Fuente: Revista Somos

LGBTI: Por qué la identidad de género es un concepto que abarca un variado abanico de posibilidades. Nora Sugobono.

Hace mucho que en el mundo no se habla de hombres y mujeres, o gays y heteros. Conocer los términos y conceptos actuales es el primer paso hacia una sociedad menos violenta.

Este artículo incluye un glosario (al final de la nota). Debe empezar a leer desde ahí. Una vez que lo haya hecho –y solo entonces–, regrese a este párrafo. ¿Cuál es su identidad de género?, ¿cuál su sexo biológico?, ¿cuál su orientación sexual? (no, la respuesta no es la misma para las tres). Haga el ejercicio; tómese el tiempo necesario. Yo empiezo: cisgénero, mujer, heterosexual. Hasta esta semana no habría podido responder con propiedad a la primera pregunta ni sabía exactamente cuáles eran las diferencias –y por qué es importante conocerlas– entre aquellos términos. El lenguaje es una herramienta de expresión (acaso la más poderosa que tenemos los seres humanos) que no podemos subestimar. No cuando hablamos, literalmente, de temas de género.

Eme tiene 27 años. Es cantante de música criolla (un viaje a México está en su agenda inmediata) y hace tan solo tres días logró cambiar, por fin, el nombre de su página oficial de Facebook. De ‘Merian’ pasó a ‘Eme’. Tres letras menos; un mundo de distancia. “Se rechazó porque era ‘engañoso’ para lxs seguidores de acuerdo con sus políticas”, escribió en una historia de Instagram el pasado jueves. “Presentamos el caso apelando a mi identidad de género y la trayectoria […]. No tendré DNI todavía, pero mantuve mi página, en la que vengo trabajando durante estos años. De verdad estoy bien feliz”. Lo mismo deben sentir los más de once mil usuarios que la siguen ahí. Otras plataformas y aplicaciones, como Tinder, también permiten especificar la identidad de género y la orientación sexual de cada perfil. Limitar las alternativas no solo sería políticamente incorrecto; también una pésima estrategia comercial.

Eme se define como género no binario (de nuevo, el glosario). Por ese motivo, y por respeto a su identidad, utilizaremos en este texto lenguaje inclusivo y pronombres neutros para referirnos a ellx (‘elle’: la ‘x’ en todos los casos se lee como una ‘e’; no se usan ‘ella’ ni ‘él’, ni masculinos ni femeninos). “Las bromas homofóbicas; las ‘cositas’ que pasan como comunes, habituales; el no usar los pronombres apropiados: todo eso conforma una base que luego permite agresiones físicas, crímenes de odio y violencia institucionalizada. Puede parecer ridículo, pero finalmente se convierte en un arma”, cuenta Eme. En la cotidianidad se camuflan quizá las agresiones más profundas, determinantes. “No juegues fútbol, que es de ‘machonas’’’. “Los hombres no lloran”. “Si sales a la calle vestida así, luego no te quejes”. Mensajes y conductas por todos lados: en frases (orales o escritas); en la señalización; en espacios públicos; en avisos publicitarios; en catálogos de ropa; en redes sociales; en la persona que se sienta a tu lado en el micro; en la mesa familiar; en el espejo. Todos los días, una y otra vez.

“Hay palabras, términos que envuelven”, dice Anel Bueno, diseñadorx gráficx, maquilladorx, músicx y artista escénicx. “Incluso cuando eres niño, niña, niñx, te ayudan a definirte. Si hubiese tenido la información que tengo ahora, otra habría sido la historia”, continúa. La identidad de género de Anel también es no binaria. El tema de las ‘casillas’, insiste, es que cuando hay poca información las cosas se confunden. “Mi pronombre es válido porque existo. Esto no solo es reivindicativo: también es una manera de visibilizar”.

Para Eme y Anel, como para muchos miembros de la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transgéneros e intersexuales; en inglés se coloca también la letra Q, por queer), este cambio en el lenguaje para denominar a las personas debería ser adoptado por toda –todx– la sociedad (“hasta ahora, en mi carrera como cantante se me ha violentado desde la visibilización de mi identidad: me han tratado como mujer –con el uso de los pronombres femeninos– siempre”, sostiene Eme). Si bien poseen argumentos categóricos, el suyo no es, de momento, un pensamiento masivo en el colectivo.

