Tomado de: Somos Periodismo

Diego Salazar era estudiante de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid cuando pisó por primera vez una redacción, en 2003. Era la de una revista madrileña, llamada ClubCultura. Desde entonces se dedicó plenamente al periodismo: fue editor multiplataforma de Perú21 y colaboró con Etiqueta Negra. Ahora es freelance y se expresa a través de su blog No hemos entendido nada, que se ha convertido en un referente sobre la situación de la prensa. Salazar también preparando dos libros, y adelanta que uno es de cocina.

En su libro, Salazar hace un diagnóstico de la situación de los medios y señala los vicios de la prensa actual: un modelo de negocio que no se sostiene, la falta de verificación de la información que se publica, la búsqueda enfermiza de clics, la dependencia a los algoritmos y el reemplazo del concepto de “noticias” por la etiqueta de “contenidos”.

-En el libro explicas cómo la tecnología ha cambiado el periodismo para bien y para mal. Afirmas que nunca ha sido tan sencillo verificar información y llegar a grandes audiencias, pero no profundizas mucho en estos aspectos. ¿Acaso son más los efectos negativos que los positivos?

-Creo que no es tanto que haya más efectos negativos, sino que el cambio tecnológico nos ha puesto un espejo delante al que nos hemos negado a mirar por mucho tiempo. Creo que el problema fundamental es no haber entendido cómo funciona el negocio periodístico y cómo sus reglas internas condicionan la forma en que se producía y consumía contenido antes de internet. ¿Si no sabíamos cómo lo hacíamos, cómo demonios íbamos a poder adaptarnos ante los profundos cambios que nos imponían internet y las redes sociales?

-La radio y la televisión también fueron innovaciones tecnológicas. ¿Por qué nos cuesta más adaptarnos al internet y a lo digital?

-El temor a lo nuevo no es una novedad. Nick Bilton en su libro I live in the future & here’s how it works explica cómo la innovación tecnológica siempre generó un temor sin fundamento. Por ejemplo, se decía que el cuerpo humano no estaba diseñado para viajar a la velocidad del tren y que eso era contraproducente para la salud. Ocurre que mientras internet impacta de manera estructural en todo el sistema de la comunicación, la televisión y la radio afectaron únicamente la forma en la que se distribuyen las noticias, no dañaron el modelo de negocio. Pese al temor inicial, lo que hubo fue una feliz convivencia, ambas tenían un modelo ad-driven (que se sostiene en el ingreso por publicidad).

-Hace poco el Daily News de Nueva York redujo su staff de periodistas a la mitad. ¿Qué diagnóstico haces de la caída de uno de los diarios de mayor circulación en Estados Unidos?

-Es una prueba más de la gigantesca crisis en la que se encuentra la industria. Pero The New York Times, que junto a The Economist y Financial Times, es uno de los tres medios con modelos de suscripción digital más exitosos, sigue despidiendo gente e intentando reestructurar su redacción para poder adaptarla a la nueva realidad. Ahora, de cada dólar que ingresa por publicidad digital, Google y Facebook se quedan con 99 centavos, entonces todos los demás nos estamos peleando por ese centavito restante. Ese centavito no va a pagar tu corresponsal en Pekín ni tu staff de fotógrafos.

-¿Crees que esta brecha entre los periodistas y el nuevo escenario digital se logre cerrar cuando las redacciones se llenen de millennials con una mentalidad digital?

-Según el Pew Research Center, yo que nací en 1981 y tengo 36 años, soy un millennial. En algunos aspectos, probablemente sí; en otros, no. Evidentemente, tienen interiorizados ciertos hábitos de consumo, pero, ¿qué te garantiza que para cuando lleguen a una redacción el paradigma no haya cambiado de nuevo? Por otro lado, el periodismo es un oficio, que tiene una serie de características, de valores, hay un know-how que van más allá de las cuestiones tecnológicas, y uno de los problemas es que el proceso de transmisión de ese conocimiento a las generaciones jóvenes se ha roto por completo. Cuando yo entré a una redacción, había un sistema de formación de aquellos que recién entraban, sean graduados de periodismo o no. No creo que sea necesario hacer la carrera de periodismo para ser periodista. De hecho, cuando yo enseñaba en el máster de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid con el diario ABC, los peores alumnos eran los que venían de la carrera de periodismo.

-¿Por qué no es necesario estudiar periodismo?

