Tomado de: FB de Manuel Benza Pflücker

Todos tenemos una madre que se sacrificó por nosotros o que lo sigue haciendo. La amorosa carta que escribo no puede pretender colocar a mi madre por encima de cualquier otra. Ello sería inmediatamente motivo de enojo por parte de ella, María Luisa Pflücker de Benza, mujer de casi 98 años. Una vez escribí un poema para ella. Lo leí a dos escritoras y les gustó mucho. Dudé mucho en entregárselo pues sabía que no le gusta el elogio. Lo perdí y así se resolvió mi dilema. Esta vez, me temo que no podré leérselo(es ciega desde hace 2 años) por la misma razón, pero ya estoy escribiendo algunas de las vivencias que ella evoca, sin el pudor que me embargase si yo supiera hoy, que mañana, día de la madre, tuviese que leerle estas líneas cerca a sus oídos marchitos. Puedo y debo, entonces, escribir sin tapujos sobre mi madre.

Los líos entre el abuelo Germán y la abuela Natividad (la manchi) nunca los entendí del todo. Un silencio familiar sobre el asunto funcionó siempre. Lo cierto parece ser que la manchi, carácter fuerte decidido a todo, quiso separarse de mi abuelo por celos, o por alguna secreta pasión que descubrió en Germán. Mi madre, la mayor de los hermanos, sufrió tanto por esa separación que generó un asma rebelde y una inmensa capacidad de compasión y comprensión para con todos, comenzando con su padre y madre. La abrupta separación implicó un cambio dramático en el ingreso familiar. Mi madre se desclasó, no optó por el arribismo ni por la superchería. Vivió, desde entonces, consciente de la realidad y se distanció en absoluto de las apariencias. Mientras la manchi se convertía en la primera vendedora ambulante en la Lima mojigata, mi madre apuraba sus estudios colegiales, aprobando dos años en uno. Para saber más, fue alumna de un Colegio de Varones. Se presentó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y un enemigo de mi abuelo marcó su examen para desaprobarla. Se casó con mi padre, Manuel Benza Chacón luego de 8 años de enamoramiento y fidelidad. De muchas cartas de ida y de regreso. Siguió leyendo y pronto comprendió que las reuniones sociales de la esposas de Marinos de Guerra eran sumamente aburridas: apuntaban a lograr el ascenso de sus esposos a punta de cocteles y fiestecitas frívolas. Nunca vi llegar a mi casa a algún Marino, salvo mi padrino de Confirmación, un hombre de origen humilde. En la mesa del abuelo Manuel se reunían los domingos todos los hermanos de mi padre (también mayor que el resto) con sus respectivos cónyuges o novios. El abuelo se encerraba en la cocina y preparaba delicias. Mi madre, politizada, soportaba escuchar argumentos racistas y reaccionarios. Hasta que, en algún momento, se daba maña para rebatir con la mayor solidez y dulzura a la vez los dislates que abundaban en una familia clase-mediera no desclasada. En pocos meses la situación se tornó insoportable para algunos, poco acostumbrados a intercambiar ideas políticas con una mujer. Mi padre nunca la censuró por ello. Estaba de acuerdo. Pero para entonces el debate, cuando era inevitable, se complicó: yo me sumé. Mi madre se inscribió en la Democracia Cristiana apenas supimos la injusta y débil votación que había recibido Héctor Cornejo Chávez, líder histórico del social cristianismo progresista y de izquierda. Fue en 1962.Mi abuelo era odriísta. Cuando quería insultar a alguien le espetaba:”¡aprista! No hay diferencias ideológicas, en este momento, entre el Apra y la UNO(el partido de Odría) le dije, delante de los demás. ¡Calla, mocoso!, me respondió, como una fiera. En pocos meses se formó la Coalición Apra-UNO. Mi madre no creía en Belaúnde Terry. Aceptó, sin embargo, a regañadientes, la alianza AP-DC que ganó las elecciones limpiamente en 1963.En poco tiempo, dicha alianza se rompió, pues Belaúnde incumplió con todas las promesas del Programa AP-DC. La DC dejó el gobierno, es decir, su participación en el Gabinete, en el Banco Agrario y en otras instancias del Estado. Una decisión fundamentada en principios ético-programáticos que no tiene parangón en la historia política peruana, preñada de oportunismos y traiciones a las ideas proclamadas.
Mi madre, sin embargo, ya había sido elegida Teniente Alcaldesa de Miraflores por la Alianza AP-DC en noviembre del 63, para iniciar su gestión en enero del 64. .A ello me referiré luego. Quiero retrotraerme a la multiplicidad de sus habilidades hogareñas.
