Fuente: Conversación con la Historia

Una recomendación de Luis Miguel Glave

Bolivia, de plurinacional a “cívica”. Por Bartolomé Clavero

En memoria de Idón Chivi

Quiero ante todo exponer mis credenciales para opinar sobre la situación actual de Bolivia, pues de una opinión entre tantas tan solo se trata. Me considero un privilegiado como observador europeo del proceso de transformación a mejor que este país ha atravesado durante los años que llevamos del presente milenio. Lo he visitado regularmente, con una cadencia como mínimo anual, entre mediados de la década de los noventa del siglo pasado hasta el año 2011. Me falta un conocimiento directo en los últimos ocho años, lo que tengo en cuenta para emitir mi opinión con las debidas reservas. Responde a mi experiencia personal y a la información de la que dispongo. Vayan así en primer lugar mis credenciales, las cuales además espero que sirvan para ponernos en unos antecedentes precisos para sopesar la actualidad.

En unos primeros tiempos acudí a Bolivia como profesor para impartir clases sobre derecho internacional de los pueblos indígenas en la Universidad de la Cordillera con un horario vespertino a fin de que pudiera asistir personal del funcionariado. Luego, iniciado con fuerza el proceso de cambio desde mediados de la década de los dos mil, mis anfitriones fueron usualmente del área gubernamental, a veces directamente del Gobierno, más en concreto de la Representación Presidencial para la Asamblea Constituyente. Puede obtenerse noticia de mi modesta contribución a la misma en el libro testimonial de Salvador Schavelzon, El nacimiento del Estado Plurinacional de Bolivia. Etnografía de una Asamblea Constituyente (2012; se tiene gratis en línea). Esta Asamblea fue la experiencia más democrática nunca vivida en las Américas. Produjo la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia. Es plurinacional gracias a la concurrencia por fin constitucionalmente reconocida de las naciones indígenas.

Bolivia promueve la inclusión de representantes indígenas en Naciones Unidas. Sputnik

A finales de la década de los años dos mil, por ser miembro del Foro Permanente para las Cuestiones Indígenas de las Naciones Unidas, también visité el país formando parte de una misión de las mismas para indagar sobre las condiciones prácticas de esclavitud de enteras comunidades en grandes latifundios del oriente boliviano. Son años en los que también trabajé con la Misión del Estado Plurinacional de Bolivia ante Naciones Unidas en el empeño de ampliación del reconocimiento de derechos humanos por alguno tan básico como el derecho al agua y al saneamiento. Otros viajes los organizaron ONGs, principalmente el CEJIS, el Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social. En mis tiempos de buenas relaciones con el Gobierno boliviano también di clases en la Escuela Diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Cultos, así como alguna conferencia en la Vicepresidencia del Estado Plurinacional.

Con el impulso internacional boliviano y con la inspiración de fondo de la Constitución del Estado Plurinacional, que procedía resueltamente a una tal ampliación de derechos, eran tiempos apasionantes. Tras mi trabajo en Naciones Unidas, me comprometí en seguir acudiendo anualmente a Bolivia ahora para dar clases en las Escuelas Judicial y Fiscal de Sucre, Chuquisaca, la capital constitucional (La Paz es la capital política). Duró poco. La Vicepresidencia del Estado Plurinacional había retirado la financiación. Ahí se acabó una luna de miel. ¿Qué ocurría? El vicepresidente boliviano se había ocupado incluso personalmente de otros viajes. El presidente, Evo Morales, había mostrado su apoyo directo al grupo de Naciones Unidos que habíamos realizado la visita referida. ¿Cómo es que ahora unos cooperantes, en plural pues no fui el único, caen en desgracia?

