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Bloques en las protestas contra Evo, por Omar Coronel

Creo que es importante visibilizar que las protestas contra el fraude electoral en Bolivia no han contado con grupos “solo democráticos” o “solo fascistas”. El proyecto político de Morales no ha perdido la hegemonía hoy ni el 20 de octubre, este proceso comenzó hace mucho y en el seno mismo de las organizaciones de base del MAS. Más allá del antes y el después que marcó la represión para imponer la carretera que partía el TIPNIS (2011) o del encarcelamiento de los dirigentes cocaleros yungas (2017), hace varios años existen divisiones en organizaciones indígenas que otrora apoyaban unificadamente al gobierno. Por ejemplo, en la CIDOB oriental y la CONAMAQ andina hubo denuncias de cooptación y clientelismo por parte del gobierno en sus organizaciones (Makaran 2016). Noticias Ser publicó hace unos días las declaraciones de Claudia Condori, aymara del movimiento o Katarista, quien explicaba que el movimiento aymara ya estaba dividido frente al gobierno. Denunció que “el tema de la corrupción, de la intolerancia, y de la persecución política está asociado con el MAS”. Como dice Makaran, el MAS sustituyó el ideal del “mandar obedeciendo” por una gran intolerancia a la disidencia en sus bases.
Este descontento, que se iba cocinando entre sus propias bases, ayuda a entender por qué el MAS perdió apoyo electoral (en el Referéndun y las últimas elecciones) y por qué las protestas contra el fraude fueron masivas. El fraude habría sido solo la gota que derramó el vaso para muchos de los ex simpatizantes de Morales. Muchos de quienes salieron a protestar (o que no salieron a defender al gobierno) fueron quienes ya venían acumulando un gran descontento con el presidente. En este bloque, la protesta era antiautoritaria, por el respeto a las reglas mínimas de la democracia (y contra los pasados excesos de Morales dentro y fuera de sus organizaciones). Dentro de este bloque antiautoritario también hay un gran sector de clase media que era cercano al MAS o no se oponía radicalmente a él, pero que desde el desconocimiento al referéndum se ha vuelto antimasista. La permisividad con el uso de violencia en las protestas pro gobierno y la amenaza de Morales de cercar las ciudades opositoras solo reafirmó el antimasismo.
Sin embargo, eso no puede hacer obviar que un gran sector de quienes han protestado contra el fraude son también sectores de extrema derecha: un bloque racista y violentista que se opone radicalmente a todas las reformas que hizo el MAS desde el inicio. Ese es el bloque que ha incendiado las casas de la hermana de Morales, del ministro de minería, de los gobernadores de Chuquisaca y Oruro, etc. Son los que casi linchan a la alcaldesa de Vinto, los que salen en videos pateando campesinxs, los que han celebrado el retiro de la Wiphala de los edificios públicos. Luis Fernando Camacho es el líder empresarial fascista que representa a este bloque, el que hoy ha llegado con una biblia a Palacio Quemado diciendo que “la Pachamama nunca volverá al palacio. Bolivia es de Cristo”. En este bloque, la protesta no es necesariamente antiautoritaria, es contra todo el programa que trajo el MAS, programa que -a pesar de las trampas de Morales para no dejar el poder- democratizó Bolivia económica, social y culturalmente.
Estos dos bloques tienen intereses claramente contrapuestos, pero las pésimas decisiones políticas de Morales desde el desconocimiento del referéndum hasta el fraude los hicieron converger. El fraude (o la percepción de fraude) es uno de los mayores catalizadores de protestas masivas y sostenidas (Tucker 2007). La medicina, sin embargo, puede ser peor que la enfermedad. La intervención de las FF.AA. en la salida de Morales sienta un terrible precedente para Bolivia y para toda Latinoamérica. A esta hora, han renunciado todos quienes seguían en el mando de sucesión y hay gran incertidumbre y vacío de poder (que puede ser llenado por poderes fácticos). No es claro tampoco si se dejará participar al MAS en las próximas elecciones. El posible avance electoral y empoderamiento de sectores ultra derechistas a partir de este episodio hacen peligrar todos los avances que logró gobierno masista. El ánimo revanchista entre estos sectores es elocuente (Camacho ha llamado a hacer listas, como Pablo Escobar, de los cómplices del gobierno). Por ahora solo queda vigilar que se elija a un Tribunal Electoral imparcial y que no se excluya a ninguna fuerza política en las próximas elecciones. No obstante, es claro que la correlación de fuerzas ya cambió y que la extrema derecha ha salido muy fortalecida.
(1) Makaran, G. (2016) La figura del llunk’u y el clientelismo en la Bolivia de Evo Morales. Revista Antropologías del Sur, 5, 33-47
(2) Elguera, C. (2019) La crisis boliviana vista por una activista aymara katarista. Noticias Ser
(3) Tucker, J. (2007) Enough! Electoral Fraud, Collective Action Problems, and Post-Communist Colored Revolutions. Perspectives on Politics, 5(3), 535-551
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