Fuente: La República

Francesca Denegri
RUMBO. Catedrática de la PUCP y estudiosa de los temas de violencia contra la mujer, Francesca Denegri señala que, llegando al Bicentenario, serán los temas de género y memoria los que definirán el nuevo rumbo a tomar. Créditos: Jorge Cerdán

“La gran figura de la conquista fue la violación”

Profesora Principal en el Departamento de Humanidades de la PUCP. Directora de la Maestría en Literatura Hispanoamericana. Doctora en Estudios Hispánicos por el King’s College de la Universidad de Londres.

Su participación, junto a otras académicas, en el Encuentro de Mujeres Escritoras ICPNA 2019, fue un lleno total. ¿El tema? El Bicentenario y el sueño republicano, de los que más apasionan a Francesca Denegri, al igual que la literatura y las reivindicaciones femeninas. De todo eso se habló en las penumbras de su oficina en la PUCP. Sí, penumbras, porque, de tan concentradas en la charla, ambas, entrevistadora y entrevistada se olvidaron de encender la luz.

El 2021 coinciden una nueva elección presidencial y el Bicentenario. ¿Qué reflexión te suscita?

Lo primero sería pensar en un un futuro gobierno, donde las políticas de género, que han venido fortaleciéndose en los últimos cinco años, tengan su expresión más plena. Estamos en un buen momento con el primer gabinete paritario en la historia, y lo interesante sería ver si, de ahí, podría salir una figura presidenciable femenina.

Pero el gabinete paritario tuvo críticos que decían: ¿para qué paridad si solo debe haber meritocracia?

¿Salvador del Solar se está comprando el tema de la equidad de género, con lo que significa en confrontación con fuerzas conservadoras?

Así es. Creo que ese pleito sí que se lo come Salvador del Solar. Y en su año como ministro de Cultura dio amplias muestras de ello. Se enfrentó al obispo (Javier) del Río y eso le valió muchos aplausos. Lo curioso es que, a pesar del ruido de Con mis hijos no te metas y los colectivos conservadores católicos, hay un apoyo mayoritario a las políticas de género en este momento.

Pero no olvidemos que fue concesivo con el fujimorismo en el caso del LUM. ¿Qué dice de su capacidad de confrontar?

Ha confrontado y tocado carne en temas considerados como tabú. Por ejemplo, el tema del activismo gay o el tema de la igualdad de género. Ha tocado carne y la ha seguido tocando sin empacho.

¿El terrorismo es todavía el gran tabú del debate político?

Sí. Ese es el hueso más duro de roer y lo ha sido desde el final del siglo pasado, y eso es porque no hemos tenido un gran trabajo de memoria que haya posibilitado el debate abierto, la discusión que no llegue a esa dicotomía del salvaje y el civilizado, donde siempre el terrorista ocupa las posiciones más viles. Llegando al Bicentenario, para mí, es el tema de género y el de memoria lo que va a definir el nuevo rumbo a tomar.

Se dice que debemos llegar al Bicentenario más unidos. ¿Algo indica que estemos más unidos que hace 20 o 30 años?

Unidos es un concepto abstracto y gaseoso. Podríamos hablar tal vez de una nación más articulada, pero no creo que estemos más articulados que hace 30 años, y no lo estamos, porque no estamos haciendo ese trabajo de memoria.

¿Qué es trabajo de memoria?

No significa que leo, veo, me entero, me informo, ya lo sé y paso la página. No. El trabajo de memoria implica un recordar diario. El recordar implica que, si lo estás haciendo de verdad, te estás moviendo un poquito cada día. No estamos haciendo eso frente al tema de la violencia política, por ejemplo. Seguimos negándolo.

¿Desde dónde debe darse el mecanismo para que eso suceda?

Así como con las marchas: el activismo. Las calles han sido tomadas para reclamar, por ejemplo, la destitución de Chavarry y han tenido un impacto… Creo que es el momento de las calles. No creo que el Ejecutivo lo vaya a hacer.

Pero las calles no están interesadas en recordar. Hablabas en una columna sobre cómo la gente quería “borrar” a Maritza Garrido Lecca cuando salió de prisión…

Hay una parte de las calles. Los organizadores de las marchas, los diferentes colectivos que han sido claves para sacar a la calle a decenas de miles de personas lo tienen claro. Pero hay mucho cuidado al momento de introducir el tema de los senderistas o los arrepentidos…

¿Cuidado de humanizarlos?

Sí. Hay cuidado para introducir estos temas, porque todavía es una herida viva. Es cierto que he hablado de las calles, pero las calles, cuando se trata de un tema tan álgido y negado, tienen que articularse con políticas del Ejecutivo. Del Congreso no hablemos, porque sabemos cuál es la situación.

De hecho, el “terruqueo” a todo en que disienta del sistema es parte de eso, ¿no?

Claro. Y ese fantasma adquiere una dimensión casi ubicua y es usado para sofocar cualquier voz que pueda articular un programa alternativo al capitalismo duro y puro que es en el que estamos.

Se habla de reconciliación, hasta en el discurso del fujimorismo, ¿pero es posible?

La reconciliación, tal como estamos fantaseándola, no es posible, es una fantasía. Para llegar a una reconciliación, primero tienes que reconocer al adversario, que ahora es un fantasma y que da lugar al terruqueo. Y también el terruqueo se usa para manchar a cualquier político de izquierda. Hasta que la izquierda no sea reconocida como un adversario de igual a igual y hasta que los fantasmas del conflicto armado interno no hayan sido reconocidos, no vamos a llegar a la reconciliación.

