Tomado de:

Una recomendación de Manuel Benza Pflücker

A PROPÓSITO DE BOLIVIA. Por Jorge Benavides de la Sotta, sociólogo y diplomático peruano.

La política realmente existente siempre ha sido el reino de la mentira y de la manipulación de las masas. Pero en estos tiempos (aciagos para el ser humano y las sociedades) del fundamentalismo doctrinario neoliberalista, es una mezcla inaudita de cinismo y maldad que solo puede pasar piola para mentalidades vacías, cinceladas por el aparataje informacional de las élites económicas, que hacen suyo acríticamente el discurso de los poderosos.

El caso del Perú, donde la corrupción y el autoritarismo se aprestan a retomar el poder, esta vez total, de la política nacional en nombre de la democracia y de la limpieza moral, mediante el ardid de interpretar a su antojo el marco legal existente, es un ejemplo claro de ello a nivel nacional.

Y lo es a nivel de la política internacional el de Bolivia , donde se acaba de escenificar una burda mascarada digitada y alimentada por las agencias de inteligencia norteamericanas, para aparentar como proceso legal y democrático el derrocamiento del gobierno constitucional de Evo Morales -objeto del oscuro, público y notorio deseo largamente acariciado por Washington, de deshacerse de él- bajo la acusación de ejercer una tiranía y de haber atentado contra la legalidad al haber sido candidato. No por casualidad, la bendición del patrón de los hechos bolivianos vino inmediatamente, con la felicitación del inquilino de la Casa Blanca a los militares de ese país por haber “hecho respetar la Constitución”, lo que repiten la prensa hegemónica y los gobiernos neoliberales de América Latina y Europa.

Esta vez, sin embargo, la pantomima ha superado al surrealismo bobo de la estrenada en Venezuela, mediante el ridículo camino tomado con la autoproclamación del tristemente célebre Guaidó, que para esos países y la OEA es el presidente de Venezuela.

Esta vez, se legitima otra autoproclamación, a cargo de la segunda vicepresidenta de la Cámara de Senadores en una sesión sin participación de la representación del partido absolutamente mayoritario, en una ciudad en manos de hordas de enmascarados que no solo vandalizaron las calles y plazas con la complicidad policial, sino que atacaron brutalmente hasta la casa de Evo Morales y las de sus familiares, mientras la policía y el ejèrcito estaban a la caza del presidente (milagrosamente salvado por México), de sus familiares, de Ministros y altos funcionarios.

Y es de cajón que esta buena señora autoproclamada ipso facto presidenta ante una cincuentena de co-partidarios en una sesión informal, seguramente será reconocida mañana por todos los gobiernos que lo han hecho con Guaidó.

Asco moral se siente ante tamaña ofensa a la ética, a la legalidad, a la verdad y a la inteligencia. La política, hoy, no solo apesta, sino que, unida como está, a la corrupción económica y social, hiede de manera insoportable.

Horas negras aguardan a los pueblos latinoamericanos en estos tiempos de Trump y Bolsonaro, encarnaciones contemporáneas del imperialismo crudo y del nazismo redivivos.