Fuente: La República

Una recomendación de Ricardo Huanes

“A contracorriente, el Estado abdicó de su responsabilidad y dejó que los intereses privados lo reemplazaran”.

Los valores que definen la idea de universidad se han trastocado en el país. La educación comprometida con la búsqueda de la verdad y la crítica para enfrentar el oscurantismo, con rigor para producir conocimiento, como herramienta para ejercer las libertades y generar el cambio social, es una moneda escasa. Y esto ha sido inevitable. Se han abierto paso las grandes “universidades” con fines de lucro, esas que han generado fortunas y poder político a sus propietarios; incluso han hecho su aparición otras empresas más pequeñas, con lógicas semejantes, para aprovecharse de la necesidad social que la educación implica y mejorar sus propios patrimonios. Lo demás, el impacto de lo que hacen o cómo lo hacen, no tiene un valor destacable en este escenario.

A contracorriente, el Estado abdicó de su responsabilidad y dejó que los intereses privados lo reemplazaran. Al principio, la justificación apeló a una idea acrítica del liberalismo y el mercado. En el primer caso, para exaltar la libertad de empresa como categoría absoluta, casi metafísica; en el segundo, como remedio mágico para todo, reflejaba esta línea de pensamiento, próxima al fanatismo, de aquellos que se llamaban a sí mismos “liberales”.

Al revés, una perspectiva genuinamente liberal, reconoce la educación como un valor de la democracia constitucional para el ejercicio de las libertades y derechos fundamentales, y como fundamento de las prácticas institucionales. Por ello, la libertad de empresa no es un argumento válido en este contexto. Tampoco es liberal la defensa del mercado sino como instrumento para mejorar la democracia. El mercado no es un fin en sí mismo, por lo tanto, debe ser corregido cuando no sirva para cumplir los fines que justifican su existencia. Nada de liberal tiene la idea de convertir a la educación en un factor para enriquecerse. Por el contrario, esa es una visión propia del “estado de naturaleza”.

Con la SUNEDU se busca remontar el abandono estatal que ha contribuido a la crisis en la universidad.  Y pasar de las promesas a la realidad es necesario para que no se normalicen los males. El fortalecimiento de la SUNEDU debe verse en todo el sistema universitario para producir su transformación estructural. Esta es la exigencia que se reclama de la acción política, por el valor de la educación en una democracia constitucional.

 

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