Fuente: DESCOSur

Con presentación de Alberto Adrianzen

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Nos place compartir con ustedes la última entrega de nuestra revista Quehacer.

Este segundo número de Quehacer busca presentar y discutir, a partir de voces múltiples, diversas y distintas, qué fue realmente lo que los militares peruanos llamaron el “Proceso Revolucionario de las Fuerzas Armadas”, qué significó para el país y para los peruanos y peruanas. En este número tienen la palabra (o la pluma) los que colaboraron con este proceso y los que estaban en contra. También “hablan” lo hijos de los líderes del velasquismo, como los jóvenes de hoy que no vivieron este proceso y que nos dan su versión sobre el significado que para ellos tiene y tuvo este proceso. Ello incluye una larga entrevista a Francisco Guerra-García, uno de los más destacados intelectuales del “velasquismo”.

Léalo aquí: http://revistaquehacer.pe/n2

Presentación

El tres de octubre de 2018 se cumplieron cincuenta años del inicio de lo que los militares peruanos llamaron el “Proceso Revolucionario de las Fuerzas Armadas”. Se inició con un “golpe de Estado” muy propio de esos años.

En esa década en el Perú se dieron tres golpes de Estado, uno de ello fue el del General Juan Velasco Alvarado, un militar de origen piurano que había entrado a las Fuerzas Armadas como soldado raso para terminar siendo General y Presidente del país. La orientación del golpe de Estado del tres octubre fue a contracorriente de los otros golpes que en esa misma década y años después se dieron en la región y que aplicaron una violencia indiscriminada, con un saldo de cientos de miles de muertos, desaparecidos y exiliados.

El “velasquismo” fue, como se dijo, “una “revolución peculiar” en el Perú y América Latina. Mientras que los militares de otros países, con apoyo de los gobiernos de Estados Unidos y las derechas nacionales, combatían el comunismo, perseguían a los sectores progresistas, violaban los derechos humanos y buscaban, con éxito, liquidar la democracia, el golpe de los militares peruanos caminaba en otro sentido. Un proceso autoritario que combinaba un conjunto de reformas radicales y la democratización de la sociedad peruana.

Para pocos, en verdad para muy pocos, los años del proceso velasquista (1968-1975) fueron una desgracia. Para emplear las frases de unos de sus críticos fueron “siete años de desvarío”. Para otros, diríamos una mayoría, este proceso puso fin al viejo sistema oligárquico que había dominado la economía, la política y la sociedad, y que tenía como una de sus expresiones el latifundio y los llamados “barones del azúcar”, y como contraparte la servidumbre y el “pongaje”, una suerte de dominación total que unía esclavitud y racismo al mismo tiempo.

Este segundo número de Quehacer busca presentar y discutir, a partir de voces múltiples, diversas y distintas, qué fue realmente este proceso, qué significó para el país y para los peruanos y peruanas. En este número tienen la palabra (o la pluma) los que colaboraron con este proceso y los que estaban en contra. También “hablan” lo hijos de los líderes del velasquismo, como los jóvenes de hoy que no vivieron este proceso y que nos dan su versión sobre el significado que para ellos tiene y tuvo este proceso. Ello incluye una larga entrevista a Francisco Guerra-García, uno de los más destacados intelectuales del “velasquismo”.

También se hace un análisis sobre las razones que permitieron el triunfo, en Brasil, del ex militar, militante evangélico y ultraderechista Jair Bolsonaro y el impacto de su elección en América Latina. Asimismo, presentamos una mirada a las relaciones de América Latina y Estados Unidos en la actualidad. Publicamos un artículo sobre el crecimiento de la extrema derecha en Europa, tema que cobra actualidad en la región luego del triunfo de Bolsonaro en Brasil.

Agradecemos a todas y todos aquellos que contribuyeron a que este segundo número de Quehacer sea una realidad. En especial a nuestros colaboradores que generosamente y de manera entusiasta aportaron textos de calidad. A ellas y ellos gracias.

Finalmente, esta revista expresa su rotundo apoyo a la lucha contra la corrupción y la impunidad que llevan a cabo diversos sectores sociales y políticos desde el Estado como también desde de la sociedad. No podemos ni debemos permitir que malos políticos, empresarios, funcionarios públicos, parlamentarios, etc. hagan de la democracia y de la política una suerte de parodia para beneficio de una minoría. La corrupción, además de ser un delito, nos condena a ser un país pobre, atrasado y subdesarrollado.

De otro lado, estamos convencidos que esta lucha contra la corrupción nos hace mejores peruanos y peruanas y nos permite ver con un poco más de optimismo el futuro del país. Construir un Estado social de derecho, una sociedad igualitaria, justa, tolerante y democrática no es una tarea fácil, pero es una tarea que nos convierte en dueños de nuestro propio destino.

Alberto Adrianzén, director
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