Javiera Arnillas va a cumplir 24 años y es una mujer trans. Desde 2018 ya no tiene que llegar antes a sus clases en la Universidad Católica –allí se está formando como actriz– para pedirle al profesor de turno que la llame por su nombre real, y no el que figura en el registro. Javiera fue una de las primeras alumnas trans de la PUCP que pudo usar el nombre que ella decidió en su documentación interna, un avance brutal en el sistema que beneficia –y beneficiará– a un grupo importante de jóvenes en dicha institución. “En la calle no me ocurre mucho, porque de alguna u otra forma el ser trans para mí ha tenido que ver con pasar como una mujer cisgénero”, indica Javiera sobre los contextos de vulnerabilidad a los que está expuesta. “Sí me pasa con el DNI o cuando me encuentro con personas que me han conocido antes”, continúa. “No saben cómo dirigirse a mí y me tratan en masculino”.

Javiera usa –y prefiere– el pronombre femenino y no el neutro, porque se identifica como una mujer trans. “El problema es con las personas que no saben dirigirse a nosotras, y es una situación muy violenta. Una mezcla entre ignorancia y el hecho de que no les da la gana de interesarse en el tema, de informarse”, añade. También es una forma de discriminación: no te insulto, pero no respeto la identidad que tienes. Ser activistas no es obligación para Javiera, Eme o Anel. Lo que mueve su causa es la necesidad de que otras personas que están pasando por la misma situación tengan un referente. Y que este sea positivo.

-MUCHO ORGULLO-

“¿Pero sigues siendo lesbiana?”, le preguntaron a Adriana Seminario –productora musical de profesión– cuando su ex novia hizo la transición para ser un hombre trans (no hubo un proceso hormonal pero sí un cambio de vestimenta, de pronombre y de nombre). Hoy lo recuerda y sonríe. “Es una constante reflexión: qué es la feminidad, qué es ser mujer en esta sociedad”, sostiene. “Y yo no solo soy mujer: soy lesbiana y gorda, pero soy cisgénero, lo cual me da privilegios que mis compañeros trans no tienen y que tengo que usar de manera responsable”, dice.

Adriana no es la única en reconocer las enormes diferencias y pendientes dentro de la propia comunidad LGBTI. Martín Cornejo es arquitecto y director de urbanismo y desarrollo urbano en el Ministerio de Vivienda. Su trabajo está orientado a planificar la ciudad con un enfoque de redistribución que evite la segregación. “Eso afecta a cualquier grupo vulnerable e involucra a la comunidad”, indica. “Ser gay es un factor de vulnerabilidad, pero la vulnerabilidad también es acumulativa. No es lo mismo ser gay que ser gay y pobre; o ser gay, pobre y migrante; o ser trans. Hay personas que por su privilegio logran vivir casi sin contacto con ambientes donde la discriminación sí es latente”, explica. “Hemos existido siempre y vamos a seguir existiendo en las sociedades”, añade la administradora y estudiante de Economía Cynthia Farfán. “Debemos valorar nuestra propia historia, a la gente que ha venido trabajando por lo que tenemos, y ayudar a quienes aún no lo tienen, como aquellos que están en provincias o zonas alejadas. Hay que salir de este círculo de violencia”.

Sandy Ruiz sabe perfectamente de lo que está hablando Cynthia. Lleva buena parte de su vida como mujer trans apoyando a poblaciones vulnerables al VIH en el país, al frente de un equipo de trabajo financiado con una subvención del Fondo Mundial. “Las mujeres trans están constantemente expuestas: por obligación o por decisión personal hacen trabajo sexual”, asegura Sandy. “Dentro de la misma comunidad son tantas las siglas que las agendas son distintas. Puedes ser muy gay, muy lesbiana, pero tienes nulo conocimiento de las necesidades trans”, añade Anel Bueno.

Conocimiento: una palabra de verdad poderosa.

-FÍSICA Y QUÍMICA- 

“Cuando hablas con niños transgénero, todos te van a decir que fueron así desde siempre”, sostiene Elmer Huerta. “Es como se identifican desde sus primeros recuerdos”. El médico peruano establecido en Estados Unidos lo explica de manera sencilla desde la ciencia: la determinación del sexo biológico, identidad de género y orientación sexual se producen desde el momento de la concepción. No se trata de construcciones sociales. “El concepto de la variabilidad es clave para entender el género. No es binario. Esto está en toda actividad humana y en la propia naturaleza. Ni siquiera la luz es binaria: no está prendida ni apagada. Hay un arcoíris de posibilidades”, continúa. “Si buscamos una raíz histórica basta con ver la mitología hindú, que tiene seres intersexuales, dioses bisexuales. Son quienes más supieron representar todo esto”, indica Huerta.

En el presente, no son necesarios mitos ni leyendas para entender la realidad. La empatía, sin embargo, sí es un buen punto de partida.

identidad de género

La orientación sexual es el sentimiento de atracción de una persona hacia otra. Es una manifestación externa, no interna (como sí lo es la identidad).

