Fuente: Diario UNO

Detenidos alumnos estudiantes de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos UNMSM

Foto: Diario UNO

Luego de la ola neoliberal impuesta durante la dictadura del ingeniero Alberto Fujimori, las relaciones entre Universidad y Estado han entrado en una fuerte crisis. El Fujimorato impuso una economía de mercado que supuestamente se auto regula y con ello, regula a la sociedad. El hombre encontraría en el mercado la libertad. El sueño que el mercado nos hará ciudadanos libres fue vendido en todas partes y para ello, era necesario que la Universidad forme parte de este mercado. Así, la educación se convirtió en mercancía. La Universidad en negocio. Ya en 1995, Aníbal Quijano señaló que:

“El fujimorismo, dirigiendo un régimen autoritario al servicio de una contrarrevolución del capital y después de haber desmantelado y cambiado las instituciones de la economía y del estado, eliminado prácticamente los servicios públicos financiados por el Estado, ahora se lanza sobre la educación y en la universidad, para adecuarlas a las necesidades de esta contrarrevolución”.

Esta tendencia de convertir la Universidad en un servicio se ha mantenido durante la primera década del siglo XXI y por el actual gobierno de Martín Vizcarra Cornejo, quien de esa forma mantiene el pensamiento del libre mercado como factor de desarrollo. Pensamiento, que dicho sea de paso, ha fracasado históricamente en todos lados e, incluso, es rechazado por las llamados “países desarrollados” porque es el principal factor de la crisis mundial que sufre actualmente la humanidad. Ya en 1958 el economista norteamericano John Galbraith señaló que:

“La línea que en Estados Unidos divide la zona de la riqueza de la zona de la pobreza es, a grandes rasgos, la que separa los bienes y servicios producidos y comercializados por el sector privado de los servicios prestados por el sector público”.

De tal forma que, la llamada línea de la pobreza, es en realidad la capacidad del ciudadano de poder satisfacer sus necesidades ya sea en el sector privado o en el sector público pero, si el Estado dejase de prestar “servicios” para garantizar los derechos ciudadanos, esta línea de la pobreza se encontraría muy por encima de donde actualmente se encuentra en la pirámide social. Así que, el Estado debe mantener la prestación de estos “servicios” sino, la crisis sería más grave e imposible de superar, como lo es la crisis económica actual. Sólo los ideologizados, dogmaticos, sectarios y radicales ultraneoliberales sostienen que el Estado debe desaparecer porque “sólo el libre mercado” garantiza la libertad extrema. Para estos defensores de ideas del mundo etéreo la realidad social no cuenta, sólo sus pensamientos.

Por ello, el Estado debe garantizar que la Universidad –o por lo menos la Universidad Nacional- siga siendo pública, donde el estudiante goce del derecho a una educación de alto nivel académico, el cual le sirva para su posterior desempeño profesional. Además, los servicios académicos como las bibliotecas y los laboratorios deben estar debidamente implementados, con la finalidad que el estudiante encuentre en ellos lo suficiente para la elaboración de sus trabajos de investigación y sus prácticas profesionales.

Esto es así porque, la gran mayoría de estudiantes de las universidades públicas del país, provienen de familias que no cuentan con los medios suficientes para solventar los gastos de las universidades particulares. Aunque, existen quienes sostienen que en las universidades públicas también asisten jóvenes de familias con capacidad económica, olvidando que al ser pública la Universidad, quien tenga el deseo y la capacidad intelectual de asistir a las mismas, lo puede hacer con absoluta libertad.

Es decir, no se trata de mantener “universidades para ricos y universidades para pobres” sino que, el Estado tenga un rol de garante de la Universidad pública, sin que importe quién o quienes gozan de ese beneficio. El Estado no es una empresa. El Estado administra los bienes comunes y los pone al servicio de la comunidad en general. Pero, el Estado también debe garantizar que la Universidad pública sea dirigida y administrada por los más capaces, elegidos por el voto directo y universal de los alumnos, ya que la Universidad pública no se debe convertir en un botín de un partido político y de un grupo de gente.

Es el mismo Luis Alberto Sánchez quien indicó que uno de los factores que determinaron el movimiento estudiantil que terminaría en la Reforma Universitaria de 1919 fue que “la universidad, salvo raras excepciones, obedecía a las órdenes de un clan, el civilista, y más aún, de dos o tres familias”.

Los hechos históricos no se repiten. La Universidad pública no debe ser el coto de caza de una minoría porque es propiedad de la sociedad en su conjunto. En una hermosa carta fechada en Roma el 8 de octubre de 1913 y dirigida a su madre, Abraham Valdelomar anota que:

“Yo gozo de la más perfecta salud, trabajo constantemente y estoy haciendo los trámites para la matrícula de la Universidad que será hoy, seguramente. Sólo son cuatro años para ser abogado. Aquí están los profesores más famosos del mundo y el célebre Enrique Ferri, que será mi profesor desde este año y que seguramente me concederá el favor inestimable de que vaya a practicar en su estudio. Esto sería para mí la gloria, porque imagínate que éste es uno de los hombres más célebres de Europa y de gran reputación en América. Si no tuviera el firme propósito de terminar mi carrera, Dios mediante, no te diría estas cosas ni te haría concebir esperanzas en vano”.