El apoyo gubernamental había sido incondicional respecto al objetivo de la misión de Naciones Unidas. Y no podía ser menos. El mismo empeño figura en la propia Constitución de Bolivia, la de 2009 que sigue, al menos en teoría, todavía vigente. Incorpora el derecho internacional de los derechos de los pueblos indígenas. Y no se queda en declaraciones generales. Expresamente se propone la descolonización mediante el reconocimiento de tales derechos de los pueblos indígenas en términos no sólo remisivos, sino también con compromisos muy concretos como, entre otros muchos, los de una reconducción comunitaria de la reforma agraria para la reducción de los latifundios y emancipación de las comunidades indígenas cautivas dentro de las grandes propiedades, esto es, nuestro objetivo, el de aquella misión internacional.

Nuestra misión, la de Naciones Unidas, llevada a cabo el mismo año 2009, se desarrolló en unas condiciones dramáticas. En el Departamento de Santa Cruz, el principal entre los aquejados por esa problemática inhumana de grandes latifundios con comunidades indígenas en su interior, se encontraba acosado por una rebelión racista de los autodenominados “comités cívicos”. La ciudad estaba repleta de pintadas de tal cariz. No reproduzco algunas por no reflejar el odio que destilaban. Nuestras visitas a comunidades indígenas se realizaron bajo la presencia amenazante en la distancia de gentes a caballo ostensiblemente armados. El viceministro de cultura, que también vino en aquel momento a Santa Cruz, sufrió un secuestro de varios días que nos tuvo en vilo.

Indepaz

El Gobierno y el partido que le sustentaba, el MAS, Movimiento al Socialismo-Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos, nos apoyaban a fondo, incluso más, mucho más, que algunas agencias de las propias Naciones Unidas. El PNUD, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, llegó a hacer causa común solapadamente con los “comités cívicos”, los racistas. Ante tales adversidades, contamos por añadidura con respaldos no menos inestimables, como el del Pacto de Unidad formado por el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Kullasuyo, la Confederación de Pueblos Indígenas, la Confederación Sindical Única de Trabajadores, La Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias-Bartolina Sisa y la Confederación Sindicalista de Comunidades Interculturales, una concertación que había sido decisiva en el seno de la Asamblea Constituyente.

Entrando la segunda década del nuevo milenio, las cosas comenzaron a torcerse drásticamente no sólo para nosotros, observadores exteriores que poco cabe y menos corresponde que hagamos, sino, lo fundamental desde luego, para la misma Bolivia, para su ciudadanía. Mediante los cambios ministeriales oportunos, el Gobierno canceló patentemente su programa de reconducción comunitaria con todas sus implicaciones, entrando en un largo periodo, tanto como hasta su reciente caída, de connivencia con los “comités cívicos” mientras que mantenía toda la retórica indigenista. Frente al tenor también de la Constitución, adoptó con toda resolución una política de favor a intereses corporativos internacionales, especialmente en lo tocante a industrias extractivistas. En suma, comenzó a desviarse ostensiblemente de la Constitución sin cambiar ni una sola coma de la misma. Su continua invocación sesgada se convirtió en la coartada encubridora de tales políticas entreguistas.

Encontró resistencias, en particular por parte de organizaciones indígenas y sindicales. El Pacto de Unidad se rompió en 2011 permaneciendo tan sólo las satelizadas por el MAS, el partido oficialista. La respuesta del Gobierno y de sus organizaciones ha venido siendo de manual: hostigamiento, cooptación, corrupción… El propio MAS comenzó a hacerse cargo del trabajo sucio. Para entenderse esta evolución, ha de añadirse la otra cara de la moneda. El Gobierno modificó las condiciones de acceso de las corporaciones internacionales a los recursos bolivianos dotándose de fondos sustanciosos no sólo para la corrupción y el clientelismo, sino también para el lanzamiento de políticas sociales o asistenciales beneficiosas para parte relevante de la ciudadanía. Y su indigenismo no sólo ha sido retórico e insidioso. Se han puesto en práctica políticas antirracistas que han cambiado la faz de la sociedad boliviana, al menos la faz. El cambio cultural ha sido espectacular.

