Fuente: Think Big/Empresas
Fundación Telefónica

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Imagen: emtic educación

A comienzos de mayo tuve ocasión de asistir en Espacio Fundación Telefónica a un interesante debate sobre el futuro de la educación. Y, aunque los expertos centraron sus reflexiones en los retos que deben afrontar escuelas y universidades, me quedo con todas sus aportaciones para incorporarlas también en el ámbito de la formación en la empresa. En la sociedad del aprendizaje nadie escapa a la necesidad de reinventarse.

Como vengo sosteniendo, el aprendizaje continuo no es una necesidad exclusiva de la escuela. Coincido con José Antonio Marina, que en su exposición afirmó que “toda persona, institución, empresa o sociedad para sobrevivir necesita aprender al menos a la misma velocidad con la que cambia el entorno. Y debe hacerlo aún más rápido si lo que quiere es avanzar”.

Se repite sin cesar que el 65 por ciento de los puestos de trabajo de la próxima década aún no existen, así que es obvio que la empresa comparte la misma duda existencial que reconoce la comunidad educativa. ¿Cómo pueden saber las organizaciones qué es lo que tienen que aprender sus empleados?, ¿cómo identificar referentes?

José Antonio Marina propone “tomar el testigo desde dentro para crear planes personalizados de formación porque la formación estándar no tiene sentido ya, ni va a resultar eficaz”.

Por ello, no me resisto a resumir en este post las claves educativas que se dieron en el encuentro, imprescindibles para construir la sociedad del aprendizaje y me permito añadir otra: una nueva cultura de la formación en las empresas.

Las “Ces” del aprendizaje

La neurociencia ha demostrado que la actividad cerebral cuando escucha es menor que cuando está dormida, así que es preciso cambiar el modo en que se enseña. No se está poniendo en práctica lo aprendido sobre cómo funcionan la inteligencia y el corazón de las personas. Un aprendizaje efectivo debe incorporar seis elementos:

La atención y la memoria como elementos indispensables

¿De dónde vienen las nuevas ideas? En el encuentro se dijo que la creatividad solo tiene dos ingredientes: biología y memoria y que no somos capaces de pasar de la premisa a la conclusión si no interviene la memoria. Por muy inteligente que uno sea, sin memoria no hace nada. Y del mismo modo que incorporar apps en un móvil no cambia su potencia, pero sí su capacidad operativa, se razona con los datos y las herramientas que “se cargan en la memoria”.

Hay una memoria “de trabajo” que en tiempo real resume lo que observamos para poder almacenarlo y también es la que “busca” en los archivos de la memoria a largo plazo para facilitar la comprensión y la que se encarga de resolver problemas en base a experiencias y patrones. Si bien cada uno almacena según sus intereses y creencias, es importante entender que encontraremos más fácilmente algo cuantos más caminos nos lleven a ello, de modo que debemos aprender a integrar los contenidos en redes con múltiples claves de recuperación.

Al memorizar liberamos energía en funciones ejecutivas, lo que aumenta nuestra capacidad para la creatividad y el ingenio.

Debemos aprender a aprender

La buena noticia es que, si bien cada uno aprende a su modo con capacidades que dependen de su herencia biológica, de su entorno, de las herramientas y estímulos de que dispone, la capacidad de aprender se puede ampliar.

Dicen que adornaba la fachada de la Academia fundada por Platón un lema que era toda una declaración de intenciones: “Aquí no entra nadie que no sepa geometría”. Hoy, en cambio, en la home de la página web de la Academia Khan (es decir, en su “fachada” digital) el lema es: “Solo tienes que saber que puedes aprender cualquier cosa”. Es la filosofía de la sociedad del aprendizaje.

Con Internet es posible aprender de todo y de todos constantemente. Lo importante es dejar de buscar referentes que nos marquen el camino y tomar de modo autodidacta las riendas de nuestro aprendizaje, en lo que José Antonio Marina califica de “un acto de soberbia educativa”.

Ni la sociedad ni la empresa saben hoy qué es lo que hay que enseñar así que hay que pensar sobre ello, investigar, probar… La receta para poder hacerlo nuevamente nos la ofrece Marina y es bien simple: hay que controlar las emociones, focalizar la atención, mantener el esfuerzo y ejercitar la memoria. Aprended a aprender y desaprender, en definitiva, cuando haga falta. Es una exigencia en la sociedad del aprendizaje.

Ayer mismo José María Álvarez-Pallete, presidente de Telefónica, se refería a la necesidad de “aprender a reinventarnos constantemente” durante su intervención en la presentación de 42 Madrid, la escuela de programación más innovadora y exitosa del mundo. Fundación Telefónica implanta en España este concepto pedagógico revolucionario, una oportunidad única para una formación integral en las habilidades y competencias digitales que demanda en este momento el mercado laboral.

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