Tomado de: El Mundo

Entrevista al actor José Sacristán que representa desde hace dos años Muñeca de porcelana, de David Mamet

José Sacristán: “Quien diga que estos muchachos catalanes son presos políticos no sabe lo que es un preso político”, por José Luis Romo

Antonio Heredia

El actor regresa con ‘Muñeca de Porcelana’, de David Mamet, a Madrid

José Sacristán (Chinchón, 1937) insiste en que él está en «primero de Fernán Gómez» pero basta con oír su poderosa voz, ese vozarrón, para evocar seis décadas de portentosa carrera en la que lo ha sido todo. Del españolito medio reprimido por el franquismo a los sicarios jubilados que le han ofrecido nuevos directores como Carlos Vermut o Javier Rebollo.

Entre medias, cómico de la legua, travesti anarquista, el nuevo hombre de la Transición, diputado homosexual… y no recordamos si ha interpretado a algún jardinero pero, mientras responde a esta entrevista, se dedica a quitarle con mimo las hojas muertas a una planta. “La entrevista, bien. Pero lo mejor que he hecho esta mañana es esto”, zanajará cuando se haya apagado la grabadora.

El motivo de charlar con Sacristán (como si hiciera falta algún motivo) es su regreso a la cartelera madrileña con Muñeca de porcelana, del controvertido David Mamet, un ácido texto sobre las cloacas del poder en el que le acompaña Javier Godino. Con una función que muestra la podredumbre moral de las élites, el veterano actor aprovecha para dar un repaso, claro y muy castellano, a la actualidad de nuestro país. Cataluña, Trump, la nueva izquierda y hasta los reyes van apareciendo en esta conversación. Palabra de Sacristán.