-Porque la carrera de periodismo, como está construida en casi todo el mundo, es un error. El sistema dentro de las redacciones suplía esto. No aprenden nada que les sea útil para ejercer el periodismo. Te pueden haber enseñado ciertas cuestiones teóricas y conocimientos, pero el 90% de lo que uno aprende en la escuela de periodismo lo puede aprender leyendo en un año. La cadena de transmisión de conocimiento no es eficiente.

“La gente no nos quiere (a los periodistas). Tenemos que darnos cuenta de eso.”.

-¿Cuáles son los medios que según tu criterio han sabido aprovechar el cambio tecnológico?

-Uno de ellos es Eldiario.es de España. Creo que hace un trabajo fantástico y ha entendido muy bien su modelo de negocio. Gracias a eso producen periodismo de calidad. Me gusta mucho el trabajo que hace Elconfidencial.com, también de España. Hace un gran trabajo, sobre todo en el área cultural, de investigación y de denuncia. En nuestra región es bastante difícil encontrar referentes. Por supuesto que las grandes cabeceras clásicas siguen produciendo contenido de calidad, pero no es la norma. En nuestro país, OjoPúblico e IDLReporteros son un modelo que es difícilmente replicable porque, básicamente, viven del dinero de las fundaciones.

-¿Cómo así Eldiario.es y Elconfidencial.com han creado un modelo de negocio sostenible?

-Estoy escribiendo un artículo en el que converso con ellos para poder explicar lo que están haciendo. Elconfidencial es más clásico y no se desmarca tanto del modelo ad-drivenEldiario.es, sí. Ellos no tienen un paywall duro, lo que ocurre es que ese contenido es accesible de maneras distintas y, a veces, de forma previa, como exclusivas para los lectores de pago, también tienen otros productos, publican una revista cada cierto tiempo, tienen eventos, etc.

-¿Un medio puede sostenerse básicamente con lo que recibe por suscripciones o siempre va a recurrir a la publicidad?

-No necesariamente. En internet tienes que encontrar un nicho donde haya gente obsesionada con este tema, que sea lo suficientemente amplio y tú te conviertas en lo suficientemente imprescindible, de manera que estén dispuestos a pagarte por ello. Los medios generalistas nunca van a poder vivir de suscripciones, pero no van a poder vivir de la publicidad tampoco. Una de las ventajas del modelo ad-driven es que el acceso a la información era muy barato. Los cambios que actualmente está produciendo la industria de la tecnología hacen que eso sea cada vez más difícil porque quienes pueden producir contenido gratuito o barato están produciendo basura. Quien quiera tener información más seria, más verificada, más periodística, tiene que gastar dinero. Y no es barato. Tengo la suerte de poder hacerlo, pero me da miedo que cada vez menos gente pueda, y, además que cada vez menos gente esté interesada en hacerlo.

-¿Qué posición tienes frente a la ley Mulder?

-Creo que es una herramienta de presión política, que eventualmente será dejada de lado. Dicho esto, creo que el berrinche de muchos periodistas es absolutamente contraproducente. La gente no nos quiere. Para muchos esa ley no sólo es buena, sino que es lo que nos merecemos. Tenemos que darnos cuenta de eso. Evidentemente, pretender que un gobierno anuncie políticas públicas en Facebook es una estupidez, basta ver la penetración de internet en nuestro país y el alcance que tienen las publicaciones en Facebook. También es verdad que la discrecionalidad con la que se ha utilizado el dinero público en medios de comunicación es injustificable. ¿Por qué Diario UNO tenía tantas páginas de publicidad si no lo leía ni la mamá del dueño? Es comprensible el rechazo que genera, pero no tienes que prohibirla de manera general.

-¿No crees que esta ley está obligando a los medios a buscarse una forma de salir del modelo ad-driven?

-Creo que eres excesivamente optimista y generoso con la inteligencia, responsabilidad y visión de nuestros colegas y los directivos de los medios.

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“Si el día de mañana todos los medios en español que consumes en internet te dijeran ‘se acabó, cerramos el caño, tienes que pagar’, ¿a cuántos les pagarías?”, preguntó Salazar durante la presentación de ‘No hemos entendido nada’ en la Feria Internacional del Libro. “La mayoría de gente se reiría a carcajadas”, fue su respuesta.

-¿Tan escéptico eres en cuanto a la disposición de la gente a pagar para enterarse de lo que sucede en su ciudad, en su país?
-Con el producto que ofrecen hoy, sí.