Hubiera sido irreversible de no haberse persistido en las prácticas de hostigamiento, corrupción y fingimiento, ese fingimiento que le ha funcionado al Gobierno boliviano realmente bien en bastantes ámbitos internacionales, inclusive entre las diversas instancias de Naciones Unidas para la supervisión en materia de derechos humanos. Y ha llegado el momento de la gota de agua sucia que hace rebosar el recipiente colmado de detritus. Ha sido el de las últimas elecciones. Con todo lo visto, el tándem formado por Evo Morales y Álvaro García Linera, Presidente y Vicepresidente del Estado Plurinacional, se acostumbró a forzar impunemente la Constitución. También lo hace para perpetuarse en el poder frente a la limitación constitucional de mandatos. Convoca y pierde un referéndum que se lo permitiese. Recurren al Tribunal Constitucional que otorga la venia bajo el peregrino argumento de que la participación política mediante candidatura a elecciones constituye un derecho humano que no puede limitarse ni por la Constitución misma.

Así llegamos a las elecciones de octubre de 2019. El notable apoyo electoral gozado por el MAS como partido del Gobierno ha venido deteriorándose no sólo por la usura del tiempo, sino también y sobre todo por los efectos deletéreos de las políticas referidas. En esta ocasión, la fórmula Morales-Linera no vence en primera vuelta. No alcanza los requerimientos constitucionales, Ni supera la mitad de los votos emitidos ni sobrepasa en un diez por ciento a la candidatura que se sitúa en segundo lugar. Y lo peor para el tándem es que los números no auguran una victoria, ya por mayoría simple, en la segunda vuelta. Ninguna otra candidatura está dispuesta a sumarle votos. Ya acostumbrados, la solución parece fácil: el fraude en el escrutinio. El Tribunal Supremo Electoral, organismo también capturado por el MAS, lo detiene para cocer resultados. Peina las cifras para conseguir la distancia del diez por ciento. Proclama como Presidente y Vicepresidente a Evo Morales y Álvaro García Linera.

La reacción que se provoca es fortísima. La movilización contra el fraude es realmente popular. Y hay quienes enseguida se lanzan a pescar en río revuelto. Son ante todo los peores sectores del racismo cívico doblado ahora de fundamentalismo cristiano. Proclaman que se trata nada menos que de colocar el crucifijo y la biblia donde los indígenas habían entronizado la wiphala, su bandera multicolor por plurinacional. En esta confrontación el signo de la cruz no puede ser menos inocente ni más beligerante. A esto se agrega un amotinamiento policial de motivaciones oscuras entre lo sindical y lo político, a lo que encima se suma la sugerencia por parte de altos mandos militares de que el Gobierno ceda el poder no se sabe a quienes. Pero nada de esto es lo decisivo para su caída. La Organización de los Estados Americanos dictamina la existencia del fraude electoral añadiendo que debe mantenerse el orden constitucional, lo cual de momento significa que Evo Morales debería seguir en la presidencia de Bolivia para gestionar la nueva celebración de elecciones.

Potesta en La Paz contra candidatua de Evo Morals (Martín Alipaz, EFE)

Morales decide en cambio abandonar y expatriarse. ¿A qué viene esta falta final de resistencia? ¿No cuenta con el respaldo de la mayoría, aunque ya no sea absoluta, de la ciudadanía boliviana? ¿Cómo puede dejarla en la estacada? Alega que su vida corría peligro, lo que no parece cierto. Lo decisivo para explicarse este comportamiento todavía no lo he dicho. Entre toda esa movida, las organizaciones indígenas y sindicales que no habían sido capturadas completamente por el MAS manteniendo un margen de independencia se pronuncian contra la continuidad del Gobierno. Manifiestan su propia sugerencia de que lo bastante es bastante. Hasta aquí hemos llegado. Evo Morales se encuentra con el apoyo exclusivo del MAS, su partido, ya incapaz no sólo de ganar limpiamente elecciones, sino también de conseguir por otros métodos, como el del ejercicio pacífico y masivo del derecho de manifestación, que el Gobierno se sostenga. Muy al contrario, el MAS recurre también, como los “cívicos”, a la violencia, lo que dificulta las cosas y debilita aún más su propia posición. Ese es el escenario de la huída de Evo Morales y Álvaro García Linera.

