Fuente: La República

“El contexto del habla de Bruce estaba impregnado de desprecio por un hombre que completó una plancha” 

No voy a centrarme en lo que dijo Carlos Bruce porque la respuesta que le ha dado la congresista Tania Pariona es un tacle en la boca. Pero sí voy a hablar, con toda la indignación que me dan mis años de transgredir y luchar contra las múltiples discriminaciones, de los hombres blancos de este periódico con el que colaboro hace 12 años. Víctor Hurtado, a quien ellos respetan por su “prosa exquisita”, ha perpetrado una columna con una serie de falacias que maquilla como si fueran banderas de la racionalidad y del progresismo ilustrado. Y Augusto Álvarez Rodrich le ofrece cortésmente su columna. De arranque: sus propuestas están enquistadas en un eurocentrismo de viejo cuño con tufillo machista. Segundo: el racismo de Bruce no se centra en decir que Vizcarra es un provinciano, sino en “usarlo como cuota” de los blancos en la plancha. El contexto del habla de Bruce estaba impregnado de desprecio por un hombre que completó una plancha. Hurtado simplemente acota “decir la verdad no es racismo” y no se refiere al peligroso contexto de la frase. Ergo, la saca de contexto y cierra su debate, con el autoritarismo de su “prosa exquisita”.

Tercero: lo que le interesa a Hurtado es extrapolar, y de nuevo, arremeter contra el feminismo (los hombres blancos y criollos y cholos sonríen) y sostiene que pedir cuotas de mujeres es vincular la política con la biología encaramándose en una supuesta racionalidad ilustrada. A ver, Hurtado, deberías leer a un intelectual francés llamado Michel Foucault, que acuñó el concepto “biopolítica” y que precisamente habla de cómo el poder, y el Estado, usan la política para control de los cuerpos; otro intelectual, Giorgio Agamben, pone como el mejor ejemplo de la biopolítica a los campos de exterminio (y ninguno es feminista, por si acaso). La biopolítica produjo la muerte de millones: esos cadáveres existen. Otro asunto biopolítico son las esterilizaciones forzadas que en nuestro país perjudicaron a miles de mujeres indígenas e iletradas. ¿Importan o no importan esos cuerpos marrones?

¿Cómo evitar el control biopolítico? Visibilizando lo que parece invisible a los ojos de los hombres blancos: que los cuerpos importan para la política y no solo “los caracteres y las ideas”.  ¡Porque las ideas se encarnan y no flotan en el cerebro de un hombre calvo!

(PD: increíble que aar le dé su columna a Hurtado para que llame a Gabriela Wiener “hembrista”. Mi solidaridad con ella).

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