Fuente: .edu-PUCP

Javier Vara Calixto nos recomienda esta revisión de los resultados del censo 2017

Los resultados de los censos del 2017 nos brindan un panorama del país que somos ahora. Conversamos con expertos para que, gracias a los resultados, analicen diversos ejes temáticos, como cambios demográficos, diversidad cultural, políticas públicas y religión.


Fotos: Tatiana Gamarra

Para saber hacia dónde vamos, primero necesitamos entender quiénes somos. Por ello, la información recogida en los Censos Nacionales XII de Población, VII de Vivienda y III de Comunidades Indígenas, realizados en octubre de 2017 por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), se convierten en un insumo esencial para diseñar la hoja de ruta de un país heterogéneo que se transforma con el tiempo.

El Dr. David Sulmont, docente del Departamento de Ciencias Sociales, indica que los Censos Nacionales 2017, a pesar de las críticas que aparecieron durante su implementación, “han logrado darnos una imagen adecuada de lo que es el Perú en esta segunda década del siglo XXI”. Agrega, además que, a través de sus resultados, podemos tener información que nos ayude a diseñar políticas públicas. Si bien aclara que todavía está pendiente procesar algunos datos sobre empleo, estos tienen una utilidad limitada en el tiempo porque cambian rápidamente.

De acuerdo con el docente, los resultados confirman una tendencia previsible: desde hace algún tiempo, la mayoría de la población se está consolidando como urbana. “Han crecido todas las ciudades de la costa, donde se ha visto un aumento demográfico importante. Eso consolida una tendencia de más de cuarenta años en el caso peruano y presenta desafíos para el futuro porque, por el cambio climático, la mayoría vivirá serios problemas de abastecimiento de agua”, explica.

En esa misma línea opina el Dr. Robin Cavagnoud, cocoordinador del Grupo de Investigación Edades de la Vida y Educación (EVE), quien destaca que, cuando miramos los resultados de los censos, Lima ha incrementado un millón de habitantes en cada década, pero con una tasa de crecimiento moderado. “La propia dinámica poblacional hace que Lima siga creciendo. Lo podemos comprobar geográficamente por los numerosos terrenos de Lima que se van ocupando y urbanizando. La ciudad está ganando terreno”, dice. Pero, en ese panorama, los desafíos obligan a ampliar el enfoque de gobernanza urbana, seguridad, medio ambiente, gestión de residuos sólidos y, sobre todo, en el acceso al agua de calidad, expresa.

Hay que indicar que los resultados señalan que la población urbana se incrementó en 17.3%, entre 2007 y 2017, mientras que la población costeña representa el 58%.

Balance generacional

Por otro lado, la evolución de la población en el país, de acuerdo con los datos del último censo nacional, indica que el Perú está, actualmente, en un proceso de envejecimiento poblacional. “Lo podemos prever desde hace varias décadas y se irá agudizando. Ese es el gran desafío en todo el mundo, en general, con muchas implicancias en el sistema de pensiones o en el sistema del cuidado de la salud. Eso se desglosa y se manifiesta en muchas problemáticas”, dice Cavagnoud.

Por su parte, el Dr. David Sulmont expresa que este proceso representa la transformación demográfica que las sociedades de la región han experimentado desde mediados del siglo pasado. “La ventaja, en el caso peruano, es que si bien hay un envejecimiento relativo, todavía la población joven representa la gran mayoría. Hay un capital humano para el desarrollo futuro que hay que aprovechar. Eso sigue siendo un punto a favor en el desarrollo económico en los próximos veinte años”, indica.

En ese sentido, el docente expresa la necesidad de crear las condiciones para que esta población joven sea productiva. “Todavía tenemos un bono demográfico pero, para que se traduzca en un mejor desarrollo humano en el futuro, es importante invertir de manera eficiente en el capital humano, sobre todo se debe mejorar los niveles de educación secundaria y superior”, dice.

Sobre ese panorama, Robin Cavagnoud expresa que si bien este porcentaje de la población en edad de trabajar es una gran oportunidad para el país, también implica muchos retos “que tienen que ver con temas de condiciones de trabajo, informalidad y empleabilidad. Que las personas que estén integrando la PEA tengan las habilidades que se requieren según las ofertas laborales, que haya un encuentro entre la demanda y la oferta. Eso es un desafío en términos de políticas públicas y sociales”, declara. Por ello, agrega que los censos son imprescindibles porque conocer el estado de la población peruana, en un año determinado y de manera estructural, identifica las prioridades y llama la atención de las autoridades.

Perú diverso

Nuestro país no puede narrarse sin esa diversidad cultural que se ha forjado a través de la historia. Sin embargo, esa característica no solo integra riqueza sino también discriminación, carencias y tareas pendientes en poblaciones vulnerables. En ese sentido, preguntas sobre lengua materna aprendida en la niñez y autopercepción étnica nos permiten mirarnos al espejo y reconocernos.

El Dr. David Sulmont explica que la pregunta sobre lengua materna se viene incluyendo en los censos nacionales desde los años cuarenta y nos permite observar el cambio cultural de la sociedad peruana. “Hasta el 2007, la mayoría de las personas que hablaba una lengua indígena vivía en zonas rurales. Ahora más del 50% vive en la ciudad. Eso implica repensar las políticas educacionales y culturales para tener presente a esta diversidad que está en el corazón de la vida social del país, como son las ciudades”, dice.

