Fuente: La República, 27/10/2018

No es extraño que en estas elecciones, a diferencia de las anteriores, el factor racial se haya revelado como una variable electoral, aunque unida al ingreso y al desarrollo humanos. Quienes al inicio subestimaron este factor han tenido que reconocer que el candidato ultraderechista pretende una cruzada políticamente conservadora junto a otra supremacistas, con riesgosos resultados que tendrá impacto en la violación de DDHH en su país, con repercusiones en la región.

Es en el ámbito externo donde más se ha subestimado los peligros que entraña la victoria de Bolsonaro, especialmente en el Perú, que comparte una amplia frontera con Brasil. La principal alerta se refiere a la probabilidad del inicio de una carrera armamentista que impulse el vecino país, que no solo fabrica material de guerra, sino que también los compra.

En ese sentido, han sido frecuentes las intervenciones de Bolsonarorespecto a la necesidad de resolver de modo violento la situación venezolana, por citar un caso, o de terminar de militarizar la lucha contra el delito en su país. A estas expresiones debe añadirse su clara oposición a los mecanismos de integración en la región y una desconfianza a las relaciones bilaterales preferentes a excepción de Argentina.

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