Fuente: Kamchatka

Elecciones en España…

Dicen que a media madrugada, cuando ya han cerrado todos los bares y la fiesta parece haber terminado, los últimos borrachos caminan por las calles en busca de algún refugio donde continuar los tragos. Y dicen también que entonces, antes de que brille el primer sol del día, se abren a escondidas las puertas de los afters. Allí la bebida es más cara, la luz es más oscura y el aire es más irrespirable. Pero a los últimos borrachos les da lo mismo porque ya no tienen más propósito que mantenerse en pie y cultivar la ilusión de que la fiesta persiste. Así que nuestros intrépidos guerreros de la noche se instalan en la esquina más sórdida del after y se tambalean abrazados entre sí, cada vez más eufóricos y aturdidos, prolongando a duras penas su ebriedad y su espejismo.

Algo parecido nos sucede con la fiesta de la democracia. Durante la campaña, los candidatos pasean sus sonrisas por todas las pantallas y nos reclaman el voto y reparten promesas que no pueden cumplir. Después llegan las urnas y cantan los resultados y la democracia cierra la persiana hasta dentro de cuatro años. Ahora que los colegios electorales por fin han echado la llave, los yonquis de la política deambulan en busca de algún after y terminan enredados entre rondas de contactos, pactos a puerta cerrada, investiduras y acuerdos de gobierno. El pasteleo poselectoral huele a tugurio de media madrugada donde la democracia de ayer ya no es más que un torpe simulacro. Para entonces ya solo nos queda la resaca y un inoportuno dolor de cabeza.

AHORA QUE LOS COLEGIOS ELECTORALES POR FIN HAN ECHADO LA LLAVE, LOS YONQUIS DE LA POLÍTICA DEAMBULAN EN BUSCA DE ALGÚN AFTER Y TERMINAN ENREDADOS ENTRE RONDAS DE CONTACTOS, PACTOS A PUERTA CERRADA, INVESTIDURAS Y ACUERDOS DE GOBIERNO

Por ahora, parece que el espantajo del trifachito se deshincha en medio del batacazo pepero, la crecida de Ciudadanos y la irrupción de Vox. El partido de Pablo Casado no ha sido capaz de amortizar su viraje ultra y pierde más de la mitad de sus diputados. De sus 137 escaños solo sobreviven 66. El overbooking de siglas derechistas ha despejado el centro del tablero y el PSOE ha devorado los restos. Casado naufraga y acelera la bancarrota de los inquilinos de Génova, que van en caída libre desde que Rajoy abandonó la Moncloa a trompicones y empapado de corrupción. Sí levanta cabeza, en cambio, el partido de Albert Rivera. La formación naranja asciende de 32 a 57 diputados y se convierte en tercera fuerza con un discurso cada vez más alineado con la derecha. Por su parte, Vox se estrena en el Congreso con 24 diputados, muy lejos de los resultados disparatados que le pronosticaban todas las encuestas.

Pedro Sánchez ha obrado el milagro y ha rescatado de la ruina a un PSOE que parecía condenado al abismo. Los 85 escaños de 2016 se han transformado en 123 diputados en los comicios de ayer. Hace unos pocos años, cuando Podemos pujaba por asaltar los cielos, los titulares hablaban de sorpasso y el derrumbamiento del PASOK en Grecia auguraba un situación gemela para el PSOE. Los regates de Sánchez se estudiarán en las facultades. En poco tiempo, pasó de ser un líder defenestrado a recuperar el timón del partido y sacarlo a flote cuando nadie daba un duro por él. El crecimiento del PSOE, además, es paralelo a la quiebra de Unidas Podemos.La coalición morada pasa de 71 a 42 diputados y se achica entre llamadas al voto útil contra la extrema derecha. Al fin y a la postre, ha sido Sánchez y no Iglesias quien ha cosechado los réditos de un año escaso de gobierno.

Completan el puzzle parlamentario las formaciones catalanas y vascas. ERC obtiene unos resultados espectaculares y pasa de 9 a 15 diputados. En esta próxima legislatura, la formación de Junqueras conformará un bloque de 20 diputados junto a EH Bildu, que pasa de 2 a 4 escaños. Junts per Catalunya, por su parte, se planta en las Cortes con 7 diputados y queda un escaño por debajo de los 8 representantes que tenía CDC. Con 6 escaños, el PNV gana un diputado y se sitúa como primera fuerza vasca. Al menú de siglas hay que sumar, además, los dos diputados de CC, los dos de UPN —bajo la sigla NA+—, el escaño de Compromís y el novedoso diputado del PRC.

