Fuente: La República

No dudo que las mujeres participan y con alegría y fuerza. Pero son los varones quienes, finalmente, tras redes sutiles o discriminación abierta, las invisibilizan.

Una de las lecciones que debemos de recoger y enfrentar las mujeres, más aún las feministas, es la casi nula representación en los gobiernos regionales. Si durante la anterior gestión solo una mujer estuvo como gobernadora, Yamila Osorio en Arequipa, en esta ocasión ni una sola mujer ha salido para la segunda vuelta o como gobernadora regional. ¿Qué está pasando en nuestro país?, ¿se trata solo de un problema de promoción de los derechos, de exigir cuotas más altas o de paridad?, ¿por qué las mujeres no estamos comprometiéndonos en el tema político activo?, ¿o por qué no ganamos?

Desde el mundo rural, debido a la investigación que publiqué el año pasado, “Mujeres y conflictos ecoterritoriales. Impactos, estrategias, resistencias” con AECI, he podido constatar la tremenda dificultad que implica para las mujeres campesinas y ronderas participar activamente de las dirigencias locales. No se trata solo de participar de las asambleas, sino de organizar las labores propias de una mujer campesina activa, que también suele trabajar en el mercado u ofreciendo sus productos, con sus labores de cuidado de sus hijos y de la casa, acarreo de agua, separación y cuidado de semillas, y sacar tiempo de donde no hay tiempo para poder participar de reuniones, asambleas, consultas previas u otras situaciones de exigencia democrática.

No dudo que las mujeres participan y con alegría y fuerza. Pero son los varones quienes, finalmente, tras redes sutiles o discriminación abierta, las invisibilizan desconociendo sus cualidades democráticas, tras falsos argumentos de debilidad o de incapacidad. “Son ellas las que no quieren venir” me decía un comunero en Sorochuco, Cajamarca, pero organizaban las reuniones a las horas usuales cuando las mujeres cocinan. En otras palabras: para las movilizaciones y las ollas comunes nos llaman permanentemente, pero a la hora de agarrar el micro será bien difícil que se lo den a una mujer. Asimismo, la consulta previa se encuentra totalmente desfeminizada, en tanto que se siga considerando a miembros plenos de la comunidad a los “jefes de familia” como sostiene la Ley de Comunidades Campesinas.

En el mundo rural andino y amazónico el machismo está muy asentado sobre lazos patriarcales que, a pesar de los cambios últimos con las llegadas de colonos, siguen articulados en redes de poder patrilineales que debilitan incluso más aún la presencia de las mujeres. Pero, ¿en el mundo urbano donde se supone hemos avanzado gracias al acceso a educación y movilidad social por qué no estamos lo suficientemente representadas? A las dificultades de la representación se une el descrédito en la política, ¿quién quiere abrirse campo en esta selva umbría si, además, lo más probable, es que las relaciones oscuras de los intereses subalternos favorezcan a un macho corrupto frente a una mujer?

Muchas dificultades se nos presentan a las mujeres para una real participación en las instancias de poderes locales y regionales. Pero es imprescindible seguir fomentando esa participación y las ganas de querer servir a nuestra tierra. ¡A la política mujeres, no lo podemos hacer peor que ellos!

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