Fuente: MediaLabUNMSM


Imagen: medialabunmsm

El día no estaba decidido aún, pero parece que sabía que debía hacerlo.

Por: Shanna Taco Loayza, Bruno Amoretti Aliaga, Frank Capuñay Laynes

Al redactar una noticia que aborda el tema del suicidio, los periodistas saben que se trabaja con la idea prefijada de que este tipo de información sirve como ejemplo negativo, pues provocan conductas imitativas, por ello la tarea de informar sobre estos acontecimientos requiere de tino por parte de los medios, aseguran los autores Agustín Olmo y  Diego García (2013); en ese sentido surge la pregunta ¿cómo trató la prensa peruana el suicidio de Alan García Pérez?

La prensa masiva tiene grandes posibilidades al cubrir un suceso: puede utilizar su llegada al público para informar desde lo más trascendental del hecho hasta lo más trivial de este. A lo largo de los agitados días se abordaron diferentes interrogantes, empezando por el futuro de las investigaciones que se seguían en contra de García en el caso Odebrecht, y terminando por el camposanto en el que se depositarían sus restos. Sin embargo, la pregunta más abordada fue: ¿quién o quiénes son los responsables de su muerte? Para resolver esta cuestión, los medios se dedicaron a recoger declaraciones de cuantos personajes mediáticos pudieron.

Los reporteros no quisieron desperdiciar ninguna oportunidad: nuevos y antiguos personajes del ámbito político atrajeron la atención de la prensa. El protagonismo —con cierto morbo— lo obtuvieron las controvertidas declaraciones de distintos políticos, pues estas ocuparon las portadas de los diarios físicos y digitales; además, fueron transmitidas y retransmitidas en radio y televisión.

Declaraciones de los partidarios del APRA y su cobertura

Las redes sociales estuvieron más que activas en aquella semana convulsa. En Twitter —espacio donde a veces la libertad de expresión se torna en libertinaje—, con su ya típica altivez, el excongresista Gonzales Posada sentenció: «Alan no se quitó la vida, sino que entregó su vida para liberar al partido de la campaña de calumnias que, utilizándolo [sic], pretendía destruirnos». No conforme, declaró a los medios internacionales: «Hay que estar siempre atentos de algunas formas escondidas de golpe de Estado… Mañana pueden detenerme a mí o mi mujer, diciendo el fiscal Pérez que como somos amigos de Alan García podemos tener algún tipo de documento. Abuso y atropello de la justicia».

Si bien se debe guardar respeto y consideraciones con la familia, esto no debe ser aprovechado para engrandecer la figura del suicido, y más aún por el contexto en el que se dio. ¿Realmente existe la dignidad y la honra en el balazo del miércoles 17 de abril? Compartimos el acertado comentario de Daniel Parodi, historiador de la PUCP, extraído de una entrevista para la edición del semanario Hildebrandt en sus Trece (19.04.19): «Lo que me pregunto es cómo va a recordar la historia este acto y cómo se va a enseñar en la escuela algo tan brutal, algo tan dramático como el suicidio. ¿Cómo el colofón de la carrera de un animal político?».

¿Qué ocurrió?

La prensa dio cabida a todo tipo de declaraciones, pero poco le interesó el delicado tema de trasfondo: el suicidio. Álvaro Valdivia, director de Sentido – Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio, en una entrevista para la revista Somos (20.04.19) aseguró que este no es un tema fácil de conversar. Reveló algo trascendental: “Solo esta mañana hemos respondido por Facebook a más de diez personas con riesgo suicida que han entrado en crisis por lo sucedido con el expresidente Alan García… La gente no lo sabe, o no lo nota, pero muchas veces el suicidio, sobre todo de personajes públicos o famosos, genera un peligroso contagio psicológico.”

Este “contagio psicológico” resulta preocupante debido a la ligereza del tratamiento de lo acontecido. Partidarios apristas y allegados al exmandatario invitaron a la reflexión, pero, ¿reflexión de qué?, ¿de la persecución política? Este lamentable suceso debe servir para abordar el tema de salud emocional y no ser aprovechado para intereses políticos. Ya mucho se ha hablado de los supuestos culpables, sin embargo, muy poco se ha abordado el tema de la salud mental del alguna vez denominado Caballo Loco. Muchas fueron las declaraciones, muchos fueron los acusados de culpables, muchos simpatizantes enfurecidos, muchos miembros de la familia lloraron su partida; pero hubo un solo responsable en jalar el gatillo: Alan García.

