Fuente: .edu-PUCP

Una recomendación de Erick Espíritu.

Existe un antes y un después en la historia del Perú tras la dictadura de Juan Velasco Alvarado. Conversamos con María Alayza y con Santiago Pedraglio, docentes PUCP, para que nos brinden un análisis sobre el gobierno militar.

 Fotos: Gabriela Pérez

Han pasado cincuenta años del golpe de Estado impulsado por el general Juan Velasco Alvarado, que derrocó a Fernando Belaunde Terry el 3 de octubre de 1968. De esta forma, se instauró el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, el cual, por sus reformas y características particulares, es aún materia de debate. ¿En qué contexto social y político sucedió? ¿Qué representó la reforma agraria? ¿Cuál es el balance final del gobierno militar?

De acuerdo con María Alayza, profesora del Departamento de Ciencias Sociales de la PUCP, antes del golpe de Estado de Velasco, en el país, había demandas de cambios a todo nivel. La reforma agraria, la ampliación de las bases de trabajo y la educación en las regiones asomaban como reivindicaciones pendientes.

“Existía la sensación de una sociedad muy estratificada, jerarquizada, autoritaria y muy poco inclusiva, donde la política se veía como un espacio restringido. Había ciertas voces de cambio, pero sin espacios de canalización de estos procesos”, dice la docente.

En ese sentido, asegura que el golpe “respondió, de una manera muy abierta, a estas necesidades en la medida en que, como toda dictadura, impuso una agenda, que en este caso estaba muy marcada por un discurso que hoy día lo llamaríamos de inclusión social”.

Por su parte, Santiago Pedraglio, docente del Departamento de Comunicaciones de la PUCP, explica los antecedentes del golpe: “El gobierno de Fernando Belaunde Terry, que ganó en 1963, no tenía la mayoría en un Parlamento Nacional que era dominado por la coalición APRA – UNO y que bloqueaba la gestión del ejecutivo”. En total, diez ministros fueron censurados durante esa etapa. “El congreso aparecía como arrasador y el gobierno como una fuerza que no podía imponerse”, afirma.

Por otro lado, Pedraglio señala que los campesinos hicieron importantes tomas de tierras entre los años cincuenta y comienzos de los sesenta : “Las comunidades buscaban recuperar las tierras que habían sido expropiadas por los terratenientes. En esos tiempos, se imponía una estructura de la hacienda semifeudal; los derechos ciudadanos valían poco”. Además, recuerda que, como respuesta a esa coyuntura, diversos partidos planteaban una reforma agraria que Belaunde Terry también prometió durante su gobierno, pero que, a la larga, no llevó a cabo.

Pedraglio indica que la denuncia de la pérdida de la célebre página once del Acta de Talara, convenio firmado entre el gobierno y la International Petroleum Company (IPC) el 13 de agosto de 1968, fue el hecho que, finalmente, desencadenó el golpe de Estado contra el gobierno de Belaunde Terry.

Reforma agraria

“Campesino, el patrón no comerá más de tu pobreza”. Esta frase icónica forma parte del discurso que dio Juan Velasco Alvarado para promulgar la Ley de Reforma Agraria, el 24 de junio de 1969. Sin duda, este fue el momento más representativo de su gobierno y generador de intensos debates hasta el día de hoy.

Para Alayza, en ese momento, la propuesta de la reforma agraria era importante porque los latifundios, sobre todo en la sierra, figuraban como propiedades que no eran productivas para la gente. “Pero se planteó que, frente al patrón que se sacaba del latifundio, aparecía el Estado a través de los técnicos que eran los que, de alguna manera, dirigían las cooperativas y las diferentes instancias que se fueron creando”, cuenta.

Para la docente, eso produjo un escenario contradictorio. “El carácter tecnocrático no necesariamente logró satisfacer a la gente. Tampoco hubo suficientes programas de apoyo al campesino, como capacitaciones o créditos, que lo ayudaran en términos de sostenibilidad. La reforma agraria empezaba y terminaba con la distribución de la tierra, y no miraba el futuro. ¿Hacia dónde vamos? ¿Cómo esta reforma fortalece la economía y el mercado? Fue vista solo como una reivindicación de un grupo de la sociedad y quizás eso lo hacía polémico para otros sectores”, indica.

Por su parte, Santiago Pedraglio destaca el rol que tuvo la reforma en su momento. “El velasquismo logró sentenciar y sacar de escena a la propiedad terrateniente, que era una vergüenza que existiera. En las zonas andinas, las condiciones de vida de los campesinos eran de servidumbre. Pero el gran lema ‘la tierra es para quien la trabaja’, en muchos casos, no llegó a concretarse porque los militares, con su estructura vertical, crearon un aparato burocrático que en la práctica generó problemas muy complicados de gestión. La figura era más de un control de espacios por parte del Estado que una entrega real de las tierras a los campesinos. Esta entrega hubiera permitido el impulso de un pequeño y mediano empresariado rural”, detalla.

Balance

Para María Alayza, desde el punto de vista histórico, como fenómeno latinoamericano, el gobierno militar de Velasco fue particular. “Siempre hemos tenido una tremenda dificultad para explicar, fuera de la sociología, qué fue el gobierno de Velasco. Porque fue una dictadura que trajo cambios sociales que las democracias no querían comprometerse a realizar, a pesar de que se conocían las demandas y las movilizaciones de distintos sectores”, expresa.

“Lo fuerte y lo difícil de entender en ese momento era cómo un golpe de Estado – y eso fue lo extraño, porque está en contra de la democracia- termina abriendo una serie de compuertas que estaban cerradas en la sociedad”, continúa. “El problema es que una institucionalidad que no es representativa se deslegitima y algo de eso sucedió”, añade.

Por su parte, para Pedraglio, a partir de lo ocurrido se replanteó la narrativa del Perú realizada hasta ese momento. “El relato de la historia que organiza el gobierno de Velasco reivindica que el proceso de la independencia tuvo su primer momento con la rebelión de Túpac Amaru II. Me parece un asunto muy importante porque rescata una figura y modifica el eje del proceso de la independencia. No la enfoca solo desde cuando llegó San Martín. Con eso no minimizo su presencia o la de Bolívar, ni lo que se hizo en coordinación con los peruanos, con todas las limitaciones. Pero esa reubicación de piezas en la historia es fundamental, de cara al bicentenario, en términos de perspectivas”, afirma.

Por otro lado, las características de un gobierno militar nunca serán reconocidas en las aspiraciones democráticas de un país. “Era una dictadura muy corporativa. La eficiencia estaba relacionada con un mando militar y las fuerzas armadas se asignaron el papel tutelar del país. Pero las fuerzas armadas no deben tener un papel tutelar, deben estar bajo el mando de un estado democrático”, opina Pedraglio.

Para finalizar, el docente señala que “la expropiación de los periódicos fue un error clarísimo, porque incluso falló en el propósito que intentó justificar esa decisión, que era democratizar los medios, y los terminó convirtiendo en voceros del gobierno”.

 

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