Fuente:  El Tribuno

“los crímenes sexuales no tienen que ver con el deseo, no son crímenes de la intimidad sino de control del cuerpo de las mujeres”. Rita Zegato

La voz de Rita Segato: El pensamiento feminista

TILCARA (corresponsal) Rita Segato, arqueóloga y referente del pensamiento feminista, es también vecina de Tilcara, cierto que en los tiempos en que descansa de sus conferencias, seminarios y presentaciones en los lugares más distantes del planeta. Mientras Tilcara, como el resto del país, se conmueve por el debate por la despenalización del aborto, creímos que era interesante escuchar su palabra.

Nos cuenta que “por estos días estoy terminando un trabajo para el que me contrataron desde la policía de El Salvador, que es la región más violenta del mundo. El director de la Policía Nacional Civil, me contrató para hacer un diagnóstico porque ha habido feminicidios dentro de la propia policía, pero en medio se entremezclan los temas de la política de género, porque se está llegando a comprender que la cuestión de género es política y se está colocando en el centro de las cuestiones”.

Nos explica que “la sociedad está comprendiendo que, hasta que no enfrentemos el tema del orden patriarcal, que es fundante de todas las opresiones y desigualdades, no vamos a poder encarar un mundo mejor para más personas. Uno de los defectos que he notado en el feminismo, es que hemos colocado todos los esfuerzos en el campo estatal, que es algo que hay que hacer, pero a las luchas por más legislación, al seguimiento de los procesos judiciales y por políticas públicas, tenemos que sumarle el trabajo con la sociedad”.

Nos dice que “repetimos frases, cuando hay que pensarlo todo el tiempo, escuchar a la gente porque pensar en conversación es la única manera de pensar bien. Es necesario aceptar la pluralidad, y nosotros y nosotras somos pluralistas. Nuestros antagonistas son monopólicos: una verdad, una justicia, una única forma de bienestar. Esa es la lógica monopólica, pero yo adhiero a la diversidad de posturas, porque los pueblos pudieron sobrevivir por una lógica en que la Virgen María y la Pachamama, sin ser lo mismo, pueden ser igualmente verdaderas”.

Nos dice que “defiendo un feminismo pluralista, donde entremos todas, con algunos límites como el de la hipocresía. Nuestro discurso es el de la mujer soberana de su propio cuerpo, porque muchas veces no hemos reparado en la violencia que es tener dentro del cuerpo algo no querido. Tener en el cuerpo un feto, que no adquiere autonomía biológica por mucho tiempo, es una violación si no es deseado. El estado autoritario no es sólo el de un golpe militar, también se expresa en la prohibición del aborto”.

Y afirma que “el estado es patriarcal, y ejerce su violencia prohibiéndole a las mujeres sacarse de adentro algo que las viola cuando no es consentido, y es una violación de estado. Es algo en lo que coinciden todos los feminismos, incluyendo el de las Católicas Por el Derecho a Decidir. En Jujuy, donde hay un criollismo frágil que quiere una blancura que no tiene, en su inseguridad racial y social por su carácter fronterizo, se expresa lo que entiendo que no es una preocupación por la vida, sino más bien la preocupación por pertenecer a una elite”.

Reflexiona que “esa inseguridad social genera hipocresía, queriendo ser lo que no se es, y diciendo que ese conjunto de células, que son un órgano del cuerpo materno, es un ser humano. Pero es una lucha en muchos frentes donde se está revelando el patriarcalismo y su autoritarismo estatal. La prohibición del aborto en Argentina tiene ya cien años, pero hay más abortos porque es una ley que no tuvo ni tendrá una eficacia material, no tiene impacto sobre la conducta. El estado es la última fase de la historia del patriarcado, y hoy la lucha es por ver quién va a escribir las leyes, porque la realidad es que no va a haber menos abortos”.

Pero advierte que “hay que tener cuidado, porque la violencia y opresión contra las mujeres es la incubadora de todas las otras violencias, más allá del tema de género. Eso lo relaciono con el tema del feminicidio de Micaela García, que ha hecho sufrir mucho a toda la sociedad argentina. En los casos de mujeres asesinadas, siempre se ha querido hacer recaer la sospecha sobre la moralidad de la víctima. Es una forma de aceptar lo inaceptable: el asesinato y la violencia sexual, buscando culpabilizar a la víctima, pero en el caso de Micaela no se pudo”.

Cuenta que “ese crimen sucedió porque el juez Carlos Rossi liberó de la cárcel a una persona, porque los informes carcelarios decían que tenía buena conducta, pero los informes de psiquiatras y psicólogos no los escuchó argumentando que no son vinculantes. Fueron diecinueve informes que decían que no había examinado su crimen, no había manifestado arrepentimiento, y actuó igual en otros noventa y tres casos. Incluso el juez, en su defensa, no acepta su actitud, y es algo decepcionante. No asume su responsabilidad en el crimen, cosa que lo hubiera ennoblecido”.

Segato participó como testigo experto en el juicio al juez Rossi, y nos cuenta que “cuando fuimos a declarar, expuse sobre el garantismo, porque creo que debe haber garantías para los presos porque las cárceles son para los pobres, tiene sentido cuando el agresor a la propiedad es gente vulnerable, discriminada, pero los crímenes sexuales no tienen que ver con el deseo, no son crímenes de la intimidad sino de control del cuerpo de las mujeres. En los crímenes de género la víctima es la vulnerable y el agresor encarna al poder, la agredida es quien está desprotegida”.

Nos cuenta que “el fiscal actuó de mala fe. Nos visitó, nos escuchó, usó mis conceptos, pero luego dijo ante el tribunal que no hay razones para procesar al juez Rossi y retirarle los fueros. Pero el fiscal no puede retirar la acusación, es un error procesual. Hoy hablé largamente con el papá de Micaela, y me decía que fue un dolor muy fuerte esa actitud del fiscal, pero que ha recibido cantidad de mensajes declarando que la justicia ha mostrado así su peor cara”.

Cierra contándonos que “Micaela, en sus últimas fotografías, tenía la camiseta de Ni Una Menos. Cuando el asesino vuelve a la cárcel por el crimen de Micaela, la comunidad carcelaria le da una posición de privilegio. El violador suele ser la última jerarquía entre los presos, pero a él lo ponen como guardaespaldas del jefe narco de Entre Ríos, que está preso. Esa situación se la dan porque mató a una militante feminista y eso, que es terrible, muestra que la política patriarcal también está por detrás del crimen organizado. Esa es la gran confrontación”.

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