Fuente:  Educared

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Algunos autores, como Klaus Schwab, han argumentado que hemos entrado recientemente a la cuarta revolución industrial. Como se sabe, la primera estuvo vinculada al uso de la máquina de vapor como una fuente de energía en diversas industrias, como la textil y de ferrocarriles, y abarcó la última parte del siglo XVIII y parte del XIX. La segunda revolución industrial se vinculó al uso de energía eléctrica en la producción en masa y en el desarrollo de muchos inventos, como el teléfono, foco de luz y motor de combustión eléctrica; se desarrolló durante la última parte del siglo XIX y parte del XX. La tercera revolución industrial se vincula al uso de una variedad de dispositivos tecnológicos, incluyendo la computadora, que permiten realizar procedimientos que anteriormente eran sumamente complejos en poco tiempo; abarcó la última parte del siglo pasado. Finalmente, …

la cuarta revolución industrial se refiere a los recientes avances tecnológicos, incluyendo el uso de internet, para el desarrollo de nuevas herramientas como la robótica, inteligencia artificial, biotecnología, impresión 3d y vehículos autónomos. La cuarta revolución industrial es a menudo definida como “el internet de las cosas”, refiriéndose a la interconectividad que esta herramienta permite.

Como las anteriores revoluciones industriales, la cuarta supone mejoras en la productividad, pero también retos para la forma en que vivimos. El primer reto obvio tiene que ver con el trabajo. Así, una multiplicidad de empleos que antaño se hacían manualmente, están siendo gradualmente reemplazados por tecnología vinculada a internet. Un ejemplo de la vida diaria que se ve en otros países, pero no llega aún al Perú es máquinas eléctricas para codificar y cobrar productos en supermercados (aunque sí se pueden ver estas maquinas en otros establecimientos, como por ejemplo algunos cines). Cuando lleguen al Perú, se tendrán cada vez menos personas haciendo cobros en los supermercados. Los expertos suelen estimar sin embargo que la pérdida de trabajos será mayor entre las personas con menos educación y no debería afectar tanto a las personas con educación superior, sobre todo a los que pueden demostrar pensamiento crítico, creatividad y habilidad para trabajar en equipo, es decir demostrar aquello que las computadoras e internet no han logrado.

Como se desprende de lo anterior, la cuarta revolución industrial supone una serie de retos para los educadores. El principal tal vez sea la necesidad de adquirir habilidades para continuar aprendiendo a lo largo de la vida. Por ejemplo, a todos nos ha pasado que sale una nueva versión de software en la computadora o modelo de celular, y debemos dejar nuestros hábitos para aprender nuevos procedimientos. En otros casos, algunos conocimientos que aprendimos sobre historia o el medio ambiente se han demostrado obsoletos o errados. En suma, lo que aprendimos en la escuela, universidad o instituto no dura para toda la vida, como antaño; para superarnos profesionalmente, debemos seguir aprendiendo.

En segundo lugar, la cuarta revolución industrial implica que los conocimientos, valores y habilidades que se deben fomentar en educación varían respecto de las tradicionales. Así, por ejemplo, el aprendizaje memorístico no tiene mayor sentido en la educación actual, pues a través de internet se obtiene mucha información. Lo que se busca actualmente con muchos instrumentos a escala internacional es que los estudiantes aprendan habilidades vinculadas al aprendizaje a lo largo de la vida mencionado antes. Esto supone por ejemplo adquirir habilidades cognitivas como planificación, resolución de problemas y, por supuesto, habilidades en el uso de tecnología e internet. A nivel social, se espera que los estudiantes aprendan a trabajar eficientemente en equipos. A nivel ético, los estudiantes deben conocer normativas vinculadas al país, los derechos humanos y pensar crítica e informadamente para emitir juicios y actuar de manera ética en diversas situaciones (algunas de las cuales seguramente no se conocen ahora; en otras palabras la cuarta revolución industrial nos seguirá planteando retos acerca de lo que es moral). Lo anterior no significa que la memoria deje de ser importante; desarrollar tanto la memoria a largo plazo como la de trabajo es clave para poder seleccionar y procesar la inmensa cantidad de información disponible. Por último, lo anterior tampoco implica que los estudiantes deben dejar de aprender contenidos académicos vinculados a las áreas del currículo, como matemática, lectura, ciencias y artes, por mencionar algunas. El énfasis sin embargo no debe estar en lo que llamamos tradicionalmente “aprendizaje de paporreta”, sino en aprendizajes que contribuyan al desarrollo personal y profesional, como los que se prevén en el currículo.

