Fuente: La República

“Albergo la expectativa de que esta tragedia termine, sin más violencia y mediante la convergencia de los esfuerzos regionales”.

 

Obviamente, el gobierno de Maduro no es democrático. Tampoco es socialista. Chávez tomó la expresión “Socialismo del Siglo XXI” del sociólogo alemán-mexicano Heinz Dieterich Steffan, quien rompió con él, en julio del 2005, declarando que en Venezuela no había socialismo, pero sí una “indigestión teórica”.

Para salir de la catástrofe política, económica y humanitaria que ha provocado el régimen venezolano, hubo muchas propuestas de diálogo. Las respuestas fueron insultos y grotescos simulacros. Hoy el diálogo ya no puede ser convocado por Maduro. Por lo tanto, solo se vislumbran tres escenarios posibles:

Primer escenario: intervención militar extranjera directa, lo que ocurriría por primera vez en América del Sur y sería una calamidad.

Segundo escenario: apostar a la quiebra del apoyo militar a Maduro. Ello generaría más muertes y, de no producirse, la presidencia de Guaidó quedaría en el aire y habría Maduro para rato.

Tercer escenario: diálogo de transición, ya no convocado por Maduro sino basado en la nueva correlación de fuerzas, para llegar a elecciones libres y justas.

En este tercer escenario, la ONU, ofrecería el mejor espacio para el Presidente Guaidó. No solo la Organización tiene como misión el mantenimiento de la paz y, muy importante, participan en ella todas las potencias. Además, el Secretario General de la ONU, António Guterres, goza de legitimidad y consenso generales. La División de Asuntos Electorales y el Departamento de Asuntos Políticos de la ONU han acumulado amplia experiencia en esta materia.

INEVITABLE TESTIMONIO PERSONAL
La indigestión ideológica era ya previsible cuando, por encargo de la UNESCO, entrevisté largamente al recién electo Presidente Hugo Chávez en 1999. Mi impresión fue que el nuevo Presidente era un hombre cordial y ávido de conocimientos, pero carente de una propuesta articulada.

Su éxito electoral provenía solo de la frustración producida por la corrupción y frivolidad de los partidos tradicionales.

Su gobierno, sin duda, empezó dando sentido de identidad y dignidad a los venezolanos postergados y marginados por el racismo y la discriminación. Pero el régimen fue precipitándose en una escalada, de prepotencia, corrupción e ineficiencia que ha terminado en la catástrofe actual.

El año 2000 volví a Venezuela, en una misión presidida por el Presidente Carter para observar las elecciones en las que Chávez fue ratificado como Presidente. Seguí visitando Venezuela, en misiones del Instituto Nacional Demócrata (NDI, de los EE.UU.) y de IDEA Internacional, cuando dirigía su programa para los países andinos.

Me consta que el Vicepresidente José Vicente Rangel pensó tempranamente en integrar un grupo de latinoamericanos para favorecer el diálogo. Infelizmente, su vicepresidencia, en las antípodas de la de Maduro, terminó poco después. Luego, asesoré la creación de “Ojo Electoral”, con el que Teodoro Petkoff, el Padre José Virtuoso S.J. y otros venezolanos ilustres organizaron un sistema de observación electoral doméstico, no vinculado a partidos, al estilo de nuestra “Transparencia”.

Después, como Canciller, tratamos de mantener la unidad de los países sudamericanos, a pesar de las obstrucciones del gobierno venezolano. Teníamos poderosas razones de Estado para buscar la unidad.

En mayo del 2013 una cumbre de UNASUR, convocada por la presidencia peruana en Lima, hizo un llamado al diálogo y a la revisión del proceso electoral de ese año.

Fue el llamado al diálogo lo que motivó los insultos que me dedicó Nicolás Maduro.

Transcurridos más de cinco años de este incidente, la situación ha llegado a un deterioro que supera lo imaginable. Albergo la expectativa de que esta tragedia termine, sin más violencia y mediante la convergencia de los esfuerzos regionales. Como corresponde a la mejor tradición latinoamericana y peruana.