Fuente: El Comercio

De las utopías proféticas a las doctrinas libertarias y republicanas, de la Colonia a la República, este territorio ha dado a luz a una serie de pensadores que han imaginado e ideado lo que somos y lo que deberíamos ser como nación .

¿Qué ideas fueron transformando al Perú?

Junto a Dora Mayer personajes comoGonzález Prada, Pedro Zulen, Augusto Salazar Bondy, desde distintas perspectivas, son personajes claves en la hisroria del pensamiento peruano.

Ese megaproyecto civilizatorio, el primero de esas dimensiones colosales, fue propuesto por el teólogo dominico, exrector de la Universidad de San Marcos, fray Francisco de la Cruz. La Inquisición reaccionó con un largo proceso para desmontar ese relato utópico. Culminó con un auto de fe en 1578. El cuerpo del primer ideólogo de esa magnitud teórica ardía en la plaza Mayor, acusado de heresiarca y sedicioso. Con su incineración también se terminó el fundacional relato de posicionar al Perú como foco de una revolución global.

Pero había nacido una interpretación de los códigos textuales y simbólicos para explicarnos como peruanos. Solo años después, en 1609, con los Comentarios reales, el neoplatónico Garcilaso de la Vega diseñaba una alianza de civilizaciones: la inca y la española. Imaginaba un Perú compuesto inevitablemente por dos tradiciones sin roces mayores. Bajo esas claves, los mestizos, ese grupo de desclasados, solicitaban participar en el juego de poder.

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Inca Garcilaso de la Vega

 

Sin embargo, la administración colonial ya no solo excluía a los indios, sino también a los mestizos. Estos comenzaron a reclamar pública y académicamente su inclusión. El modelo imperial los substraía de toda posibilidad real. Por ello iniciaron un reclamo a la Metrópoli. En 1668, en Philosophia thomistica, el Lunarejo, Juan Espinosa Medrano, sostenía una estratégica defensa de la peruanidad creciente. Construye una narrativa con una consciencia mayor y profunda sobre lo peruano pero esta vez desde el lado filosófico. Nuestros intelectuales tendrían una equiparidad epistémica con sus pares europeos. No hay ninguna diferencia en niveles de reflexión y capacidad erudita. En el Perú, sustentaba, también podían alcanzarse altos estándares especulativos. Entonces, la argumentación dejaba de ser solamente una defensa de la naturaleza adánica, paradisíaca o abundante en metales preciosos para sostener una táctica inteligente. Al asumirse que los peruanos, en ciernes, son capaces de pensar y ejercer brillantez, se da un paso gigantesco de la mera descripción tropical del ambiente.

—La construcción de una promesa—
Esa lógica de ir configurando un arsenal de argumentos cada vez más sólidos y extensos sobre el valor de ser peruanos va a mostrarse con contundencia con El Mercurio Peruano (1791-1795). El epíteto delata su osadía: peruano. Científicos y filósofos juntos para construir una promesa. Se avecinaba una ruta de la cual no habría regreso. La comunidad académica ya había interiorizado su valor. La agenda, entonces, tenía una forma cada vez más clara: la emancipación. Pero como toda descolonización, el proceso es vehemente, intenso, con vaivenes. ¿Cómo imaginaron luego a la patria naciente?

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El Mercurio Peruano

Es Manuel Lorenzo de Vidaurre, con su Plan del Perú ([1810],1823), quien planteó desde la racionalidad política una necesaria autonomía de España. Apelaba a la razón como guía de la gobernanza y el uso científico de todo sistema de producción. Las máquinas debían facilitar el trabajo. Afirmaba que distribuir equitativamente las riquezas aseguraba la paz social. Además, la propiedad privada siempre tiene que estar en armonía con el bien común. Era un convencido antiesclavista y asiduo lector de Rousseau Montesquieu. Subrayaba que toda forma de servidumbre era un contrasentido. Su proyecto, como muchos que imaginaron un Perú menos desigual, terminó prácticamente en el olvido.

Luego nació la República. Ya a esas alturas, la rebelión de Túpac Amaru había sido aplastada furiosamente unas décadas antes. Con ello, la posibilidad de una nación indígena quedó aniquilada. El Perú nació blanco, varón, letrado, católico. Es decir, fraccionado, partido, desintegrado. Las ideas de monarquía constitucional de Monteagudo fueron derrotadas. Bolívar y su planteamiento federal, desbaratados. Lo que siguió es conocido: idas y vueltas de generales y advenedizos peleando. El siglo XIX fue una pugna entre liberales y conservadores.

 

—La defensa de los vencidos—
La humillante derrota ante Chile (1879) obligó a recapacitar la mismísima composición de la ciudadanía. Manuel González Pradalanzó las acusaciones precisas. A nuestro país excluyente se le sumaba una descomposición tal que brotaba pus. El racismo era sistémico. La corrupción, estructural.

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Manuel González Prada

Javier Prado propugnaba una mezcla de razas como política de Estado. Solo los europeos salvarían al Perú. Encima, la mayoría de la población seguía sin reconocimiento ciudadano. Los indígenas, subyugados. El camino del Perú es una educación científica, respondía Margarita Práxedes Muñoz, positivista, psicoanalista y después teósofa. Son los brillantes Pedro Zulen y Dora Mayer, en 1909, quienes inician uno de los más activos movimientos de lucha social: la Asociación Pro-Indígena. Una defensa de los vencidos. La filosofía era un campo de batalla o no era. Mariátegui luego insiste en que el problema es fundamentalmente económico. La realidad peruana iba más allá de la teoría. Habían pasado ya cien años desde 1821 y, más que celebración, era una conmemoración.

 

Es a mitad del siglo XX que Francisco Miró Quesada asume al Perú como doctrina y le da ruta humanista. Augusto Salazar Bondy responde que eso no es posible si no rompemos la dependencia. Solo tendremos la ficción de ser libres, pero es una perversa ilusión, denuncia. Entender la peruanidad es posible en tanto incorporemos a los pueblos originarios, recalca la maestra María Luisa Rivara. El Perú es anterior a la colonización, exclama. Somos apenas intersecciones de cosmovisiones que conviven. Somos muchos perúes. Múltiples, diversos, diferentes. De todas las sangres.

 

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