Universidad Nacional Mayor de San Marcos UNMSM

La Universidad como sinónimo de esperanza. Y, la esperanza como derecho de un pueblo. Nada ni nadie se la debe quitar.

A inicios del siglo XX, las llamadas clases medias limeñas y provincianas iniciaron su ingreso a la universidad, dejando esta de ser exclusivamente para una minoría, posteriormente, a mediados del siglo XX, las clases populares logran ingresar a la Universidad y con ello, la sociedad peruana sufrió una mayor movilidad social. A inicios del siglo XXI, la Universidad peruana presenta muchos problemas en su manejo administrativo pero, es también una opción para que los jóvenes puedan seguir estudios superiores, a pesar de las situaciones, la Universidad peruana en su conjunto sigue siendo el mayor vehículo de movilidad social. Es quizás que por eso que aun goza de mucha vigencia la pregunta que se hiciera en 1970 el filósofo e ingeniero español Salvador Pániker: “Tienen razón quienes afirman que el futuro de un país depende de la reforma educativa. Pero, a continuación, hay que pregunta de qué depende la reforma educativa”.

Entonces, debemos agregar que quienes buscan actualmente realizar reformas a la Ley Universitaria, lo pueden hacer pensando quizás en: a) Eliminar el derecho a la educación y convertirla en un mero servicio; b) Lograr que el manejo administrativo de la Universidad lo controle una minoría y que no rinda cuentas a nadie de sus actos; c) Lo contrario, democratizar realmente el manejo administrativo de la Universidad con la participación directa y permanente de los alumnos, el motivo principal de la Universidad; d) Convertir la Universidad en un privilegio de minoría y así regresar a la Universidad del siglo XIX; e) Simplemente no saben qué hacer con la Universidad, pero plantean una reforma con la intención de justificar su permanencia y sus sueldos.

Aunque este debate sobre qué hacer con nuestras universidades ya es aprovechado por quienes pretender eliminar cualquier vestigio de Democracia en las universidades. Así, Raúl-Estuardo Cornejo escribe que:

“El modelo de gobierno de la Universidad latinoamericana –cogobierno- formará parte de las arcaicas curiosidades del siglo XX. A despecho de todo esto, habrá grandes y excelentes Universidades, acaso mega-Universidades, sostenidas como ya se ha dicho por empresas o Universidades fusionadas. También pequeñas, elitistas, pero eficientes. Esto desde una perspectiva mundial en cuanto a los países desarrollados. En los continentes pobres también habrá mega-Universidades gratuitas, sostenidas por Estados pobres, donde, salvo las excepciones de toda regla, seguirán siendo académicamente medianas. Sin embargo, en el nuevo milenio, la información y el conocimiento, gracias a la ciencia y a la tecnología, crecerán fantásticamente”.

Cornejo demuestra rápidamente su antipatía personal contra el cogobierno universitario, algo así como que le molesta que existan estudiantes fiscalizando la labor de los rectores; además, profetiza en forma apocalíptica contra la Universidad pública sostenida por los “Estados pobres” ya que, en su mayoría fracasarán y sólo “las excepciones a la regla” tendrán un desempeño mediano –por no decir mediocre- aunque, eso no debe preocupar ya que las “mega-Universidades” (¿de dónde?) harán efectiva la distribución mundial de conocimientos científicos gracias al crecimiento de la tecnología comunicativa. Un panorama bastante sombrío donde el “Estado pobre” y el cogobierno son dos factores importantes para entender “el fracaso” de la Universidad latinoamericana y, principalmente, de la peruana. Esta propuesta no es tan científica y si es netamente ideológica.

Por otro parte, junto al debate sobre Qué hacer con la Universidad peruana de inicios del siglo XXI, también han surgido algunos planteamientos muy interesantes. Así, el de Universidad Innovadora es quizás el más vilipendiado por la mayoría de los “teóricos”. Lo han querido reducir simplemente a una gestión “empresarial de la Universidad” pero, Arturo Velázquez Jiménez indica que:

“El concepto de Universidad Innovadora implica que ésta es una institución cuyos servicios estén definidos por el valor social y, por qué no decirlo, también económico, de los conocimientos que produce y distribuye, acorde y en armonía con la misión y perfil propios de la institución de que se trate, renovando y redefiniendo los lazos y los vínculos que establece con la sociedad en la que se inserta”.

Para nuestro autor, primero es el valor social y el valor económico es un acompañante indesligable de una realidad social que debe enfrentar la Universidad al momento de producir conocimientos válidos para la sociedad donde se encuentra. La Universidad como institución científica jamás debe alejarse de la realidad social que le rodea, de hacerlo, corre el riesgo de convertirse en una “fábrica” productora de profesionales, individuos con un título profesional bajo el brazo, con muchos conocimientos teóricos, pero sin capacidad de comprender e interpretar los problemas más urgentes –y los otros también- de la sociedad a la cual pertenece.

Acceda a la fuente original aquí