Fuente: Noticias SER


Foto © Luisenrrique Becerra | Noticias SER

Recientemente fuimos testigos del paro agrario, realizado el 13 de mayo,  convocado a nivel nacional, y que desde los medios de comunicación de la capital fue satanizado, como una manera de deslegitimar la lucha del agro, aprovechando la poca sensibilidad de la ciudadanía sobre un sector que sufre el olvido del Estado durante muchísimo tiempo.

El paro agrario tuvo como plataforma de lucha el diseño de una política agraria con prospectiva en el Perú, la reivindicación del agro y la seguridad alimentaria, una agricultura sostenible e inclusiva y la implementación de fondos a través de una ley a la agricultura familiar.

Según fuentes de transparencia económica la ejecución del presupuesto de las Direcciones Regionales Agrícolas, no supera el 30%  de ejecución de gasto en la mitad de las regiones. En el Cusco, la ejecución es de un 24.7%, y lo que llama la atención es que más allá de la ejecución de proyectos, gran parte del presupuesto se destina a un personal administrativo que no muestra resultados. La cosa se agrava cuando vemos la falta de articulación del gobierno nacional con los gobiernos regionales, y la pobreza de la oferta político-electoral en referencia al agro.

Cabe resaltar que la actividad agrícola aun es la base de la economía y fuente principal de los ingresos de más del 34% de los hogares peruanos, y no olvidemos que la mayoría agricultores se ubican en la sierra, que es donde encontramos a las regiones más pobres del país.

Por ello, mientras el agricultor siga siendo pobre, no tengan acceso a los servicios básicos como agua y desagüe, o una mala educación, y no se resuelva la carencia de agua de riego o los problemas de precios y comercialización de los productos, seguiremos en el mismo círculo de pobreza.

Estando cerca a que se cumplan 50 años de la fallida reforma agraria de Velasco,  no se ha vuelto a mirar al agro como un elemento clave de las políticas de estado, ni existe política agraria nacional o regional, es claro que persiste una deuda de la sociedad y el estado para con nuestros hermanos campesinos y agricultores.

Es preciso romper con estas brechas de desigualdad, y dudo mucho que vaya a lograrse teniendo a un Ejecutivo que solo se acuerda del agro cuando este se moviliza, bloquea carreteras o tiene que marchar a las ciudades para dar a conocer sus justos reclamos y para hacernos recordar que es la pequeña y mediana agricultura la que produce los alimentos que la gran mayoría de peruanos y peruanas consume a diario. Sin embargo esperemos que el diálogo entre los gremios agrarios y el gobierno de frutos, de lo contrario en menos de dos meses, volveremos a ver a los agricultores y campesinos movilizados.

 

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