Fuente: Eduardo Gonzalez-Viana

Una recomendación del profesor Manuel Benza pflücker

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Luego de que el Vaticano aceptara la renuncia de Monseñor Cipriani, el sacerdote diocesano Carlos Castillo Mattasoglio es el nuevo arzobispo de Lima.

 

ESTA ES UNA BELLA VICTORIA para quienes escribimos una carta al Papa Francisco pidiéndole un pastor diferente al ominoso Cardenal Cipriani. No sé si la respuesta nos la envía el pontífice mismo o Alguien de un poco más arriba.

EN ESA CARTA, me acompañaron alrededor de 500 firmas. Pertenecían a creyentes y no creyentes, peruanos y amigos del Perú, escritores, políticos, científicos, profesores, estudiantes y representantes parlamentarios de varias naciones americanas y de la Unión Europea.

Lo que nos juntaba y nos junta es nuestra creencia en la grandeza de los derechos del hombre.

Lo que nos asustaba era la permanencia en la iglesia de un funcionario que fungía de glorificador de la tortura, martirio de las víctimas, zahumerio de la iniquidad y monaguillo maligno del sátrapa Fujimori.

REIVINDICACIÓN.- Sus servicios ya han sido considerados innecesarios, y esa es una reivindicación para Gustavo Gutiérrez, el sacerdote peruano más universal, a quien Cipriani confinó, escarneció y empujó al ostracismo en el intento de acallar su voz de profeta.

No fue el único. Hay miles de sacerdotes heroicos que también sufrieron la bofetada del párroco de Lima. En mi pueblo, vive uno que fundó colegios, panaderías, cooperativas agrarias y entregó todo lo suyo a los pobres, y sin embargo, fue empujado a un indecoroso retiro. Es el padre Fernando Rojas Morey.

LO QUE ESPERAMOS del nuevo arzobispo es que la iglesia vuelva a asumir su posición como reducto de la solidaridad y defensora permanente de los derechos humano

1) EN PRIMER LUGAR, EL DERECHO DE LA MUJER a la seguridad, a la paz y al disfrute pleno de su vida en condiciones de igualdad e independencia.

En el Perú del siglo XXI, cada día, una mujer es víctima de discriminación laboral, tocamientos repugnantes, violación y asesinato. Sin embargo, para el ex arzobispo, la culpable era ella misma porque se exhibía sin pudor “como en un escaparate.”

2) CORRUPCIÓN.- En la mayor crisis de corrupción, los perseguidos no son los que cobraban el diezmo sino los jueces y fiscales honestos que los investigan.

3) LA PERVERSIDAD.- Quienes firmamos la carta hemos visto con dolor cómo los fundamentos morales y las bases constitucionales de la Nación caen derribadas por el recuerdo sin compasión de una guerra que ocurrió y terminó en el siglo pasado.

Terminado hace más de 20 años el conflicto armado interno, los condenados por delitos políticos han sufrido prisiones casi equivalentes a las de ser enterrados vivos, y los que sobrevivieron y lograron cumplir el tiempo de sus largas condenas, se pasarán la vida pagando reparaciones civiles al Estado. Incluso, las herencias familiares les han sido embargadas.

Ahora, contra todo principio del derecho que prohíbe penas retroactivas, el Congreso actual ha creado una ley de muerte civil que impide a los más de ellos trabajar en sus profesiones.

Tal vez muchos no lo adviertan en este momento, pero cuando pase el tiempo y hablen los historiadores, lo que está ocurriendo echará dudas sobre nuestro grado de civilización, y no se sabrá si fuimos bárbaros o cobardes.

No es ideológica ni política la pasión que ponemos en defender estos derechos. Es solamente moral.

Y tan no es política que al suscrito, un católico socialista le causa asombro y dolor el comportamiento de los parlamentarios izquierdistas que se sumaron a la depravación de profanar cadáveres y a la perversidad de prohibir el trabajo de la mayoría de quienes cumplieron su condena.

Gracias, Papa Francisco. Bienvenido, señor Arzobispo. Recuperar la democracia y el amor es una buena causa para todos los que creen en la superioridad y la gloria de la raza humana.