En tercer lugar, ya que se ve la irrupción de computadoras e internet en todos los aspectos de la vida, se deduce que crecientemente será necesaria usar estas herramientas en los salones de clase. Sin embargo, cómo usarlas no queda del todo claro. Alrededor del mundo, múltiples estudios muestran que simplemente dotar las aulas con tecnología es por un lado costoso y por otro no lleva a incrementos significativos en el aprendizaje. Las sugerencias a partir de estos estudios se orientan hacia planificar cuidadosamente las sesiones de aprendizaje, incorporando la tecnología como una herramienta. Algunos autores han llamado a lo anterior uso guiado de la tecnología[1].  En el uso guiado se define con claridad el área curricular que se va a trabajar (o una combinación de varias áreas), el software vinculado a estas áreas que se va a utilizar y el tiempo semanal de uso de la tecnología. Por lo demás, hay abundantes estudios que muestran que la retroalimentación a los estudiantes es muy útil para seguir aprendiendo y la tecnología permite hacer esto de manera inmediata.

Finalmente, durante la cuarta revolución industrial se espera que lleve a mayor flexibilidad en cuanto a los lugares donde se aprende, pasando de un aprendizaje centrado principalmente en las instituciones educativas (escuela, instituto, universidad) a uno en el que existen múltiples oportunidades de aprendizaje en ambientes no institucionales, como por ejemplo los cursos disponibles en internet (muchas veces de manera libre). Crecientemente se hacen populares además las oportunidades para el desarrollo profesional como parte del mismo trabajo.

En el Perú, así como observamos inequidad en el sistema educativo en general, observamos inequidad en el acceso y uso de computadoras e internet y en las habilidades vinculados al mundo digital. Esto es lo que se denomina la “brecha digital”. Afortunadamente, el currículo nacional vigente incluye temas de tecnología y educación, más que su antecesor. Así, por ejemplo, en el perfil de egreso se menciona: “El estudiante aprovecha responsablemente las tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) para interactuar con la información, gestionar su comunicación y aprendizaje.” De manera complementaria, la competencia 28 menciona: el estudiante “se desenvuelve en los entornos virtuales generados por las TIC.” Esta competencia incluye cuatro capacidades: A. Personaliza entornos virtuales. B. Gestiona información del entorno virtual. C.  Interactúa en entornos virtuales. D. Crea objetos virtuales en diversos formatos. Al finalizar la secundaria, se espera que los estudiantes hayan logrado el nivel 7 del estándar de aprendizaje: “Se desenvuelve en los entornos virtuales cuando interactúa en diversos espacios (como portales educativos, foros, redes sociales, entre otros) de manera consciente y sistemática administrando información y creando materiales digitales en interacción con sus pares de distintos contextos socioculturales expresando su identidad personal.” Se trata sin duda de una meta ambiciosa, dado el escaso uso y los bajos niveles de habilidades digitales que se han observado en los estudiantes en algunos estudios en el Perú. Sin embargo, hacia esta meta se debería apuntar desde el inicio de la escolaridad.

La cuarta revolución industrial está aquí para quedarse, impactando en todas las dimensiones de la vida, incluyendo la educación. Así, los docentes de todos los niveles tendrán que encontrar formas de incorporar las herramientas digitales en su trabajo pedagógico cotidiano. Esto no significa poner la tecnología por delante de la pedagogía, sino ponerla a su servicio. Las formas en que esto se haga pueden ser variadas. Al respecto, me gustaría leer comentarios y ejemplos prácticos realizados por los docentes del país.

[1] Ver por ejemplo Arias Ortiz, E., & Cristia, J. (2015). El BID y la tecnología para mejorar el aprendizaje: ¿Cómo promover programas efectivos? NOTA TÉCNICA # IDB-TN-670

Santiago Cueto es Licenciado en Psicología Educacional por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Doctor en Psicología Educacional por la Universidad de Indiana, Estados Unidos. Actualmente es Director Ejecutivo e Investigador Principal de GRADE, es miembro del Consejo Nacional de Educación y profesor de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha sido consultor de organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). En el 2018, fue condecorado por el Ministerio de Educación con las Palmas Magisteriales en el grado de Amauta.

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