Las redes sociales estuvieron más que activas en aquella semana convulsa. En Twitter —espacio donde a veces la libertad de expresión se torna en libertinaje—, con su ya típica altivez, el excongresista Gonzales Posada sentenció: «Alan no se quitó la vida, sino que entregó su vida para liberar al partido de la campaña de calumnias que, utilizándolo [sic], pretendía destruirnos». No conforme, declaró a los medios internacionales: «Hay que estar siempre atentos de algunas formas escondidas de golpe de Estado… Mañana pueden detenerme a mí o mi mujer, diciendo el fiscal Pérez que como somos amigos de Alan García podemos tener algún tipo de documento. Abuso y atropello de la justicia».

Si bien se debe guardar respeto y consideraciones con la familia, esto no debe ser aprovechado para engrandecer la figura del suicido, y más aún por el contexto en el que se dio. ¿Realmente existe la dignidad y la honra en el balazo del miércoles 17 de abril? Compartimos el acertado comentario de Daniel Parodi, historiador de la PUCP, extraído de una entrevista para la edición del semanario Hildebrandt en sus Trece (19.04.19): «Lo que me pregunto es cómo va a recordar la historia este acto y cómo se va a enseñar en la escuela algo tan brutal, algo tan dramático como el suicidio. ¿Cómo el colofón de la carrera de un animal político?».

La prensa dio cabida a todo tipo de declaraciones, pero poco le interesó el delicado tema de trasfondo: el suicidio. Álvaro Valdivia, director de Sentido – Centro Peruano de Suicidología y Prevención del Suicidio, en una entrevista para la revista Somos (20.04.19) aseguró que este no es un tema fácil de conversar. Reveló algo trascendental: “Solo esta mañana hemos respondido por Facebook a más de diez personas con riesgo suicida que han entrado en crisis por lo sucedido con el expresidente Alan García… La gente no lo sabe, o no lo nota, pero muchas veces el suicidio, sobre todo de personajes públicos o famosos, genera un peligroso contagio psicológico.”

Este “contagio psicológico” resulta preocupante debido a la ligereza del tratamiento de lo acontecido. Partidarios apristas y allegados al exmandatario invitaron a la reflexión, pero, ¿reflexión de qué?, ¿de la persecución política? Este lamentable suceso debe servir para abordar el tema de salud emocional y no ser aprovechado para intereses políticos. Ya mucho se ha hablado de los supuestos culpables, sin embargo, muy poco se ha abordado el tema de la salud mental del alguna vez denominado Caballo Loco. Muchas fueron las declaraciones, muchos fueron los acusados de culpables, muchos simpatizantes enfurecidos, muchos miembros de la familia lloraron su partida; pero hubo un solo responsable en jalar el gatillo: Alan García.

Cabe recordar que, en el año 2001, el programa “El Francotirador” de Jaime Bayly difundió datos de “información clínica” del expresidente. Esta averiguación aseguraba que García padecía de «esquizofrenia maniaco-depresiva» incurable desde 1979. Si bien esta información fue posteriormente desmentida, el historial clínico del denominado “héroe” debe ser tomado en cuenta. Esto no con el fin de exponer al fallecido presidente, sino para evitar caricaturizar el hecho.

Preferir la muerte antes que la cárcel devela un pensamiento interno que no iba a favorecer a nadie más que a él. “Alan García ha muerto”, titulaban los medios internacionales con mesura. Ha muerto acorralado por la justicia, en el marco de una detención preliminar, consciente de que la verdad —la tan deseosa verdad— estaba muy cerca de revelarse. Si en reiteradas oportunidades afirmó su inocencia, ¿por qué huyó del proceso que lo absolvería? Aunque suene doloroso para la historia de quien fue dos veces presidente de nuestro país,  no se trató de un acto digno de admiración, al contrario, el suicidio no debe ser visto como una acción que deba ser emulada. Según la RAE, heroísmo implica una acción abnegada en beneficio de una causa noble; en ese sentido, por más que la prensa siga dando tanta cobertura a las declaraciones de su familia o simpatizantes, lo cierto es que aquí ningún héroe ha nacido.

Este tipo de situaciones no deben ser aprovechadas para confundir a la ciudadanía y dar cabida a la creación de erróneas situaciones heroicas. Es imprescindible exigir un mejor tratamiento de temas tan delicados como lo es el  suicidio.

Referencias:

Olmo López, Agustín; García Fernández,Diego. El tratamiento de las noticias sobresuicidios. Una aproximación a su reflejo en los medios de comunicación (2013). Ver en:http://revistas.ucm.es/index.php/ESMP/article/view/47056/44127

Semanario Hildebrandt en sus Trece (19.04.19)

Autores:

Shanna Taco Loayza: shanna.taco@unmsm.edu.pe

Bruno Amoretti Aliaga: bruno.amoretti@unmsm.edu.pe

Frank Capuñay Laynes: frank.capunay@unmsm.edu.pe

@MediaLabUNMSM

Lima, 26 de abril de 2019

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