Fuente: DW.de

En general, mueren en el mundo muchas menos mujeres como consecuencia del embarazo y el parto que hace 25 años. Sin embargo, en Estados Unidos esa cifra ha crecido y las afroamericanas son las más afectadas.

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Kira Johnson trajo a su segundo hijo al mundo en abril de 2016, tal y como estaba previsto. Se le practicó una cesárea en un hospital de Los Ángeles. Langston era un niño deseado que venía a completar la familia. Pocas horas después del alumbramiento, Charles, el marido de Kira, se dio cuenta de que había sangre en el catéter de su esposa. Pidió a un doctor que viniera. Un análisis de sangre y una ecografía confirmaron la primera sospecha: Kira tenía hemorragias internas.

La operación de urgencia se demoró. Charles inquirió una y otra vez cuándo operarían a su esposa. “Ella no es nuestra máxima prioridad”, le dijeron. Finalmente, diez horas después de la desdichada cesárea, Kira fue trasladada por segunda vez a la sala de operaciones. En su estómago ya se habían acumulado 3,5 litros de sangre. Poco después de ponérsele la anestesia, su corazón dejó de latir.

Las mujeres negras mueren más

Kira Johnson no es un caso aislado. Unas 700 mujeres mueren en Estados Unidos cada año durante el embarazo, el alumbramiento o los meses posteriores. Ningún país industrializado tiene una tasa de mortalidad materna tan elevada. En Alemania, es menos de la mitad que en EE.UU.

Aktivisten Stacey D Steward und Charles Johnson vor dem Kapitol in Washington D.C.

Los activistas Stacey D. Steward y Charles Johnson llevan ante el Capitolio su protesta por la elevada tasa de mortalidad materna de EE.UU.

El riesgo es triple para las mujeres negras. En algunos estados, el color de piel sigue teniendo una enorme influencia sobre la vida y la muerte. Washington D.C. es el estado que ocupa el lugar más bajo en esa lista. La más elevada tasa de mortalidad materna entre mujeres negras tiene varias razones. Según la partera Aza Nedhari, una es el deficiente acceso a servicios de salud. Nedhari es directora de Mamatoto Village, una asociación que tiene un centro de alumbramientos en el sur de la ciudad de Washington D.C. Allí hay cuatro hospitales que cuentan con plantas obstétricas, pero ninguno de ellos está situado en el sur, donde viven, sobre todo, negros.

Insuficientes servicios de salud y prejuicios inconscientes

En su centro de alumbramientos, Nedhari puede acompañar el proceso de unas pocas embarazadas, pero solo si la gestación discurre sin complicaciones y el parto es espontáneo, es decir, que el bebé viene al mundo de forma natural. La gran parte de las futuras madres deben acudir al hospital tanto para los reconocimientos habituales como para el nacimiento, sobre todo aquellas con embarazos de riesgo. Para algunas mujeres del sur de la ciudad, eso implica un trayecto de más de una hora para la ida y otro tanto para la vuelta. Si tienen trabajos precarios y otros niños, es difícil que logren acudir a todas las citas.

Stacey D. Stewart preside la organización de derechos de la mujer “March of Dimes”. Stewart considera que la cara y escasa oferta de servicios de salud es la razón por la cual la tasa de mortalidad materna es tan elevada en Estados Unidos y pide revalorizar a parteras y ayudantes de parto para que las madres puedan recibir una mejor atención en sus propios barrios. Su organización también pide que los tratamientos en los doce primeros meses tras el parto estén cubiertos y que la protección aseguradora no concluya con el alumbramiento.

Según Stewart, otra razón son los prejuicios inconscientes. En Estados Unidos, donde estudiar la carrera de medicina cuesta unos 200.000 dólares, hay todavía proporcionalmente menos médicas y médicos negros. Una investigación del año 2017 arrojó como resultado que las madres afroamericanas solían sentirse tratadas deficientemente en los hospitales y que no eran tenidas en cuenta cuando se quejaban del dolor. “Debemos plantearnos este problema social profundamente enraizado para mejorar la salud de las madres negras”, dice Stewart. A partir de este otoño, su organización ofrece cursos al respecto para el personal sanitario.

La doctora Esther Gamuchirai Madzivire La doctora Esther Gamuchirai Madzivire cambió el trato que daba a sus pacientes cuando sus propios hijos estuvieron ingresados largo tiempo en el hospital.

La ginecóloga Esther Gamuchirai Madzivire, de Carolina del Norte, cambió el trato con sus pacientes después de ocupar ella misma ese lugar. Sus dos hijos fueron prematuros y estuvieron meses ingresados en la planta de cuidados intensivos. A menudo en el hospital sintió que no se la tomaba en serio y solía recibir comentarios groseros e hirientes en lugar de respuestas.

Ese “oscuro y pequeño secreto”

Desde entonces, aconseja a las mujeres hacer en casa listas de dudas que después ella misma se ocupa de despejar una a una en la consulta. “Eso transmite respeto”, dice. Madzivire está segura de que la tasa de mortalidad en Estados Unidos descenderá pronto. En los últimos años han surgido numerosas iniciativas, como la de Mamatoto Village, en Washington, que está apoyada por la municipalidad.  Los demócratas tratan de hacer de la mortalidad materna uno de sus temas de campaña. “Nos encontramos en un punto de inflexión”, dice Madzivire. “Finalmente es posible hablar abiertamente de mortalidad materna y discriminación”. Antes, el tema era una especie de “oscuro y pequeño secreto”.

Aza Nedhari y Stacey D. Stewart  no comparten su optimismo. Por supuesto que se alegran de la atención que el tema recibe, pero no ven ninguna mejora sustancial. “Necesitaríamos un sistema en el que nadie sea tratado peor por el color de su piel”, dice Nedhari. “Aún estamos lejos de ese punto”, dice. “Mientras el racismo siga siendo parte del día a día de los negros en este país, solo se estarán tratando los síntomas, pero no la enfermedad”, sentencia.

(ms/lgc)

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