abierto, para algunas de las personas que fueron evacuadas entonces, la posibilidad de regresar. Sin embargo, no se trata de una decisión fácil: por una parte, algunos ya han rehecho su vida relativamente lejos de allí, y por otra, el área afectada aún no es, ni mucho menos, un lugar acogedor para vivir.

La recuperación de la prefectura de Fukushima es, en cualquier caso, parcial. Aún existe un sector de acceso completamente restringido, conocido coloquialmente como ‘La zona’, en la que los niveles de radiación son incompatibles con la vida humana.

Planes de futuro

Yoko Matsumoto regentaba una guardería en Fukushima. Ahora regresa a su casa y comprueba que, tras un largo periodo de abandono, está en condiciones muy precarias. De momento, no parece muy decidida a reinstalarse.

Su máxima preocupación son las nuevas generaciones: “Pienso en los niños. Dejemos que los adultos hagan lo que les dé la gana”, reflexiona esta antigua vecina de la zona, explicando que “los que tienen 60 o 70 años ya no tienen miedo a la radiación”, porque “sus consecuencias empiezan a manifestarse al cabo de 30 años, y ellos ya estarán muertos para entonces, así que para ellos no supone un problema”. “Pero ¿cómo le vas a decir que viva aquí a una mujer embarazada que está a punto de tener un hijo? ¿Vendrán mis nietos a visitarme, acaso?”, añade.

Otro vecino evacuado, Noritsune Okada, sí está convencido y feliz de volver: “El año que viene lo venderemos todo y nos mudaremos aquí“. Explica que ese es su plan, pero admite que todavía hay “mucho que hacer para lograrlo”. No obstante, se muestra optimista: “Espero que podamos pasar el resto de nuestras vidas aquí”.

Acelerar la descontaminación y el regreso

Desde el accidente, el proceso de descontaminación se ha
llevado a cabo de forma continua durante los últimos nueve años. Eso ha doblado la velocidad del descenso de los niveles de radiación: “Según nuestros cálculos, hemos reducido el nivel de radiactividad hasta el que se habría alcanzado de forma natural en 18 años“, asegura Takafumi Matsuda, funcionario del Ministerio de Medio Ambiente de Japón.

Matsuda también reconoce que “el nivel de radiación aceptable se elevó oficialmente de 1 a 20 milisiéverts”. “Antes el máximo no podía superar 1 milisiévert”, recalca el funcionario, admitiendo que “probablemente se cambió el nivel aceptable de 1 a 20 para poder traer de vuelta a los residentes”.

En la misma línea, el experto en medioambiente Koji Itonaga, de la Universidad de Nihon, asegura que “en Japón se intenta no abandonar las aldeas y áreas residenciales a toda costa”, por lo que “la política estatal se basa en la idea de acelerar el
regreso de los residentes a estos lugares”.

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