Fuente: La República

El problema no es el citado personaje: él es síntoma de una ideología en la que los Pérez Mamani son inferiores por su “raza”.

El 7 de setiembre pasado, el programa Ampliación de Noticias de RPP invitó al político Ántero Flores Aráoz. El conductor del programa –disclaimer: gran amigo mío- Fernando Carvallo, le preguntó por la ley Mulder, más conocida como la ley mordaza contra la prensa. El invitado mostró su estupefacción ante dicha ley, a la que consideró incomprensible viniendo de un hombre inteligente como el congresista aprista. Hasta ahí, parecía la reacción de un genuino demócrata, escandalizado por ese intento de amordazar la libertad de expresión.

Pero luego agregó: “No lo puedo entender, te soy franco. Si esto lo hubiera presentado Juan Pérez Mamani, de repente…”. Carvallo lo interrumpe para precisar: “No, Mamani no”, pensando que Flores Aráoz se había confundido con el congresista de FP Moisés Mamani. Pero el invitado insiste: “Me refiero a Pérez Mamani, no a Mamani solo”.

Es decir, es incomprensible que un hombre apellidado Mulder pueda presentar una ley aberrante. Eso solo se puede esperar de alguien apellidado Pérez Mamani, léase un serrano bruto e ignorante. Esto no es un exabrupto del político, no es novedad tampoco. En el 2007, en la introducción a mi libro sobre psicoanálisis y racismo (Nos Habíamos Choleado Tanto), cité al mismo personaje, entonces Presidente del Congreso, quien se oponía a la realización de un referéndum sobre el Tratado de Libre Comercio con los EEUU. Su argumento era que “llamas y alpacas” no podían votar.

Once años después, continúa presentándose en los medios de comunicación para difundir el mismo racismo desembozado. Luego de soltar tamaña agresión a la inteligencia de TODOS los peruanos, agregó: “Dios nos coja confesados y sin reloj”. Risas de fondo. La facilidad con que estos discursos violentos, disimulados por una actitud de bonhomía campechana, discurren por los medios de comunicación de masas, es un síntoma flagrante de lo lejos que estamos de haber culminado el trabajo de descolonización de nuestro imaginario (Gonzalo Portocarrero dixit). Así como Indecopi ha hecho bien en denunciar de oficio el comercial racista de Saga Falabella, sería importante que estas declaraciones sean investigadas para ver si se está violando la ley.

El problema no es el citado personaje: él es síntoma de una ideología en la que los Pérez Mamani son inferiores por su “raza”. El daño que estas declaraciones producen es imposible de ignorar. Perpetúa una segmentación prejuiciosa y estereotipada en donde algunos peruanos son mejores que otros por su etnia, clase social y, por supuesto, género y orientación sexual.

Por eso es importante que la ley se aplique. Para enviar la señal a toda la sociedad de que, ad portas del bicentenario, cada vez más personas nos damos cuenta de que estas discriminaciones deshumanizantes causan mucho dolor y nos sumen en el atraso mental y económico. La mente de Pérez Mamani es una fabricación de una mirada racista que sigue pasando piola en nuestro país.

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