Fuente: The New York Times


Fernando Haddad, el candidato del Partido de los Trabajadores. Mensajes políticos en WhatsApp han elegido como objetivo a los votantes antes de la la reñida elección presidencial brasileña. CreditLeo Correa/Associated Press

SAN FRANCISCO — A lo largo de los últimos meses, a los 120 millones de brasileños que usan WhatsApp, la aplicación de mensajería para teléfonos inteligentes propiedad de Facebook, les ha llovido contenido político.

Los millones de mensajes divulgados en todo el país se han dirigido a los votantes antes de la elección presidencial de Brasil. El 28 de octubre habrá un desempate final entre el candidato de extrema derecha Jair Bolsonaro y Fernando Haddad, el candidato de izquierda del Partido de los Trabajadores.

Un mensaje popular de WhatsApp mostró el nombre de Luiz Inácio Lula da Silva, excandidato presidencial, al lado del número diecisiete. Cuando los brasileños votan, pulsan el número que corresponde a un candidato o un partido en una máquina electoral electrónica.

Sin embargo, la información de la fotografía era errónea. El número diecisiete era para el partido de Bolsonaro. Da Silva ya ni siquiera estaba en la contienda. Fernando Haddad, su compañero de fórmula, lo había remplazado. El principal tribunal electoral de Brasil dictaminó el 31 de agosto que Da Silva, quien está cumpliendo una sentencia de doce años por corrupción, no puede competir por un tercer mandato.

Se cree que el mensaje engañoso era solo uno de millones de fotografías que contienen desinformación y han llegado a los celulares de los brasileños en meses recientes. Un análisis de cien mil imágenes de WhatsApp que se compartieron extensamente en Brasil halló que más de la mitad contenía información engañosa o simplemente falsa.

Lograr contener el torrente de desinformación antes de la elección es una prueba crucial para Facebook, la empresa matriz de WhatsApp. A medida que se acercan las elecciones intermedias en Estados Unidos, Facebook considera que el manejo de los problemas electorales en Brasil es una manera de convencer al público de que está mucho más preparado para lidiar con las campañas organizadas de desinformación de lo que estaba antes de la elección presidencial hace dos años.

Brasil es el más reciente de una serie de países en los que la desinformación en las redes sociales se ha usado para influir en el comportamiento en la vida real. En India, la divulgación de noticias falsas ha desatado la violencia en algunas zonas del país. En Birmania, Facebook se ha utilizado como herramienta del ejército para ayudar con la depuración étnica que ha provocado la muerte de miles de personas. Además, en Estados Unidos, la desinformación sigue siendo un problema para una gran variedad de plataformas de redes sociales.

WhatsApp presenta desafíos particulares para la gente que intenta prevenir la desinformación, que generalmente se divulga entre pequeños grupos de un máximo de 256 personas, lo cual la hace parecer más auténtica.


Foto: Jair Bolsonaro, candidato presidencial en Brasil, ha aprovechado la desconfianza a la política en Brasil.CreditAntonio Lacerda/EPA, vía Shutterstock

La aplicación también es un servicio cifrado de extremo a extremo. Eso significa que solo el emisor y el remitente pueden ver el contenido de un mensaje, nadie más —ni siquiera WhatsApp ni Facebook— puede hacerlo. Eso hace imposible determinar la verdadera cantidad de noticias falsas. Los verificadores de datos no pueden desmentir fraudes y datos incorrectos virales que no pueden ver.

No ayuda que muchos brasileños consideren que el trabajo de los verificadores de hechos es parte de un esfuerzo vil por parte de las grandes corporaciones como Facebook para evitar que sepan la verdad.

“Cuando desmentimos ese tipo de contenido, muchas veces la gente no confía”, dijo Leonardo Cazes, editor que trabaja en el proyecto de educación noticiosa “Fato ou Fake” con O Globo, un diario brasileño.

Las autoridades brasileñas comenzaron a advertir sobre la amenaza planteada por la desinformación en línea hace meses. La información falsa y engañosa ya había estado llegando a las pantallas de los celulares de los brasileños con una regularidad sorprendente.

Había fotografías y videos modificados y editados fuera de contexto, además de historias que exageraban el heroísmo de Bolsonaro y divulgaban rumores acerca de sus rivales. Además, se encontraron teorías de conspiración que promovían el rumor de que Bolsonaro, que fue apuñalado en un mitin en septiembre, había fingido sus propias lesiones como parte de un ardid planeado.

Incluso hubo acusaciones de que George Soros, el multimillonario y activista liberal que se ha convertido en el centro de atención para los conservadores en todo el mundo, estaba financiando iniciativas para interferir en las elecciones.

“La gente entró a este periodo electoral con un espíritu de hiperpolarización”, comentó Roberta Braga, directora adjunta del Centro para América Latina Adrienne Arsht en Atlantic Council, un grupo de expertos en política exterior con sede en Washington. “Hay mucha desconfianza en la política, los políticos y la élite política en general”.

Bolsonaro, a quien se ha comparado mucho con el presidente estadounidense, Donald Trump, ha aprovechado esa desconfianza. Ha sido un ferviente usuario de las redes sociales: graba videos de Facebook a diario en los que implora a sus seguidores que lo ayuden a hacer que “Brasil sea grandioso”.

Desde hace mucho se ha sospechado que la campaña de Bolsonaro y las de competidores como Haddad son responsables de transmitir las fotos engañosas, señaló Fabrício Benevenuto, profesor de Informática en la Universidad Federal de Minas Gerais en Brasil y coautor de un nuevo informe acerca de la desinformación en el país.

El 18 de octubre, el medio noticioso brasileño Folha de São Paulo revelóuna campaña coordinada en la que las empresas planeaban gastar millones de dólares comprando paquetes masivos de mensajería de texto una semana antes de la próxima elección. El plan, que las autoridades consideraron una violación de las leyes electorales de Brasil, inundaría a los usuarios de WhatsApp con cientos de millones de mensajes similares a los que ya están circulando.

Continue reading the main storyFoto

Facebook ha creado un “cuarto de guerra” para responder rápidamente a ataques y campañas de desinformación en tiempo real. CreditNoah Berger/Agence France-Presse — Getty Images

El 19 de octubre, WhatsApp declaró que tomaría acción legal contra estas tácticas cancelando cuentas en el servicio y enviando órdenes de cese a las empresas responsables.

Facebook y el gobierno brasileño se han esforzado para contrarrestar la desinformación. A principios de este año, la policía federal del país asignó un grupo operativo para limitar la influencia de las noticias falsas. El juez Luiz Fux, que supervisó el principal tribunal electoral de Brasil, argumentó que podría ser razonable frenar la libertad de expresión con el fin de proteger la integridad de la elección.

Sin embargo, los expertos se muestran escépticos de que la desinformación pueda restringirse antes de la elección.

“Aunque haya una orden para imponer a alguien una multa por divulgar noticias falsas, para cuando se haga, ya no importará; las elecciones habrán terminado”, dijo Fernando Neisser, coordinador de la Academia Brasileña de Derecho Electoral y Político. “Nadie está listo para enfrentar la velocidad y el volumen de este problema de noticias falsas”.