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javiera arnillas

Javiera Alejandra Arnillas Cartagena es actriz, modelo y estudia en la Facultad de Artes Escénicas de la Universidad Católica.

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“El concepto de la variabilidad es fundamental”, explica el médico y comunicador Elmer Huerta. “Lamentablemente, algunas personas que tienen una fe religiosa determinada donde se dice que el género es binario (hembra/macho) no logran entenderlo”.

identidad de genero

El año pasado, más de cinco mil miembros de la comunidad LGBTI en el Perú denunciaron haber sufrido discriminación y violencia. 1% de personas en el mundo son intersexuales –el término ‘hermafrodita’ está en desuso–, según la OMS.

“Lo que me gustaría que la gente entienda de mí es que vivo día a día luchando por la posibilidad de que lxs serxs humanxs [los seres humanos] no estemos limitadxs a los genitales con los que hemos nacido. Que entiendan que el aspecto del género, nuestras identidades y nuestros deseos son mucho más grandes que una opción A o una opción B”, finaliza Eme. “Quiénes somos no debería estar definido por qué nos ponemos, qué nos sacamos o a quién amamos”.

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La Corte Constitucional de Ecuador ya reconoció la unión civil entre personas del mismo sexo. En el Perú es una lucha pendiente, pero hay algunos cambios en la sociedad. Marcas como Uber tienen pautas para promover el respeto a la comunidad LBGT

 

Participan en este artículo: 
Maeto Cedrón: hombre cisgénero, gay.
Adriana Seminario: mujer cisgénero, lesbiana.
Javiera Arnillas: mujer trans, heterosexual.
Cynthia Farfán: mujer cisgénero, lesbiana.
Eme: género no binario, transamante y lesbianx (se lee ‘lesbiane’; no usa el género femenino).
Sandy Ruiz: mujer trans, heterosexual.
Martín Cornejo: hombre cisgénero, gay.
Anel Bueno: género no binario, pansexual (atracción sexoafectiva no condicionada al aspecto físico).

-GLOSARIO-

IDENTIDAD DE GÉNERO:
El punto de partida. La identidad –nunca ‘ideología’– de género es el sentido interno de una persona con respecto a su género. Es la manera en la que se identifica a sí mismo un individuo. No tiene por qué coincidir con su sexo biológico ni con su orientación sexual.

SEXO BIOLÓGICO:
Agrupa los aspectos físicos con los que nace una persona y que se pueden observar o comprobar (cromosomas, genitales, hormonas).

ORIENTACIÓN SEXUAL:
Es el sentimiento de atracción de una persona hacia otra. Es una manifestación externa, no interna (como sí lo es la identidad). Quienes no la experimentan en ninguna de sus formas se denominan asexuales. El término ‘opción sexual’ no se utiliza.

EXPRESIÓN DE GÉNERO:
Es la manifestación externa del género de una persona a través de su estilo de vida, lenguaje, nombre, vestimenta, peinado y accesorios, entre otros.

INTERSEXUAL:
Antes identificados como ‘hermafroditas’ (el término hoy se considera ofensivo), las personas intersexuales nacen con un trastorno del desarrollo sexual. Ello quiere decir que al momento del nacimiento es difícil determinar si se trata de un ‘hombre’ o una ‘mujer’ a través de los rasgos comunes, como genitales u hormonas. Estos pueden ir evidenciándose durante el crecimiento, sobre todo en la adolescencia.

PRONOMBRE NEUTRO:
Se refiere al cambio en el lenguaje (no implica un cambio en todo el léxico) para referirse o denominar a las personas. Se usan pronombres (‘ellx’; se lee ‘elle’), conjugaciones y terminaciones (‘maestrx’ o ‘todxs’; se leen ‘maestre’ y ‘todes’) neutros. Sin ‘a’ ni ‘o’.

TRANSGÉNERO:
Individuos –niños o adultos– cuya identidad de género (interno) no coincide con su sexo biológico (externo). Hombres que fueron asignados como mujeres al nacer, y viceversa. Suelen pasar por una transición física hacia su identidad de género, pero esta no necesariamente implica una intervención quirúrgica u hormonal. Esto último se asociaba con los transexuales (tampoco se usa ya el término), pero el concepto hoy en día incluye a todos: haya habido o no un procedimiento médico de por medio.

CISGÉNERO:
Cuando la identidad de género coincide con el sexo biológico. O, como explica el grupo, ‘cuando el nombre y la foto que sale en tu DNI te representa’. No tiene que ver con la orientación sexual: cisgéneros son hombres y mujeres heterosexuales, así como homosexuales, por ejemplo.

 

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