Fuente: Noticias SER

La subordinación de Torre Tagle a Washington.
Autor: Ricardo Soberón, abogado peruano, M.A. en Relaciones Internacionales, Universidad de Bradford.


Foto: Canal N

Dos hechos ocurridos recientemente, en el plano internacional y que involucran directamente a la diplomacia peruana, pueden alterar significativamente la débil estabilidad regional, en beneficio de un Gobierno como el de Donald Trump, que viene atravesando sus propios problemas debido al impeachment que enfrenta por su intervención político diplomática en Ucrania.

Una fotografía mayor del continente, muestra un escenario harto convulsionado y cambiante, donde es evidente la injerencia norteamericana en los escenarios nacionales, que de por sí sufren las consecuencias de una crisis social poco manejable. Además, se evidencia el grave estado de vulnerabilidad de las estructuras y mecanismos colectivos y multilaterales, salvo los estrictamente comerciales o una OEA dominada por la predominancia norteamericana que apoya la reelección de Luis Almagro como Secretario General (en el cargo desde el 2015), frente a las candidaturas del peruano Hugo de Zela y a la ecuatoriana María Fernanda Espinoza.

Desde el mantenimiento de medidas unilaterales sancionatorias hacia los gobiernos de Venezuela y Cuba, las diferencias con AMLO en México, seguidos de la intempestiva salida de Evo Morales de Palacio Quemado, hasta el recambio presidencial en el Uruguay del Frente Amplio y la Argentina macrista por administraciones totalmente opuestas, se trata de hechos que confirman la periódica oscilación entre progresismos y neoliberalismos en América del Sur. En el caso peruano, es interesante evaluar los roles que juega Torre Tagle, en la conducción del Grupo de Lima, en la negativa a autorizar el aterrizaje del avión que llevaba a Evo Morales con destino a México, o en la ausencia del Canciller Meza Cuadra en el cambio de mando en Argentina.

Tales hechos no son aislados, sino que se producen en circunstancias que desde hace algunos años el Perú sufre una dependencia política de Washington a partir de diversos asuntos: la lucha antidrogas basada en la erradicación/interdicción, la aplicación desproporcionada y desbalanceada del TLC, la cooperación policial-militar subordinada a los ejercicios y visitas periódicas de unidades navales y grupos de militares norteamericanos, entre las más importantes. Es bajo ese marco que deben analizarse tales hechos.

En primer lugar, la irregular detención y deportación de Juan Cuvi un ciudadano ecuatoriano coordinador de Montecristi Vive, hecho ocurrido el 11 de diciembre en el aeropuerto de Lima, a instancias de la influencia de la Casa Blanca, que atenta contra todos los estándares de protección de las personas extranjeras que tienen dificultades por cuestiones migratorias y que corren el riesgo de ser objeto de persecución apenas llegan a su país, como parece ser la situación debido a la delicada situación que vive la oposición política en Ecuador. Se trata de una muestra del proceso de cooperación de EE.UU con países de la región satélites, en el marco de la securitizaciòn y militarización de la seguridad pública.

En segundo lugar, la reciente suscripción de un acuerdo bilateral entre Perú y EE.UU en el marco del Programa “América Crece” (2018), para contener la presencia, influencia de las inversiones chinas en la región a partir de la iniciativa denominada “La Franja y la Ruta”. Esta iniciativa rompe con la mayor tradición de equidistancia y no alineamiento de la diplomacia peruana, posicionándola con mayor evidencia en un lado de la balanza geopolítica hemisférica.

Como vemos la subordinación de Torre Tagle a los intereses de Washington van en aumento, y nada nos hace pensar que se vaya a producir un cambio, lo cual no es nada bueno para nuestro país.

 

Acceda a la versión original aquí