Fuente: La República

El Congreso es hoy un foco infeccioso de impunidad. Es el paraíso en la tierra que disfrutan los trabajadores fantasmas de Mauricio Mulder y Jorge del Castillo.

Este diagnóstico tiene una sólida base. Lo fundamenta el apartamiento del juez Richard Concepción Carhuancho del caso Lava Jato, seguido poco tiempo después por un cambio en la correlación de fuerzas en el Poder Judicial y una relativa recuperación del fujimorismo en el Congreso que permitieron que la impunidad volviera a enseñorearse, comenzando con el escandaloso blindaje al fiscal supremo Pedro Chávarry, a pesar de haber sido visto por todo el país asaltando una oficina lacrada para robar evidencias de sus relaciones con Fuerza Popular.

El Congreso es hoy un foco infeccioso de impunidad. Es el paraíso en la tierra que disfrutan los trabajadores fantasmas de los parlamentarios Mauricio Mulder y Jorge del Castillo, que no trabajan pero cobran puntualmente cada mes, de los sentenciados a prisión por el Poder Judicial que han encontrado un santuario en el Congreso gracias al apoyo de la bancada aprofujimorista, de los intentos de sabotaje a las investigaciones del caso Lava Lato, y de inconductas varias, como las de los mañositos que periódicamente son puestos en evidencia.

¿Ha terminado, sin embargo, la lucha contra la corrupción? Partamos de que esta supuso un profundo cambio en las sensibilidades populares, que durante las últimas décadas tenían una amplia tolerancia hacia la corrupción, plasmada en el famoso lema: “Roba, pero hace obra”. De repente, desde fines del 2017 y a lo largo del año 2018, se produjo una reacción popular contra la corrupción cada vez más grande, que culminó con la jornada del Año Nuevo del 2019, con miles de ciudadanos en las calles, cantando el himno nacional a medianoche y frustrando los intentos de Chávarry de apartar a los fiscales Pérez y Vela del caso Lava Jato. La ausencia de movilizaciones populares importantes después de esta jornada ha sido leída como la evidencia del agotamiento de la lucha contra la corrupción. Pero no hay movilización que pueda mantenerse indefinidamente en el tiempo; esta es por definición un momento de excepción. Añádase la normal desmovilización política del verano.

A mi manera de ver, lo que verdaderamente interesa es saber si se produjo un cambio de mentalidades, como parece indicarlo la súbita politización que se experimentó, con personas autoasumidas como ciudadanos conscientes, que seguían atentamente el despliegue del proceso judicial, interesándose por entender los mecanismos de la justicia, convirtiendo las audiencias judiciales del programa televisivo Justicia Viva en un éxito de rating, e identificándose en una frase que condensaba un estado de ánimo completamente nuevo: “Nos han devuelto la esperanza”.

La reciente publicación de evidencias del financiamiento de Odebrecht a la campaña de Alan García del 2006 (el único que recibió financiamiento) es un preludio de lo que debe sobrevenir cuando empiece a hablar Jorge Barata el próximo 22.

Esperemos a que la gorda dé el Do de pecho antes de anunciar que la ópera ha terminado.

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