Otros altos cargos del MAS, inclusive quienes constitucionalmente habrían de ocupar interinamente la presidencia a fin de gestionar los nuevos comicios, renuncian igualmente. Hacen con ello inviable una salida constitucional. La Constitución no puede prever un supuesto de tamaña dejación. Se produce literalmente un vacío de poder sin remedio constitucional, vacío que inmediatamente lo ocupa, no la segunda candidatura de las últimas elecciones, la cual hace igualmente dejación de su responsabilidad, sino el “civismo”, esto es, como de sobra ya sabemos, el racismo puro y duro. El crucifijo colonial se coloca en el lugar de la wiphala plurinacional. El nuevo Gobierno se apresta a adoptar decisiones políticas de alcance antes de ocuparse de las elecciones. De momento está replanteando todos sus alineamientos internacionales recurriendo incluso, de entrada, al cese masivo de personal diplomático. Se está comenzando a generar condiciones para que la recuperación del racismo se imponga con las malas artes del caso. Acaba de exonerar a militares y policías por excesos al contrarrestar protestas.

Conviene insistir en que el nuevo Gobierno, para haberse hecho con el poder, no cuenta en absoluto con cobertura constitucional. Dicho de otra forma, solo está revestido de ilegitimidad, una ilegitimidad muy superior a la del Gobierno anterior, el de Morales, tras el fraude electoral. Y ahora el racismo “cívico” está a la ofensiva, no a la defensiva. Hay quienes están diciendo bienintencionadamente que, lo mismo que el “civismo” aprendió a convivir con el MAS en los tiempos de Morales tras su giro entreguista, ahora va a reproducirse el entendimiento bajo condiciones más democráticas. Ojalá me equivoque, pero me parece una predicción demasiado optimista. Sintomáticamente, quienes están realizando estos pronósticos ignoran o disimulan la vertiente racista del “civismo” pese a que ha vuelto a manifestarse de la forma más salvaje. Y dan por buena o por ya irremisible la ocupación del poder por lo peor del “civismo” como si fuera a limitarse a gestionar neutralmente las debidas elecciones. Tengo amistades bolivianas nada racistas aquejadas ahora de esta miopía. No sé si, en su lugar y entre estas dificilísimas circunstancias, no me estaría ocurriendo lo mismo.

Indepaz

El resultado es el de un golpe de Estado, pero sin que haya tenido que producirse. Así ha ido la historia. Ahora vienen las narrativas. Evo Morales y el MAS no han sido derrocados, sino que han intentado un autogolpe, con la suma de la candidatura inconstitucional y el fraude electoral, fracasando estrepitosamente. Enfrascarse ahora en un debate sobre si ha habido o no ha habido golpe de Estado no tiene mucho sentido. Quienes lo niegan quieren ocultar la ilegitimidad del resultado final. Quienes lo afirman quieren ocultar la responsabilidad principal del Gobierno del MAS, del Movimiento al Socialismo-Instrumento Político para la Soberanía de los Pueblos. Entre lo uno y lo otro, entre golpe no y golpe sí, lo que ha habido y hay por aquí, por Europa, es una desinformación pavorosa, en buena parte deliberada, sobre lo ocurrido en Bolivia, para lo bueno y para lo malo, para lo mejor y para lo peor, durante la última década y hasta hoy.

Cazalla de la Sierra, 17 de noviembre de 2019.


Foto de portada : El Presidente Evo Morales poco después de las elecciones (Clarín)

 

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