Fuente: El parónimo

EMILIO GENTILE: La democracia recitativa en la política moderna

por Francisco J. Lucero Bravo
Sociólogo, Magíster en Política y Gobierno
fjlucerob@gmail.com
A continuación haremos un análisis del libro El líder y la masa: La génesis de la democracia recitativa del historiador italiano, Emilio Gentile. El autor es un reconocido experto en el estudio del fascismo y en este libro nos entrega un relato que inicia en la democracia griega para llegar a los tiempos actuales de Trump en Estados Unidos y Macron en Francia, para dejar en claro los elementos que conforman su tesis central: la emergencia de una democracia recitativa.
La democracia representativa apela a líderes que afirman encarnar y representar fielmente los intereses de la masa, logrando convencerla de que la diversidad de voces, opiniones e intereses (incluso identidades) debe mutar a una idea más homogénea y unificada de ciudadanía. Todo esto en el marco de un proceso creciente de personificación del poder político. Estos líderes realizan un uso exhaustivo de los medios de comunicación con que cuentan (desde los discursos radiales en Roosvelt y de Gaulle hasta los tuits de Trump) para hacer gala de sus habilidades retóricas y persuasivas para exaltar su figura de autoridad. Esta autoridad se acerca más a la figura de un jefe, por la verticalidad y por la concentración o acaparamiento del poder que se comienza a ejercer, aunque siempre en armonía con el carisma y habilidades comunicacionales y discursivas que define a estos liderazgos.

El debate habitual ha sido entre la democracia representativa y la democracia directa, donde esta última pone en entredicho la capacidad de las cámaras parlamentarias para traducir el verdadero sentir y pensar de la ciudadanía. Esto ha ocurrido en el marco de una documentada pérdida de legitimidad del a institucionalidad democrática tradicional basada en partidos políticos y procesos de elección, entre otros mecanismos (para ampliación de este tema te sugerimos ver nuestro artículo: Nuevas formas de participación política) acusando una crisis de legitimidad. La participación política y electoral se ha hecho progresivamente volátil e impredecible (una de las principales razones porque las encuestas en las últimas elecciones en Estados Unidos fallaron fue a causa de esta impredictibilidad). Por su parte, la democracia recitativa vendría a contrastar y superponerse históricamente a la democracia representativa como una suerte de versión distorsionada de esta última. Mientras, en contraste con la democracia directa, la democracia representativa se vislumbraba como una aplicación efectiva y viable de este modelo de gobernabilidad y gobernanza, la emergencia de liderazgos fuertes, carismáticos y acaparadores amenazan su hegemonía. Aquí encontramos liderazgos emergentes del ala más conservadora de la derecha política como el de Bolsonaro en Brasil, que hacen un fuerte uso del populismo, recurso el cual por mucho tiempo estuvo asociado gobiernos de izquierda.
Lo anterior representa una amenaza a la democracia que comienza a manifestar características de demagogia, la cual se asocia a un modelo insostenible de gobierno en que concede un excesivo favor a las masas (el “pan y circo” romano) para instrumentalizar a la ciudadanía y ganar un respaldo irrestricto a su autoridad. Esta autoridad comienza a concentrar poder al punto en que el modelo de gobierno se aleja cada vez más de lo que se espera de un gobierno democrático. En la democracia recitativa, sus líderes creen estar por sobre la institucionalidad. Es así como el respaldo ciudadano termina volcándose en su contra. Los líderes de este tipo están convencidos de que representan adecuadamente a la ciudadanía, en términos de sus expectativas e intereses.
Sin embargo cabe aclarar que mientras la demagogia se remonta a los inicios de la democracia misma a nivel histórica, la democracia recitativa es relativamente nueva. Por eso es necesario hacer una distinción entre la una y la otra. De acuerdo a Gentile, la demagogia en su concepción original apela a las emociones de la gente para básicamente crear una suerte de democracia abusiva. Se trata de un gobierno efectivamente democrático en que las personas que no cuentan con la preparación y se encuentran dominadas por sus prejuicios y sesgos superponen sus intereses a los de otros grupos minoritarios -entre los cuales pueden estar tanto aristócratas como esclavos- y ejercen un poder abusivo. Se trata entonces más bien de una concesión de poder desde los líderes a las masas desorganizadas. Ejemplos históricos de este tipo de demagogia es la que encontramos en Roma con la elección de tribunos. Por su parte, la democracia recitativa se remonta a los tiempos de Napoleón I y III. Aquí se trata de un liderazgo donde no hay concesión efectiva de poder hacia las masas (como ocurre en la demagogia) sino solo a nivel discursivo y por tanto en apariencia, creando un relato complaciente y engañoso. Esta distinción responde, en gran parte, al crecimiento y complejidad alcanzado por las sociedades modernas, donde ya no es posible realizar encuentros presenciales de la masa o el puedo en un amplia proporción para deliberar en el fervor de la asamblea. Una de las grandes trabas a la democracia directa es el tamaño de las sociedades organizadas en Estados-nación.