Nuestra clase política está contaminada por la corrupción y la gente no tiene en quién confiar. ¿Eso tiene salida?

La clase política está tremendamente devaluada. Por ahí podríamos comenzar a entender por qué Vizcarra llama a Salvador del Solar como premier: él es una figura sin ninguna historia que lo pueda vincular a la corrupción. Es una figura que tiene un discurso político conciliatorio…

¿Qué te parece que, en estas semanas, se haya desatado una fiebre por alguien como George Forsyth, alcalde de la Victoria, un chico de clase alta, educado en buenos colegios…?

Pero conectado con la cultura popular: es casado con una modelo. Luego, tiene de gerente de Fiscalización a Susel Paredes, quien tiene mucha legitimidad en seguridad. También es la figura que se enfrenta con su chaleco antibalas a las mafias de Gamarra… No es el político de terno y corbata. Un tipo que, pese a su origen de élite, tiene una sensibilidad que lo conecta con el mundo popular y que le está ganando votos todos los días, una figura de político totalmente diferente a nuestro imaginario.

¿Qué hay del futuro de las figuras tradicionales, como García o Keiko Fujimori? Hay gente que dice que en política no hay cadáveres…

Creo que García y Keiko sí son dos cadáveres. García, además, porque le conocemos todos sus trucos. Con Keiko, es difícil pensar que va a resucitar con el padre en la cárcel, ella en la cárcel y toda la familia investigada…

En una columna hablabas de los Fujimori como una telenovela. De pronto, los protagonistas están congelados: uno silenciado, dos presos… ¿Crees que tengan posibilidad de de revivir?

En todo caso, podría ser Kenji como contraparte de la figura de Forsyth. Él es el muchacho que juega con íconos de la televisión, tiene un discurso muy infantil, muy ingenuo también, pero, al mismo tiempo, se las trae. Pero a Keiko ya no la veo potable.

De otro lado, hace poco hubo un escándalo por el acoso sexual de un congresista hacia una mujer, pero ahora nadie se acuerda. ¿Qué dice este olvido sobre la conciencia en torno al acoso?

No lo veo como un olvido. Mira, vamos a pensar en Ni una menos, que es un parteaguas, y, a partir de allí, la política de género ha tomado fuerza y levantado cabeza. ¿Qué fue lo que desencadenó el Ni una menos? Dos sentencias que representaron una burla para las denunciantes y para las mujeres

¿Las de Lady Guillén y Arlette Contreras…?

Sí. Y fueron finalmente esas sentencias lo que desencadenó el movimiento y el acto de testimoniar de muchas mujeres que habían mantenido su historia de violencia sexual en secreto, porque no había nadie que las escuchara. Lo que desencadena todo es, creo, el momento en que estas sentencias comienzan a hacer ruido en las redes sociales. Después, hay varios colectivos que se organizan y abren esta página web para que las mujeres puedan colgar su testimonio. Luego, ya se inunda la pradera. No se incendia, se inunda. Es decir, hubo que encontrar el punto de sensibilización que se articulara con otros acontecimientos…

La violencia y el feminicidio son claros, pero, en el caso del acoso, hay sectores de hombres que sienten que se les está “robando” el derecho al galanteo…

La gran figura de la conquista fue la violación. La figura de la violación fue normativizada, naturalizada, a lo largo de los siglos, y somos herederos de eso que es una expresión de lo que podríamos llamar el biopoder de los cuerpos femeninos. Es decir, la acumulación de técnicas para subyugar y controlar a las mujeres. Así como es muy difícil hacer un trabajo de memoria que permita reconocer al otro, es difícil hacer un trabajo de memoria que permita comenzar a disolver esta figura de la violación que ha sido normativizada.

Más que la violación, hablemos del acoso sexual y político…

Que en realidad van juntos, porque si tú acosas sexualmente a alguien es porque la “subalternizas”: es una presa que tú puedes acosar hasta poseerla y subyugarla. El otro lado es el acoso político. Una subalterna no tiene el derecho a asumir un discurso, un cargo político. Ese es coto masculino. Entonces, es la contracara del acoso sexual y deriva de esta naturalización de la mujer como una figura relegada a los márgenes…

En suma, un objeto.

Un objeto cosificado. Un objeto de deseo sexual, que no tiene voz propia, que no tiene derechos propios.

Hay hombres que llaman feminazi a la mujer que reclama derechos. ¿Existe la feminazi?

Creo que, si existe o no existe, no es el tema: el tema es si optas tú por creer que existen las feminazis.

Pero el discurso de estos es que por culpa de las feminazis, el feminismo se desprestigia.

El feminazismo es un concepto descontextualizado precisamente para vulnerabilizar esos avances que hemos logrado y que nadie nos ha regalado. Los hemos luchado a brazo partido.

Somos el país más conservador de AL y pareciera que en algunos aspectos retrocediéramos. ¿Hay lugar para el optimismo?

Creo que cada paso que das hacia adelante va a ser recibido con resistencia y, por lo tanto, si creemos que hemos avanzado podríamos caer en el peligro de la complacencia. No creo que el terreno sea tan propicio como para podernos sentar tranquilamente y descansar en nuestros laureles.

 

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