Por supuesto que hacía múltiples oficios. Era un trabajo agotador que, sin embargo, se abordaba con ternura, mano firme y talento, como muchas mujeres de entonces. Mi madre heredó de mi abuela el hábito de hervir la ropa blanca en el brasero de atrás de la cocina, con carbón que costaba poco para no consumir energía cara. Lo hacía con “jaboncillo”, jabón de pepa rayado. Se lavaba a mano, y yo aprendí la técnica de mover el brasero con eficiencia, sin desprender chispas. En los cumpleaños y otras ocasiones, como repostera experta (estudió para ello) hacía tortas, las decoraba, diversos sandwichs(“sanguches”)y poníamos adornos. Arreglaba los enchufes, los servicios higiénicos y el jardín. Mis padres regaban las plantas y las cuidaban una por una. Mi madre, recogiendo la tradición familiar, cosía su propia ropa tipo sastre, bordaba, cosía a crochet y macramé. Tejía a dos o cuatro palos chompas, bufandas, faldas, sombreros, etc. Hacía la ropa de cada uno de sus 5 hijos. En mi caso, para ahorrar, me preparó en todas las asignaturas y me presentó a examen en el Ministerio de Educación para ingresar directamente a segundo de primaria, con 6 años de edad. El año 62 ingresó a la Democracia Cristiana (partido al que yo pertenecía desde un año atrás) y, por sus propios méritos fue siendo cada vez más útil hasta convertirse en Secretaria General de las mujeres demócrata cristianas. Como tal, fue elegida Teniente Alcaldesa de Miraflores en las primeras elecciones vecinales de la historia. De acuerdo a la antigua Ley de Municipalidades (que cambió luego para mal, Fujimori) los Concejales eran, junto al Alcalde, el Poder Legislativo local. El Alcalde, el Poder Ejecutivo local. El Puente Villena, Correo de Miraflores, Comisaría de Miraflores, Mercado de Santa Cruz, expropiación de todos los terrenos al otro lado del Malecón (para evitar que construyesen allí en el futuro, asunto que hoy es lo más hermoso del Distrito) la defensa de los Baños de Miraflores frente a la voracidad de un Club privado que luego capturó esa zona, la construcción de dos viveros para qué, al fin, Miraflores hiciera honor a su nombre, el cobro de sus propias rentas(el primer Distrito que lo hizo en todo el Perú, pues los demás siguieron dando el encargo a la Caja de Pensiones y Consignaciones, luego Banco de la Nación),la construcción del primer parque en el Malecón, Parque Raimondi, y luego ,de varios más, etc. fueron iniciativas de la Democracia Cristiana en su Plan Municipal, planteadas por mi madre y recogidas, con mucho criterio por el Alcalde de AP Mario Cabrejos, médico y gran tipo. Luego de algunos años fue Regidora por Izquierda Unida y, al final de su mandato(que ya no reseño porque es largo)entregó la insignia de Regidor a mi padre, ex-marino que también fue elegido por Izquierda Unida. Todo estos trabajos, conservando la sencillez, tratando bien a la gente ,amando a la Patria. Cuando se libraba la guerra de guerrillas en Nicaragua para desalojar a Somoza, se constituyó en Lima el Comité de Solidaridad con el Pueblo de Nicaragua, presidido por Estaban Pavletich (lugarteniente de Augusto César Sandino) ,vice presidenta, mi madre. Con el triunfo de los sandinistas, se amplió a Comité de Solidaridad con los Pueblos de América latina y el caribe. El Comité sesionaba en mi casa (yo vivía con mi madre).Los asilados que provenían de Chile(luego del golpe de Pinochet),de Bolivia(perseguidos por Banzer),de Argentina(Montoneros y ERP)de Uruguay(Bordaberry)de Paraguay(Stroessner) y algún brasilero, encontraban cobijo por afanes del Comité. En 1982 organizó la marcha más multitudinaria en Lima: en apoyo al pueblo argentino por Malvinas. En 1976, mi madre y mi padre aparecen como dos de los 60 firmantes del manifiesto para la fundación del Partido Socialista Revolucionario. Por ese solo hecho, el dictador Morales Bermúdez los deportó a Panamá (fueron a parar a Méjico).Recordaban siempre ese trance con mucha dignidad y felicidad. Mi madre fue la segunda mujer deportada en la historia peruana (la primera fue Magda Portal).
Mi madre está viva (cerca de 98 años) y nunca ha recibido ningún reconocimiento del Municipio. Tampoco de algún movimiento político ¡Qué va! Católica, hace algún tiempo, cuando podía moverse por sí misma, fue a confesarse. Padre, creo que me he portado bien. Pero estoy totalmente en desacuerdo con Cipriani. Es un cómplice de la violación a los Derechos Humanos. ¡Lo detesto!¿Ese es un pecado? Ve con Dios, hija. Yo creo lo mismo, le dijo el cura confesor.
Hoy le dirían “terruca”, pues la degeneración de lo político a los extremos de hoy comenzó con el Gobierno de Morales Bermúdez y llegó a la náusea con el fujimorismo, incluyendo a los falsos “social cristianos” del PPC, a los de Acuña, los de Toledo, los apristas (que han negado su origen), los “independientes”(que son de derecha, sin excepción), los humalistas, etc.
Una vida plural, intensa, consecuente y útil.