Vuelve a un personaje durísimo para un actor por el texto endiablado al que tiene que hacer frente…
Lo duro es cuando tienes que hacerte cargo de imbéciles en historias estúpidas. Este personaje tiene entidad, me gusta la insolencia y la desfachatez de este impresentable. Para mí era una prueba hacerlo después de que en Broadway lo interpretara Al Pacino.
Precisamente, Pacino necesitó un pinganillo para que le apuntaran sus líneas…
Sí, pero eso es pura mecánica. Hay personajes como éste que requieren de mucha preparación y ejercicios, pero te cargan las pilas y merecen la pena. Son más de dos años haciendo esta función y estoy muy contento.
El montaje está ambientado en Estados Unidos, pero este millonario con turbias relaciones con los políticos al que interpreta podría ser perfectamente español. ¿Alguno le ha inspirado?
No, hubiera sido una reducción. La universalidad del personaje le identifica en todas las latitudes, no hace falta echar mano de referencias más concretas. De este texto, me gusta que Mamet pone en el tapete que si esta gente está ahí es porque les votamos. El sistema no se sostendría sin nosotros. Un tirano solo no se tiene de pie. Y estamos viendo que la gente los sigue votando. Ahí tienes a Trump, mira lo que pasa en Italia…
¿Qué tiene que ocurrir para que le demos la vuelta situación?
Sobre todo, educación, educación y educación. Parece que llevamos dentro el gen de la corrupción, el filibusterismo y el atropello, así que necesitamos la educación para formarnos en la responsabilidad civil y ser una sociedad crítica con estos comportamientos. Aquí Mamet nos dice que tenemos que espabilar.
Con el panorama político español, a veces parece que lo más sensato es no votar.
Tengo muchos años y han sido muchos los que estuve esperando para poder votar, así que lo sigo haciendo. Indudablemente, con reparos e inconvenientes, pero lo sigo haciendo a una gente concreta. Yo ya soy muy mayor y no me gusta ser catastrofista porque no estamos peor, ni muchísimo menos, que en otras ocasiones que yo he conocido. Lo que pasa es que no acabamos de avanzar en una dirección concreta.
Asegura que no estamos peor, pero muchos siguen diciendo que España aún es un país franquista…
Mira, te voy a dar un titular: los que dicen eso no tienen ni puta idea de lo que era el franquismo. Y los que llaman presos políticos a estos muchachos catalanes no tienen la más puta idea de lo que era un preso político de verdad. Un respeto, porque no tiene nada que ver. Y que no toquen los cojones con esta reducción, yo no soy independentista pero tampoco soy fascista, que no vayan por ahí.
Volvamos a ‘Muñeca de Porcelana’. Lleva ya dos años con esta función, ¿cómo ha cambiado en este tiempo?
Javier y yo tenemos un entendimiento perfecto y celebro haberme encontrado con este muchacho y con Juan Carlos Rubio. Todos los días tratamos de que esto no sea algo mecánico, que esté vivo y que lo que ocurre hoy no haya ocurrido ni antes ni después. Permanentemente, aparecen nuevos giros, matices, esquinas y trazos que vamos utilizando. Pero el espíritu sigue fiel a lo que nos planteó Juan Carlos Rubio.
Hablaba de Javier Godino y su papel es muy complicado porque tiene que practicar la escucha…
Sí, Javier es estupendo porque el propone cosas todo el rato. Yo estoy muy contento con mi relación con los jóvenes. Como siempre, hay alguno que es tonto del culo, pero veo una cantidad de talento maravilloso.
Precisamente, usted ha sido muy reivindicado por los directores jóvenes…
Sí, me cabreo mucho con ellos y ellos se cabrean conmigo. Pero al final, estamos encantados de habernos conocido y nos entendemos muy bien. Con los actores jóvenes no me gusta ser de de esos que se pasan el día contando batallitas y anécdotas de los viejos tiempos… Yo creo que cualquier tiempo pasado fue anterior, no mejor.
¿Nunca le entra la nostalgia?
¡Qué va! No tengo ninguna nostalgia. Lo único que echo de menos es que era más joven y tenía la vida por delante. Pero aquella cosa siniestra de las dos funciones diarias y el suplicado por la noche era un calvario. Yo doy gracias al cine por haberme rescatado de aquella servidumbre. Me pongo de rodillas ante doña Nuria Espert, porque es un orgullo dedicarse a la mismo que ella, o ante Julia Gutierrez Caba que, cuando entré de meritorio en el Infanta Isabel, ya era primera actriz. Ellas han hecho la mayor parte de su carrera en el teatro pero, si yo hubiera tenido que ganarme la vida sólo en el escenario, si te digo la verdad, lo hubiera llevado fatal. Ahora que vuelvo al Bellas Artes me acuerdo de que aquí hice Las guerras de nuestros antepasados, de mi querídisimo MIguel Delibes. Estuvimos septiembre, octubre, noviembre, diciembre, enero, febrero, marzo, abril, mayo y junio, hacíamos doble función los viernes, sábados y domingos. El viernes por la tarde empezaba a pensar que me quedaba otra función por la noche y cuatro más el fin de semana y me ponía negro. Tener que volver a hacer exactamente lo mismo, con la misma intensidad, en el mismo sitio… Bufff De verdad, que yo vi el cielo abierto cuando el cine me llamó a sus filas.
Por ‘Muñeca de Porcelana’ le nominaron al premio Valle-Inclán pero no fue a la cena para recogerlo, ¿a su edad ya no importan tanto los premios?
Mira, he estado dos veces nominado al Valle-Inclán. La primera llamé a Ansón para decirle que podía ir porque a mi ex novia, mi querísidima Mónica Randall, le daban el Sant Jordi de Honor y ella quería que yo se lo diera. A esa cita no podía faltar, porque fuimos novios brevemente pero fue muy intenso y bonito. Y la segunda vez, me pilló trabajando. Pero yo estoy encantado de ir a los saraos estos y, si te dan el monigote, mejor que mejor
Con esta función llenó la nave grande de el Matadero, ¿qué le parece el cambio de rumbo de estas salas, ahora, enfocadas a la vanguardia?
Es un asunto delicado. Nadie es contrario a las innoavaciones, pero haber conseguido llevar a la gente al teatro a Legazpi era como para que hubieran podido convivir unas experiencias con otras. Creo que ha sido un error garrafal dar un portazo a las actividades más teatrales. Luego, además, me toca los cojones el tufo de progresismo que tiene esto. Eso de decir que Chèjov ahora es reaccionario o antiguo. No nos pongamos estupendos con estas cosas, o lo de las portavozas, porque hacemos el indio muy tontamente. A mí lo de que le quitaran el nombre de Max Aub ya me pareció toda una declaración de intenciones. A parti de ahí, esta nueva izquierda que se ande con ojo porque es el papanatismo llevado a unas consecuencias lamentables.
Pese a todo esto, ¿mantiene la curiosidad por los nuevos lenguajes de la escena?
Yo la curiosidad no la pierdo, lo que no tengo es tiempo. He visto cosas aquí, también en Buenos Aires o Londres, que me han parecido interesantes pero, oye, a quién le importa lo que yo opine.
Cuando hacía ‘Muñeca de porcelana’ en Matadero, fueron a verle los Reyes.
Efectivamente, y mira, ahora que ha dicho Ada Colau lo del servilismo, te digo que no hubo ninguna genuflexión. Me dijeron: “Están aquí los reyes y te quieren saludar”. Así que les dije que pasaran. Hablamos de lo que les parece Mamet, de teatro y de cultura. Y, oye, ya me hubiera gustado tener una conversación parecida con la señora Colau.
Estos días, su buena amiga Concha Velasco amagó con la retirada, ¿a usted le tienta la idea?
Mira, yo iba camino de Logroño en el coche cuando oí la noticia y les dije a mis amigos: “No hagáis caso, que ésta no se retira”. Concha no puede retirarse hasta que no volvamos a trabajar juntos. Ni ella puede dejarlo, ni yo tampoco.
¿Tiene en mente alguna función para ese reecuentro?
Yo tenía una idea sobre los personajes de Yo me bajo en la próxima, ¿y usted? Me gustaría saber qué ha sido ellos. Estaría bien saber qué pasó cuando se bajaron del vagón.

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