Sobre la pregunta de autopercepción étnica, Sulmont explica que si bien confirma datos que se observaban en la Encuesta Nacional de Hogares, que se realiza desde hace 18 años, era la primera vez que se incluía en un censo nacional. “Cerca de un 25% de la población se identifica con un pueblo indígena. Esta información en los censos nos brinda una mejor idea sobre cómo está la autopercepción a nivel de centros poblados, distritos y algunos grupos étnicos que son poco visibilizados”, explica.

Para el docente, estos resultados mejoran el panorama para establecer políticas que busquen el reconocimiento de la multiculturalidad que tiene nuestro país. “Apuntan a reconocernos como una nación que tiene un conjunto de herencias culturales diversas, donde la matriz andina, amazónica y afrodescendiente es la central para nuestra identidad e historia”, comenta.

Sulmont explica que este reconocimiento tiene que estar acompañado con políticas de lucha contra la discriminación así como con aquellas vinculadas a la educación bilingüe intercultural y de acceso a servicios públicos en lenguas indígenas en el sistema de salud, en la justicia o en las comisarías. El docente agrega que también es importante “impulsar las políticas de derechos de gobierno del territorio, sobre todo en comunidades indígenas, tanto de los Andes como de la Amazonía”, enfatiza.

Para la Dra. Stephanie Rousseau, docente de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas, la etnicidad es un fenómeno complejo que no se suele medir bajo un solo criterio. “La variable lingüística, que es objetiva, es un factor sociológico relacionado con ciertas condiciones como los servicios educativos, por ejemplo. La autopercepción étnica, que es subjetiva, está mucho más influenciada por el contexto sociopolítico, que tiene que ver con fenómenos de identificación, de corriente y de movimientos sociales”, explica.

En ese escenario, la docente explica que ambas variables no siempre coinciden. “Por ejemplo, una persona puede identificarse como parte de un grupo étnico reconocido en el Perú sin haber aprendido el idioma de este grupo por diversas razones. Probablemente, la falta de cierto tipo de políticas en materia educativa podría haber impedido a una parte de la población aprender el idioma del grupo étnico al cual se identifica”, completa.

Por ello, entre la información que más destaca del censo, Rousseau observa que el 13.9% tiene el quechua como lengua materna, mientras que el 22.3% de la población se identifica con el grupo étnico quechua. Es decir, hay una diferencia en el porcentaje que no habla el idioma pero sí se identifica. Y esa es una tendencia que se repite en casi todos los grupos. “Es importante porque, potencialmente, hay una población que no aprendió un idioma indígena pero podría estar interesada en que sus hijos sí lo hagan. Es un tema que debería entrar en la discusión pública”, añade.

Además, sobre la variable lingüística, la docente señala que, desde el censo del 2007, ha habido un aumento en la población (14.5%) que aprendió el quechua en la niñez. “Este es un hecho bastante significativo porque, generalmente, se asumía, como parte del discurso público, que, poco a poco, el quechua se estaba perdiendo. Este elemento nos permite ver que no es el caso”, dice.

Sin embargo, agrega que todavía se mantiene una asociación bastante significativa entre la condición lingüística y los diferentes indicadores en materia de educación. “En promedio, la población indígena con lengua nativa tiene menos acceso a la educación en todos los niveles pero la brecha va aumentando en niveles superiores”, dice. Si bien la distancia se ha reducido, aclara, todavía hay tareas pendientes que atiendan a este sector de la población.

Sobre ello, Rousseau señala que, desde hace algunos años, ya se está implementando la nueva política de lenguas indígenas, que se ha ido construyendo desde el Estado con muy poco presupuesto. “Falta capacidad técnica para incluirla en los diferentes niveles para que se puedan ofrecer servicios públicos en las diferentes lenguas indígenas”, explica.

Para la docente, se tienen que impulsar una serie de programas para fortalecer el acceso a la educación superior. “Tiene que haber mucho más esfuerzo porque la educación superior es el principal canal de movilidad social ascendente. Acceder a ser profesional representa la capacidad de influir en la sociedad de una manera más importante. Si no tenemos una población profesional importante de origen indígena o afrodescendiente, entonces no vamos a cambiar mucho de los patrones de discriminación que encontramos en la sociedad”, finaliza.

Nuevos patrones

“Desde fines de los años cincuenta e inicios de los años sesenta a la actualidad, vemos cómo pasamos de un régimen demográfico antiguo, de alta mortalidad y alta natalidad, a un régimen demográfico moderno, de baja mortalidad y baja natalidad”, señala el Dr. Robin Cavagnoud, docente del Departamento de Ciencias Sociales, sobre la realidad peruana.

El docente señala que esta realidad responde a diversas variables que se relacionan entre sí. “Las mujeres buscan mejorar sus aspiraciones educativas y profesionales. Hay un patrón de fecundidad que ya no es de dos o tres hijos, sino, en muchos casos, de uno o ninguno, que es el modelo dominante entre mujeres que tienen un nivel educativo superior”, explica. Además señala que si bien todavía es un proceso lento, también tienen que ver los cambios de las relaciones de pareja, los roles de género, aspectos culturales y la difusión de valores a través de la globalización.

Cavagnoud destaca que uno de los datos más resaltantes es la diferencia de la fecundidad entre zonas urbanas y rurales. “En zonas urbanas, el resultado del censo indica que hay 1.4 hijo por mujer. Mientras que, en zonas rurales, se mantiene un nivel más alto, con 2.1 hijos por mujer”, explica. La paridad media a nivel nacional fue de 1.5. Comparado con el promedio de 1993, representa una reducción de 0.7 hijo por mujer.

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