Fuente: Oswaldo De Rivero Barreto

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REVINDICACION POSTUMA DE TORRE TAGLE A JOSE MARIA BARRETO “JUSTO ENTRE LAS NACIONES”
DISCURSO DEL EMBAJADOR OSWALDO DE RIVERO BARRETO

Señor Canciller

El acto que usted acaba de hacer, de condecorar póstumamente a mi abuelo, José María Barreto, con la condecoración Gregorio Paz Soldán, la más alta condecoración del Servicio diplomático del Perú, después de 75 años de su injusta destitución del servicio diplomático por salvar judíos de la muerte, es un acto sin precedentes en la historia de Torre Tagle y de la administración pública del país. Este acto lo distingue a usted como un Canciller que ha tenido el coraje de reparar una injusticia histórica.

José María Barreto murió el 12 de agosto de 1948, tres meses después que las Naciones Unidas, aprobó la Convención sobre le Genocidio, que establece que el genocidio es un crimen de lesa humanidad, y que nadie debe obedecer ordenes que pueden coadyuvar al Genocidio, exactamente lo que hizo Jose María Barreto.

Sin embrago, a pesar de la Convención sobre el Genocidio que justifica su desobediencia humanitaria de salvar judíos, desobedeciendo ordenas de su Cancillería, la memoria de José María Barreto, cayó en el silencio y el olvido por más de 70 años, hasta que el Museo del Holocausto de Jerusalén lo proclamo el 14 de junio del 2014 “Justo entre las Naciones” por haber desobedecido ordenes de su gobierno que impedían salvar con pasaportes peruanos a 58 judíos, incluyendo 14 niños, que iban a ser transportados, del campo de concentración de Vittel en Francia, al siniestro campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, para ser exterminados.

Después de esta proclamación, de Justo entre las Naciones, que se difundió por toda la prensa y la media social mundial José María Barreto comenzó a recibir homenajes en los EEUU, Colombia, Guatemala, en la misma Alemania, y el homenaje más grandioso de todos, fue en enero de esta año en la Asamblea General de las Naciones Unidas, con presencia del Secretario General de las Naciones Unidas y cientos de delegados extranjeros que representaban todas las regiones del planeta. Y en el Perú al mismo tiempo, apareció el libro de José Perla, “Los Hermanos Barreto”, donde se narra la vida, pasión y gloria de José María Barreto.

En las ceremonias en que asistí, siempre se me peguntó cómo fue posible que después de más de 70 años de silencio y olvido, Barreto aparezca como un personaje internacional tan homenajeado. Yo les dije, lo que les voy a decir a ustedes ahora. Que todo comenzó cuando yo era Embajador en las Naciones y represente al Perú en el Consejo de Seguridad, En razón de mis funciones en el Consejo conocí al Embajador Marco Sermoneta de Israel, al cual conté la desobediencia humanitaria de mi abuelo las ordenes de su gobierno de no salvar judíos.

Sermoneta, estaba a punto de regresar a Israel y me dijo que la actitud de mi abuelo era un asunto muy importante para su país, y me prometió que llegando a Israel le iba a pedir al Museo del Holocausto, que inicie una investigación sobre la salvación del campo de concentración de Vittel con pasaportes peruanos otorgados por mi abuelo. Y así lo hizo.

Durante la investigación se probó que hubo en los gobiernos de Benavides y de Prado simpatía y admiración por el nazismo

En el Gobierno de Benavides se dieron las instrucciones antisemitas de 1938, que ordenaban a todos los Consulados y Embajadas del Perú, de no dar salvoconductos ni pasaportes a ningún judío, incluyendo a judíos peruanos.

En el Gobierno de Prado esta simpatía creció hasta el punto, que en 1940 el Canciller Alfredo Solf, hijo de alemanes, quiso condecorar con la Orden el Sol, en el grado de Gran Cruz, la más alta condecoración del Perú, al Ministro de Relaciones Exteriores de Hitler, Joaquín Von Ribbentrop. Solf no logró este despropósito debido a la tenaz oposición del Embajador del Perú en Berlín, en esa época, Enrique Gildemeister. Al terminar la guerra Von Ribbentrop fue condenado a muerte por el Tribunal de Núremberg por haber cometido crímenes de guerra.