La idea de masa para referirse a la ciudadanía, se asocia a una serie de otros conceptos tales como plebevulgo, pueblo, entre otros, todos los cuales comparte una mirada despectiva y homogeneizadora de los gobernados. Estos conceptos evocan prejuicios que las elites políticas y económicas colocan sobre el pueblo. Recordemos a Aristóteles que se refería en muy malos términos al ciudadano promedio y sobretodo a esclavos, inmigrantes y mujeres que estaban excluidos del concepto de ciudadanía. En la medida en que se logra homogeneizar a la ciudadanía, se la entiende como manipulable e influenciable. Y es por esto que el uso exhaustivo de los medios de comunicación, símbolos, atajos o shorcuts mediáticos son una herramienta recurrente de gobiernos de tipo recitativo. Aquí es donde encontramos el caso de representantes y equipos de gobierno que entregan declaraciones y cuñas que exaltan determinados prejuicios como el rechazo a los inmigrantes, atribuyéndoles supuestas responsabilidades en las tasas de desempleo o inseguridad ciudadana, aún cuando los datos no respalden tales afirmaciones (sin duda al lector le vienen otros ejemplos a la mente).
A lo largo de la historia ha habido múltiples ejemplos de líderes que se alínea con la democracia recitativa. Para Gentile desde los tiempos de Pericles, en el auge de la democracia ateniense hasta la Guerra del Peloponeso, este modelo de gobierno no encuentra muchas referencias por un largo periodo y se mantuvo en suspenso por mucho tiempo dada la creciente desconfianza de entregar el poder al pueblo. Esta desconfianza de lo que Lincoln llamaría: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” se ratifica a lo largo de la historia que se esmera en resaltar las dificultades de su aplicación efectiva.
En principio, debemos contraponer democracia a otras fórmulas de gobierno posible como las analizadas por los pensadores clásicos. Así encontramos la aristocracia como el gobierno de los nobles; esa clase instruida y preparada que cuenta con los recursos y el tiempo disponible para reflexionar en los asuntos públicos. Este es el modelo de gobierno respaldado por Platón y en gran parte también por Aristóteles. También tenemos a la monarquía, donde el gobernante adquiere el poder por herencia y no por elección. Se trata de personas que por derechos de nacimiento están destinadas a gobernar y, por tanto, desde sus primeros años de vida se les está dotando con las habilidades necesarias para ejercer este derecho.
Por su parte, la democracia en grecia respondía a una rotación de cargos públicos a la cual todos los ciudadanos estaban expuestos a ejercer. Pero también en este caso, se trataba de una democracia bastante restringida, que como dijimos anteriormente, excluía a mujeres, inmigrantes y esclavos. Esto da cuenta de que el concepto de ciudadanía ha ido cambiando con el paso del tiempo y ampliándose en cuanto a su extensión en la población, admitiendo muy recientemente a las mujeres en plenitud de derechos cívicos (mediados del siglo XX en la mayoría de los casos). Esta construcción de ciudadanía a respondido más a la conquista de derechos a través de conflictos sociopolíticos por parte de los grupos excluidos más que de iniciativa de buena fe de los representes.
Estos conflictos dan cuenta de algunas de las más perversas estrategias de coerción por parte de quienes detentaban el poder (monárquico principalmente). Hablamos, por ejemplo, de las monarquías francesas que limitaban la provisión de alimentos como estrategia de control de levantamientos. Incluso el rey Luis XVI aplicó esta medida futilmente cuando la revolución lo tenía contra las cuerdas. La violencia y crudeza de los gobiernos no fue exclusiva de las monarquías, dado que tras el fin la monarquía absoluta en Francia, la revolución hizo gala de la ejecución de líderes y represión de facciones. La usurpación del poder y la fragmentación de la ciudadanía fue la tónica en las sucesivas repúblicas. Estas turbulencias políticas han redefinido la democracia en términos de cómo efectivamente puede ser aplicada.
Es así como llegando a tiempos modernos -siguiendo a Gentile- la democracia recitativa ha ocupado un lugar privilegiado entre las formas de gobernar. Se trata de gobiernos que han hecho un uso estratégico de la comunicación política y han explotado la capacidad oratoria y locuacidad de sus gobernantes. Líderes que cuentan con determinados atributos que son atractivos para la ciudadanía que los elige. Gradualmente estos líderes conspiran contra sus gobernantes ejerciendo una suerte de soft power, al punto que desplazan la opinión pública reafirmando su rol de portavoz de los intereses ciudadanos. Dicen encarnar fielmente la voluntad última del pueblo que gobiernan y esta estrategia les resulta muy bien, al punto que muchos de los cambios que logran hacer a la institucionalidad para concentrar más poder y atribuciones, están respaldados por un amplio sector ciudadano. De esta forma queda en evidencia la faceta de complicidad que ejercen los gobernados en estos gobiernos autoritarios disfrazados de democracia.
