Fuente: Isaac Bigio

Desde que en 1985 se dio el primer Live Aid para recolectar fondos para los damnificados de la sequía de Etiopía hasta antes del 2019, todos los conciertos que llevaban tal nombre eran hechos por los propios artistas y por causas netamente humanitarias y despolitizadas tratando de unir a todos los espectros políticos en favor de los más necesitados.


Sin embargo, el viernes 22 de febrero se realiza uno hecho directamente por uno de los magnates más ricos, poderosos, y llenos de intereses políticos y empresariales que hay. El ‘Venezuela Live Aid’ de Sir Richard Branson no tiene nada que ver con sus predecesores organizados por cantantes y menos aún con el de 1985 que se realizó simultáneamente en Londres, Nueva York y otras grandes metrópolis de 4 continentes y que fue visto por el 40% de la humanidad.
Por supuesto que uno quiere disfrutar ver juntos a lo que puede ser el mayor aglutinamiento de cantantes que haya tenido Sudamérica o la hispanidad, pero la tradición de Live Aid debiera haber conducido a que se haga un concierto en pro de todos los necesitados de Latinoamérica (como de las víctimas de las recientes catástrofes naturales de Brasil, Bolivia y Perú o del pauperizado pueblo de Haití) y, si se quisiese hacer uno por Venezuela, uno en el cual tanto el gobierno como la oposición vean con agrado y estén dispuestos a colaborar.
El que hace el creador o propietario de las 400 compañías de Virgin es una empresa comercial y también política. En vez de ser uno hecho en conjunto con artistas de todas las tendencias y apoyado por todas las corrientes y gobiernos, se trata del primero en la historia mundial que se da para buscar derrocar a un determinado gobierno, mientras que uno de sus principales cantantes (“el Puma”) abiertamente llama a los EEUU a invadir militarmente a Venezuela.
El concierto de Branson se da en un puente fronterizo buscando provocar al país vecino cuyo presidente llama a deponer y sustituir por otro. Rusia, la segunda potencia nuclear del planeta, se ha pronunciado en contra de éste y de lo que llama el intento de su rival Washington de intervenir en un aliado suyo.
Dicho show se da en la víspera que el presidente de la Asamblea Nacional llame a cientos de miles a ir a los cuarteles para presionar a los militares venezolanos a que desacaten a su comando general y a que vayan a las fronteras a recolectar ayuda que el gobierno central ha vetado pasar, y a 3 días de que en la capital colombiana se realiza una cumbre del vicepresidente de EEUU con los países americanos que quieren cambiar al gobierno venezolano, y bajo el objetivo de juntar fuerzas para materializar ello.
Este auto-titulado “Live Aid” es también el primero que es precedido por fuertes polémicas entre artistas, llamando la atención el que una de las estrellas de Pink Floyd le diga a Branson que no se meta, mientras que exactamente al otro lado del puente se vaya a dar un concierto opuesto hecho por artistas que apoyan a Caracas.
La principal artista colombiana, Shakira, no asiste a la mayor reunión de artistas latinos hecho en su propio país, así como muchos otros talentos que hubiesen haber estado dispuestos a brindar sus servicios gratuitos si hubiese sido este un concierto despolitizado.
Branson no hace dicho concierto por caridad, sino como un negocio. Con los fondos recaudados piensa pagar artistas que cobran millones y luego, si se produce un cambio de mandatario en Caracas, pasar factura al nuevo por los favores hechos a su campaña demandándole jugosas concesiones a su corporación Virgin.
Quienes tanto amamos y disfrutamos el primer Live Aid debemos llamar la atención por la manera en la cual se pretende deformar su legado. El país más poblado de la hispanidad (México) sostiene que el principio de la paz pasa por la no injerencia en los asuntos internos de otra nación.
Ciertamente, que si en dicho Estado se hubiese organizado un multitudinario “Live Aid” para pedir que no se construya el muro fronterizo y que se abra la frontera a todos los inmigrantes, los EEUU hubiesen denunciado ello en los peores tonos posibles. Hay mucha gente que cuestiona a Maduro y hasta quisiera sacarlo del poder, pero no ve con agrado de cómo tantos intereses foráneos se quieran inmiscuir en Venezuela, algo que a la postre genera un sentimiento patriótico que pueda llevarles a alinearse con él en defensa de una soberanía nacional.
Si se quiere cambiar al gobierno de Venezuela eso es algo que deben hacer los propios venezolanos y si se alega que Caracas tiene una dictadura, mayor razón para ello, pues todas las que había en Sudamérica hasta los setentas y ochentas fueron depuestas directamente por sus propios pueblos sin que ninguna potencia foránea les amenazase con la intervención.
Debemos rescatar los conciertos pacifistas, pluralistas y altruistas que tanto unieron al mundo por una causa justa y noble, mientras que el actual desnaturaliza ello e incluso toma bando en una pugna de ajedrez geopolítico entre países americanos y también entre Washington y Moscú.

Isaac Bigio
Analista Internacional