-¿Qué medio tradicional peruano crees que ha sido el que mejor ha hecho la transición al ecosistema digital?

-Ninguno. Son un absoluto desastre.

-El peor pecado de la prensa es querer ser tan veloz como las redes.

-Es por eso que no verifican y mienten. Es un error producto de la ignorancia: no entienden cómo funcionan las redes sociales. Muchos periodistas piensan que tener 50 mil followers o muchos likes significa que tu trabajo es importante, y no es así. Para empezar, en el Perú Twitter es básicamente un bar con un montón de periodistas hablando entre ellos. La tasa de penetración en nuestro país es bajísima. Pensar que eso es éxito, y construir tu modelo de negocio o de producción y distribución de información así es de una ignorancia que te pone al borde de la desaparición. Esto no quiere decir que el periodismo que se hacía antes estuviera bien. Si verificamos los periódicos impresos de los últimos 40 años en nuestro país, nos llevaríamos muchas sorpresas nada agradables. Te pongo un ejemplo: la falta de verificación en Hildebrandt en sus trece es de un nivel que me pone los pelos de punta frente a un periodista tan respetado.

-Criticas que los medios reboten virales para generar tráfico en sus páginas webs. Sin embargo, hay medios que han construido su audiencia y la han fidelizado así, como, por ejemplo, BuzzFeed.

BuzzFeed no sólo hace eso. Sus videos de Tasty y tests de gatitos eran parte de un esfuerzo de investigación de audiencia. The dress, por ejemplo, el vestido que se convirtió en viral por el color, dio pie a un estudio sobre la manera en la que se distribuye el contenido en redes sociales, es consultable, está en la página web de BuzzFeed, y es fascinante. Yo no conozco un medio en español que haga eso.

-¿Cómo se puede romper la personalización del contenido de Facebook y hacer que aquellos a quienes no le aparecen noticias en el Newsfeed se interesen por ellas?

-Produciendo mejor contenido, uno que le importe a la gente. Además, no permitas que toda tu dieta informativa la maneje Facebook. Convence a tu madre, a tu tío, a tu primo de que no se informen sólo a través de Facebook. Ojo, esto no es nuevo, el pool de personas a las que les importaba el acontecer noticioso siempre ha sido poco, no es verdad que la gente compraba el periódico sólo por las noticias. Lo que hacía eso es que el paquete informativo estaba diseñado de tal manera que entendía un sinfín de necesidades distintas.

-¿Cuál es la responsabilidad de Facebook frente a la expansión de las fake news?

-Es imposible que Facebook luche contra las fake news. Su modelo de negocio está basado en que todo es contenido. La idea es que cuando tú accedas a tu newsfeed, veas al mismo nivel el video de gatitos que compartió tu mamá, una noticia de El Comercio, un reportaje de The New Yorker y un anuncio de la PUCP. Facebook no sabe qué es fake news porque no le interesa. Mark Zuckerberg se ha metido en un problema cuando dijo que Facebook no cerraría un medio negacionista del Holocausto. Luego tuvo que desdecirse, pero ¿por qué Facebook tendría que hacer eso? ¿Por qué somos tan idiotas que le entregamos el poder de decidir qué es relevante y qué no? Ojo, que el negacionismo es una desgracia y, de hecho, un crimen en algunos países, pero Facebook es sólo una plataforma de distribución de contenido.

-En el libro criticas a Kapuscinski, y también a Abraham Rosenthal, uno de los editores históricos del NYT. ¿Tienes algún referente periodístico?

-Uno es Christopher Hitchens, periodista y ensayista británico, a quien estuve a punto de entrevistar un par de veces pero no se concretó. El otro es Jonathan Gold, que es un periodista gastronómico, crítico de restaurantes de Los Angeles Times que murió hace un par de días, y el tercero, cuya sombra planea por todo este libro, es David Carr, quien fue corresponsal en diarios como The New York Times. Margaret Sullivan, la actual columnista del Washington Post, Laura Hazard Owen, una periodista muy joven que es editora en el Nieman Lab, Pete Wells, el crítico de restaurantes de The New York Times, que para mí es un absoluto genio. En español, Leila Guerriero, sin ninguna duda; Martín Caparrós, que ha sido un autor fundamental; Julio Villanueva Chang, a quien tengo la suerte de tener como amigo y quien es uno de los culpables de que yo sea periodista.

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