Fuente: Francisco Durand

Un terremoto silencioso hace temblar a la Lima oficial. Aunque temas como Tía María y su supuesto “permiso para operar”, o las reformas políticas y las relaciones de fiscales con mafias político-jurídicas copen las primeras planas, el verdadero terremoto, que se siente en el subsuelo de ciertas oficinas, son las intervenciones a los grandes estudios de abogados de Lima por el equipo fiscal Lava Jato.

Nunca antes este poderoso, silencioso, efectivo, próspero y hasta hace poco respetado actor, había sido puesto contra la pared de esa manera. Me refiero a estudios como Oré, especializado en “conflictos de intereses”, que fue intervenido al considerarse que había participado en el lavado de activos de Fuerza Popular. Tuvo grandes clientes, caso de Dionisio Romero Seminario cuando fue acusado por sus vinculaciones con Montesinos, del cual salió bien librado cuando se creó como por arte de magia una sala nueva para ver su caso y ahí terminó enterrado.

Pero ahora, a partir del caso de sobornos y pagos bajo la mesa a funcionarios mineros y privados del gasoducto (la más grande inversión pública), descubierta a partir de revelaciones que salieron del Ecuador, se ha intervenido a dos estudios más poderosos por ser piezas claves del mundo corporativo: Echecopar y Muñiz.

Estas intervenciones han generado a su vez réplicas que pueden incluso ser peores en sus consecuencias que las acusaciones, siempre manejables. Me refiero a la posible pérdida de sus grandes clientes y sus conexiones internacionales. Muchas corporaciones no contaminadas con casos de corrupción ven con preocupación que estos estudios contaminados pierdan su reputación, o en todo caso y para ser más precisos, los agarren con las manos en la masa, como parece ser el caso a partir de estas intervenciones. A su vez, los estudios están en control de daño y comienzan a renovar a sus principales expertos siempre que no estén no contaminados. Finalmente, muchos de estos estudios (expertos en usar la puerta giratoria y ejercer artes inusualmente persuasivas en el sistema judicial) pueden perder sus conexiones internacionales. El gran estudio Echecopar, de donde viene Ursula Letona, que tiene fama de preparar decretos leyes para el MEF cuando pide facultades extraordinarias, algo que se sospecha y nunca se ha logrado comprobar; está asociado a Baker & McKenzie, gran firma internacional. Puede perder esta valiosa y muy rentable asociación.

Veremos qué pasa, probablemente nada, pero sin duda los grandes abogados están perdiendo su supuesta virginidad de tanto acostarse con clientes que les piden legalizar lo que no es ético ni, probablemente, muy legal que digamos.