Fuente: La República

“Bastaba, entonces −para los neoliberales y para los “progresistas”− seguir extrayendo materias primas, como pide el Consenso de Washington”.

En América Latina se observa, nuevamente, una coyuntura cambiante que expresa la persistencia de los problemas económicos, políticos y sociales. Hasta hace poco se hablaba del “giro a la derecha” debido a los resultados de las elecciones en Brasil, Argentina y Ecuador, principalmente.

Asimismo, se vislumbraba una derrota de los “gobiernos progresistas” en las elecciones en tres países en octubre: el MAS en Bolivia, el Frente Amplio (FA) en Uruguay, así como la reelección de Macri.

Pero en poco tiempo la situación ha dado un giro. Primero vino el amplio triunfo de López Obrador en México el año pasado y, un año después, Macri fue derrotado en las primarias por Alberto Fernández, las encuestas dan ganador a Evo Morales y al FA uruguayo.

En Colombia, Chile y Perú −Alianza del Pacífico− la cosa era distinta, pues la derecha política y económica mantenía su prevalencia. Con la disolución del Congreso aprofujimorista el 30/09, el panorama parece haberse modificado, pero aún hay mucho camino por recorrer pues seguramente se mantendrá el manejo económico ortodoxo, aunque algo podría cambiar en las elecciones de enero.

Dicho esto, el PBI sigue estancado y solo crecerá 0,2% en América del Sur en el 2019, según CEPAL, liderado por Bolivia con 4%. Detrás estaban Perú y Colombia con 3,2 y 3,1%, pero esos números se han reducido en las últimas semanas.

Eso nos ilustra sobre cómo la región está sufriendo la crisis −no terminada− de la “gran recesión” del 2008-2009. El FMI y la OCDE pronostican un deterioro mayor, que tiene nuevos ingredientes: la caída de la productividad en EEUU y Europa, la guerra comercial China/EEUU, el Brexit y la reducción del crecimiento de China.

Pero el elemento determinante, para nosotros, es el fin del super ciclo de alza de precios de las materias primas, que comenzó en el 2003 y terminó en el 2014. Ecuador, Colombia y Venezuela sufren la baja del petróleo, así como Argentina, aunque este último se ve más afectado por la caída de los precios agrícolas. Mientras que Chile y Perú sufren la caída de los minerales: cobre, zinc, plata y plomo. En Ecuador y Argentina el brutal ajuste recesivo del FMI (“no ha aprendido nada”) recibe el rechazo de la población.

Dicho de otra manera, los regímenes económicos de −signo distinto− no pudieron eliminar la dependencia en las materias primas, que afecta los ingresos fiscales, la entrada de divisas y el crecimiento del PBI. En la mayoría absoluta de países las exportaciones de materias primas superan el 50% del total, límite que el FMI utiliza para considerarnos “dependientes”. En todos se impuso el “Consenso de los Commodities” que, ilusamente, se creyó, duraría 20 a 30 años.

Bastaba, entonces −para los neoliberales y para los “progresistas”− seguir extrayendo materias primas, como pide el Consenso de Washington. Y se destruyó lo poco que se avanzó para seguir el ejemplo asiático: diversificar el aparato productivo para tener nuevos motores que permitan, progresivamente, reducir la dependencia en las extractivas.

Así, la coyuntura política cambiante, con toda la importancia que tiene, no será determinante para alcanzar el desarrollo. Eso pasa por nuevas actividades que aumenten la productividad y la competitividad. Que proporcionen empleos y salarios, junto con políticas sectoriales que mejoren la distribución del ingreso.

El crecimiento de 10% anual de China no volverá. Y la lucha contra el cambio climático en todo el mundo, así como contra el 1% de la población que concentra el 40% del ingreso mundial, generará nuevos paradigmas. Hacia allá debemos ir.

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