Mientras que la elección de los líderes recitativos es por la vía democrática, la práctica y ejercicio del poder que los define lleva una impronta personal y autónoma. Una autonomía que estos gobernantes se atribuyen como necesaria para unificar al pueblo. De este modo actúan como supresores de la diversidad atentando contra la gobernanza, en términos obstaculizar y suprimir canales y mecanismos provistos para que los gobernados se pronuncien y ejerzan control sobre sus gobernantes. Precisamente uno de los derechos por los que se luchó históricamente fue el derecho a que el pueblo pueda reemplazar a sus autoridades cuando lo estima conveniente y necesario porque estos últimos comienzan a actuar en contra de la ciudadanía.
Entonces, algunos de los elementos que podríamos destacar de esta democracia representativa son: a) se reemplaza la noción líder por la de jefes, por el uso unilateral que hacen de la palabra y el poder y la verticalidad con la que operan a nivel de gestión; b) una estrategia comunicacional que excluye opiniones disidentes y explota las competencias discursivas del líder-jefe; y c) una concentración progresiva -y a veces solo parcial- del poder a través del desmantelamiento de la institucionalidad democrática que los llevó al poder.
En este sentido, Gentile destaca el aporte del sociólogo francés Gustave Le Bon, a quien considera el “Maquiavelo moderno”. Este pensador quien entre sus obras más influyente cuenta con el libro Psicología de las Masas (obra que ejerció gran influencia en Mussolini y Hitler, principales exponentes del fascismo italiano y el nacional socialismo alemán, respectivamente)destaca lo manipulable e influenciable que es la masa en su conjunto. Su análisis busca poner el evidencia las debilidades y falencias de la ciudadanía en su comportamiento colectivo como sustrato del poder político. Dos elementos que debiesen ser considerados para controlar a las masas son la afirmación y la repetición de ideas simples que evoquen imágenes fácilmente internalizables. Aquí es donde aparecen los shortcut o sesgos cognitivos que se traducen en cuñas comunicacionales que enmarcan el imaginario colectivo y lo dirigen a conveniencia de la estrategia política de sus gobernantes. Esta esa casi una fórmula conductista de influenciar a las masas, desde el punto de vista que se las somete a un estímulo específico y reiterativo hasta que esta idea se convierta en una verdad aceptada. Por lo mismo, aquellos líderes que apelen a este tipo de recursos suprimen gradualmente el debate público y la deliberación racional basada en información confiable para la toma de decisiones a nivel colectivo. El ejemplo de Trump es claro en cuanto a su exaltación de valores nacionalistas con su slogan de campaña: make America great again. 
 
En el siglo XX tenemos varios otros ejemplos de líderes políticos que encajan en el perfil aquí descrito, Roosvelt y Kennedy en Estados Unidos, Churchill en Reino Unido y Charles de Gaulle en Francia, por mencionar algunos. Cada uno de ellos con las tecnologías y medios que la época dispuso a su alcance, se dirigían a las masas en forma insistente para proclamar consignas, exaltar valores y convocar esfuerzos colectivos en favor de la patria. Churchill utilizó la radio para fortalecer el espíritu de los soldados que participaban en la segunda guerra mundial y Kennedy lo hizo con la televisión para convocar a toda una nación a embarcarse en el ambicioso proyecto de llevar al hombre a la Luna.
Hoy en día el desarrollo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC’s) junto con el avance de equipos especialistas y equipos asesores de marketing político permiten que las oportunidades de ejercer este tipo de liderazgo se multipliquen. La sobreexposición a la información permite que los aciertos y errores políticos sean fácilmente difundidos y rápidamente olvidados con lo cual el margen de actividad de estos equipos asesores es mayor. Aplicando efectos de encuadre se dirige la atención de las masas hacia donde se espera que vean y se aleja de aquello que deben ignorar. Bajo esta lógica, el ciudadano promedio cumple un rol pasivo persiguiendo la ilusión de participar e incidir en los asuntos públicos para los cuales fue predispuesto a hacerlo. Cree que su opinión es original y le pertenece pero ha sido en gran parte influencia y conducida mediante una sobre-estimulación cognitiva a símbolos y cápsulas mediáticas.
Toda forma de autogestión, movilización, movimientos organizados y espacios de debate público informado y consciente serán hasta cierto punto invisibilizados por la estrategia mediática que circunda a la democracia recitativa. Advertir su presencia, detectarla y reconocerla es el primer paso para revertirla, aunque como todo caso de síndrome de Estocolmo, la terapia de desapego requiere de paciencia, voluntad y sobretodo reflexión crítica.
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