LA SUMA DE PSOE Y CIUDADANOS, QUE EN 2015 ERA RAQUÍTICA Y CIRCUNSTANCIAL, SUMA AHORA UNA HOLGADA MAYORÍA ABSOLUTA QUE PODRÍA DAR AL TRASTE CON LAS ASPIRACIONES PROGRESISTAS DE IGLESIAS

En el after de la democracia, donde se cocinan los pactos, la aritmética arroja un panorama generoso en posibilidades. Eso sí, cada cual más complicada. “¡Con Rivera no!”, le espetaban sus seguidores a Pedro Sánchez en la noche mágica de Ferraz. Cómo será este PSOE que ni sus propios fieles se fían. La suma de PSOE y Ciudadanos, que en 2015 era raquítica y circunstancial, suma ahora una holgada mayoría absoluta que podría dar al traste con las aspiraciones progresistas de Iglesias. Ni Sánchez ni Rivera parecían por la labor durante la campaña. Por suerte, hace tiempo que nos hemos curado de espanto y sabemos que las peleíllas electorales tienen mucho de afectación y de teatro. PSOE y Ciudadanos ya han sido capaces de ponerse de acuerdo para organizar un gobierno y sus programas están lejos de ser antagónicos.

Los números abren paso a otra opción. Después de todo, los partidos que sostuvieron en 2018 la moción de censura contra Rajoy suman ahora una mayoría creciente y holgada. Aquí es donde entra en juego la variable catalana y la voluntad de ERC en un tiempo de presos políticos y agotamiento del procés. Por un lado, Pedro Sánchez ha sido categórico en contra de cualquier forma de referéndum que desatasque el nudo independentista. Por otra parte, la entente vascocatalana de Ahora Repúblicas se enfrenta a la disyuntiva de sostener a un PSOE que todavía huele a 155. Entretanto, la discusión parlamentaria se prevé intoxicada por las presiones extremaderechistas y el dedo acusatorio de los casados, los riveras y los abascales.

Porque es verdad que el trifachito ha pinchado. Y es cierto que los maromos de Vox se han comido un buen gatillazo. Pero estamos muy lejos todavía de descorchar botellas de cava. Porque si algo ha mostrado la experiencia europea es que la ultraderecha no necesita gobernar para imponer su agenda de odio y generar debates falsos en torno a derechos elementales que creíamos intocables. Los medios del IBEX 35, con su blanqueo programado de Vox, han conseguido derechizar el debate público hasta tal extremo que incluso un partido tan apegado al régimen como el PSOE nos parece un alivio aceptable. El PSOE de la monarquía, de las puertas giratorias, de las reformas laborales y los rescates a la banca se alza ahora, por obra y gracia de Vox, como un elixir de progreso. Y así nos luce el pelo.

LA ULTRADERECHA NO NECESITA GOBERNAR PARA IMPONER SU AGENDA DE ODIO Y GENERAR DEBATES FALSOS EN TORNO A DERECHOS ELEMENTALES QUE CREÍAMOS INTOCABLES.

Hubo un tiempo no muy lejano en que creímos que el bipartidismo estaba a punto de derrumbarse. Hoy parece que nos conformamos con nada. Y aquí estamos otra vez, como borrachos en la madrugada. Nos han cerrado todos los bares y cualquier after nos sirve. Lo que sea con tal de prolongar el simulacro. Sentir que la fiesta de la democracia continúa y que una vez más hemos ganado. La bebida es más cara y nuestros amigos se ven cada vez más borrosos pero nos sentimos a salvo. Se nos olvida que en algún momento habrá que salir a la calle. Entonces la luz nos golpeará los ojos de buena mañana y ahí fuera seguirán el paro y los desahucios y una banca que nos roba y una justicia que no es justa y manadas de ultras campando a sus anchas en horario de máxima audiencia. En algún momento habrá que abandonar el after. Y entonces, amigas y amigos, la hostia de realidad será antológica.

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